Procomún colaborativo, creación de valor y territorios sostenibles

Pallars Jussà

El modo hegemónico de creación de valor en nuestro mundo es el mercantil y monetizado. En palabras de Antonio Machado: el que confunde valor y precio. Por ello, frecuentemente, desde la vida comunitaria, desde las políticas públicas y desde las organizaciones solidarias cometemos el error de despreciar las fórmulas propias de creación de valor de dichas esferas para incurrir en estrategias que conducen a la mercantilización de bienes relacionales, públicos o comunes.

Dicha dinámica está produciendo una creciente insostenibilidad de la vida, dado que, como es sabido, las lógicas de mercado, que tan beneficiosas y eficientes resultan para determinado tipo de recursos y procesos, no son sensibles al enorme valor de muchos bienes que producimos o necesitamos las personas, como, por ejemplo, aquellos a los que es (venturosamente) difícil restringir el acceso, los que no son de consumo directo para las personas, los que necesitan personas con limitada capacidad de compra (como las niñas y niños) o los que necesitarán de forma más directa o indirecta futuras generaciones de personas que todavía no han nacido.

En un mundo altamente urbanizado, esto se percibe de forma especial en los territorios de menor densidad de población, en los que la menor masa crítica de demanda agregada hace menos rentable hacer llegar numerosos productos y servicios. Ello facilita que se conviertan en territorios (y comunidades) explotadas y perdedoras, como también lo son, por cierto, determinadas zonas urbanas densamente pobladas, segregadas espacial y socialmente, que son esquivadas o soslayadas por flujos y procesos valiosos que, sin embargo, conectan y enriquecen a lugares bien próximos a ellas.

Por ello, posiblemente, un reto relevante de las políticas públicas e iniciativas colaborativas es el de la generación de ecosistemas (micro, meso o macro) en los que se construyan y multipliquen procesos alternativos de generación de valor, en los que la acción combinada y sinérgica de políticas públicas inteligentes e innovadoras e iniciativas solidarias de base comunitaria consiga dominar y subordinar las dinámicas mercantiles y la circulación de dinero al interés general y a la sostenibilidad social.

Ello supone, por ejemplo, superar el culto a la piedra (a la infraestructura física inaugurable) que preside muchas políticas públicas para potenciar su función relacional apoyada en la ciudadanía digital. Supone, por ejemplo, superar fórmulas inerciales y clientelares de financiación de proyectos para sustituirlas por fondos estratégicos e inteligentes de financiación de innovaciones transformadoras. Supone, por ejemplo, pedir a cada política pública e iniciativa social una mayor capacidad de contribuir a diferentes dimensiones (laboral, relacional, económica, ecológica y otras) del desarrollo territorial y social.

Esto es posible, está pasando, lo estamos contando.

(Entrada elaborada a partir de las conversaciones mantenidas en una jornada de trabajo organizada por el Ateneu Cooperatiu de l’Alt Pirineu i Aran en Tremp y en un encuentro del Dixit de Girona. En la foto, un lugar cercano a Tremp.)

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