Contra su silver economy, por nuestra reciprocidad intergeneracional

silver

Nuestra economía, capitalista, se despreocupa de las necesidades de las personas y de la sostenibilidad de la vida y rinde culto a la demanda solvente y al valor de mercado. En ese contexto, hablar de silver economy o economía plateada supone, normalmente, fijarse en el segmento de aquellas personas mayores, que, por la cuantía de sus pensiones o prestaciones y por el patrimonio acumulado a lo largo de su vida, tienen una capacidad de compra interesante para la economía realmente existente.

Las empresas que se orientan a ese segmento poblacional y a su demanda directa (en forma de consumo de estas personas) o indirecta (a través del gasto público, por ejemplo sanitario o de servicios sociales, que sea inducido por las personas mayores) van a intentar extraer la mayor cantidad de sus rentas, potenciando, obviamente, el consumo de bienes y servicios que dichas empresas puedan producir. Al hacerlo, muy posiblemente, exacerbarán las diferencias y distancias entre este colectivo humano y otros y contribuirán a que las personas mayores se perciban como un grupo con intereses distintos a los de otros.

Robert Kennedy dijo en 1968 que el producto interior bruto mide todo, salvo lo que hace que la vida merezca la pena. Y, seguramente, la conciencia acerca de la verdad que se esconde en esta frase no hace sino crecer conforme nos hacemos mayores. Sin embargo, la economía plateada pretende, seguramente, convencernos de que, cuando nos hacemos mayores, los que nos harán felices son, justamente, sus productos y servicios, contabilizados al calcular el PIB.

Quizá, desde nuestras instituciones políticas, en lugar de jugar a aprendices de brujo en una economía de mercado de la que muy poca experiencia tienen la mayor parte de las personas con responsabilidades políticas en nuestro entorno, harían mejor en ajustar la provisión de sus propios servicios públicos, especialmente los servicios sociales, a la prevención de la dependencia funcional, del maltrato familiar, del aislamiento relacional o de la soledad no deseada y a la promoción del empoderamiento de todas las personas en todos los momentos de su ciclo vital, en el seno de relaciones primarias intergeneracionales.

Seguramente, pocas experiencias pueden aportar más felicidad, bienestar y sentido a muchas personas mayores que las relaciones intergeneracionales significativas, familiares o, en general, comunitarias, en las cuales puedan entregar su legado de sabiduría y compromiso, que les sobra, y recibir el regalo de la frescura y la vitalidad que ellas van perdiendo (que nosotras vamos perdiendo). Necesitamos compromiso político y solidaridad ciudadana para fomentar, mantener o reconstruir esos lazos intergeneracionales que nos configuran como sociedad digna y con futuro, como humanidad en la que vamos dándonos la mano, generación tras generación.

Si logramos que la economía plateada se ponga al servicio de esas metas éticas, políticas y sociales, bienvenida sea. Pero si busca y consigue hacer más grande la zanja social, económica y política entre las personas mayores y el resto o entre las personas mayores solventes y las que no lo son, seguramente, nos sobra y nos estorba. Nos hace más mal que bien.


  1. Fernando. Tu mensaje es muy claro, no podemos poner la economia como tractor de la sociedad,que llamamos humana. Pero lo humano está en lo cercano como bien dices.La economia se basa en lograr excedentes a traves de lo repetitivo y con grandes escalas. La revolución de la comunicación de hoy y la industrial de ayer han seguido este camino de lo grande.¿La silver economy será lo mismo?
    Las politcas de lo pequeño y cercano requieren otros modelos de poder, representación e influencia , lo que tu llamas comunidad, que en el mundo mal llamado desarrollado no existen. De empezar hay que hacerlo por pequeños territorios. Muchas gracias por estos necesarios lavados de cara

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