Intervención comunitaria, consultoría de acompañamiento y compromiso político

Sanfran 7

En el ámbito de los servicios sociales, como en cualquier otro sector de actividad profesionalizado y complejo, emergen personas y organizaciones dedicadas a la consultoría, entendida, en general, como apoyo temporal para el funcionamiento y estructuración de intervenciones, organizaciones o políticas; labor con un posicionamiento peculiar en las dinámicas y redes de práctica y conocimiento, diferenciado de (y complementario con) el de los agentes responsables de dichas intervenciones, organizaciones o políticas y el de los centros académicos, de estudios o de investigación.

Consultoras y consultores sociales con imbricación comunitaria parecerían compartir algunos rasgos o aspiraciones, posiblemente, en su manera de vivir el acompañamiento a equipos y de comprometerse con misiones sociales. Nos gustaría, ciertamente, creer que las horas de roce y rozamiento militante y paciente en y con las vulnerabilidades comunitarias han forjado un estilo de apoyo a (o en) las organizaciones respetuoso con sus ritmos y proyectos, a la vez que capaz de captar la vibración que sugeriría el surgimiento de una oportunidad para el cambio, el giro o el impulso significativo. Nos agradaría, también, sentir que acertamos (alguna vez al menos) con la medida del necesario distanciamiento frente a nuestras interlocutoras y el éticamente insoslayable compromiso con sus causas: deseamos vernos y ser vistas (también cuando hacemos de consultoras) como agentes políticas, que añaden valor en procesos colectivos de transformación social inclusiva.

¿Qué mochila de saberes y herramientas útiles conservará consigo la ingeniera de telecomunicaciones, el agricultor ecológico o la cirujana cardiovascular que den el salto a la consultoría? Seguro que no es pequeña. Las personas dedicadas a la intervención social que nos reinventamos, con la marca que sea, como consultoras, cuando miramos nuestra mochila, podemos, seguramente, identificar una mezcla de viejos y queridos saberes propios de nuestro ámbito sectorial con herramientas comunes y compartidas con otras profesionales de la consultoría de ramas de actividad distintas o transversales entre éstas. Hoy y aquí, algunas personas y organizaciones, desde nuestro compromiso con los servicios sociales, nos sentimos parte de un fraternal archipiélago que late en claves de procomún colaborativo, economía solidaria o innovación comunitaria.

Sea como fuere, nuestra actividad de consultoría social, como todas seguramente, requiere momentos de replegarnos, cuidarnos, contrastarnos, nutrirnos, formarnos, identificarnos. A la vez, sólo cobra sentido como subsistema de un sistema mucho más amplio, que nos reta, nos renueva y nos orienta. Y, en última instancia, lejos de ser un cobijo seguro, es más bien una forma de modesta búsqueda, desde la común fragilidad, en estos tiempos apasionantes y vertiginosos que nos ha tocado en suerte vivir.

(En agradecimiento a Marta Ballester, Clàudia Manyá, Elena Masanas y Guiomar Vargas, por su invitación a una primera conversación compartida, en la que se inspira esta entrada. La fotografía corresponde a una actividad comunitaria en el barrio de San Francisco, en Bilbao.)

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