Por una industria (4.0) de los servicios sociales

Industria

Las ciencias de la gestión estudian el fenómeno de difuminación de las fronteras que distinguían los sectores de actividad industrial de los sectores económicos de servicios. Así, por una parte, empresas industriales han ido incorporando actividades de prestación de servicios, como comprobamos, por ejemplo, cuando compramos una impresora (producto industrial) y se nos ofrece el servicio de traernos a casa, incluso antes de que advirtamos su necesidad, los cartuchos de tinta.

En sentido contrario, nos encontramos con organizaciones prestadoras de servicios en las que se industrializan determinados procesos, es decir, en las que actividades relacionales realizadas por personas (incluso de contacto con usuarias) son reemplazadas por productos fabricados que utilizamos. Así, por ejemplo, frecuentemente, más que solicitar y recibir los servicios de una agencia de viajes, utilizamos aparatos informáticos y plataformas digitales para organizar y hacer posibles nuestros desplazamientos.

El reto que tienen ante sí nuestros servicios sociales en el contexto del incremento de la diversidad funcional y de otros tipos de diversidad en la población y de la disminución y cambio de la capacidad familiar y comunitaria para brindar cuidados y apoyos primarios es de tal envergadura que parece imposible hacerle frente sin una mucha mayor industrialización de la intervención social, fundamentalmente gracias a las tecnologías digitales de captación, procesamiento y transmisión de datos y de complementación (robótica o no) de otras funciones humanas utilizadas en actividades de la vida diaria.

Parece difícil construir una oferta de cuidados y apoyos que logre hacer posibles y sostenibles nuestras vidas autónomas, diversas e interactivas en la convivencia comunitaria si no somos capaces de entreverar dinámicamente actividades profesionales de alto contenido relacional con procesos automatizados de control de situaciones y respuesta a necesidades. Superando unos servicios sociales tendentes a dosificarnos el sucedáneo del dinero o a terminar llevándonos a centros residenciales, diurnos o de otro formato, se trata de potenciar su capacidad de prevenir, revertir y compensar el deterioro de nuestra autonomía funcional y red primaria mediante apoyos tecnológicos o profesionales en los itinerarios cotidianos en el domicilio, el vecindario, la calle o el territorio.

Ahora necesitamos más maquetas, ensayos, experimentos o pilotos que nos ayuden a identificar y evaluar mejor las capacidades individuales para las decisiones y actividades de la vida diaria y las potencialidades efectivas de las relaciones familiares y los activos comunitarios, de modo que sean perfeccionables y escalables los diseños de entramados de productos tecnológicos y servicios profesionales que vayamos necesitando las diversas personas en nuestras situaciones y transiciones vitales, para cuya facilitación se debe estructurar la industria de los servicios sociales, con un abordaje preventivo de la limitación funcional, un empoderamiento de las personas, una humanización de las comunidades y una densificación de las relaciones primarias y solidarias.

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