El reto estratégico de nuestros servicios sociales

Manifestaos 2

Al ubicarse de forma cada vez más clara las diferentes políticas públicas en (y en referencia a) sectores de actividad económica (seguridad, salud, agricultura, finanzas, vivienda, energía, educación, cultura u otros), los sistemas u organismos públicos de cada uno de esos sectores se ven obligados a fortalecer su capacidad competitiva para crear valor (público) relacionándose de formas cada vez más diversas y complejas con el resto de agentes operantes en cada sector. Por otra parte, existe abundante evidencia acerca de la fuerza de la “dependencia de la senda” (path dependence) en el ámbito de las políticas sociales sectoriales, por diferentes razones, como su funcionamiento como estabilizadoras automáticas, el apoyo por parte de sectores de la población afectados en necesidades sensibles o su grado de institucionalización. Ello favorece a los sistemas y agentes más consolidados y mejor posicionados, dificultando la innovación y adaptación de las políticas sociales a los cambios sociales que ellas mismas han contribuido a desencadenar.

Cambios no menores, dado que en el contexto de la crisis de los cuidados y los vínculos de las últimas décadas (relacionada con el incremento de la longevidad y el cambio familiar y comunitario), el modelo de bienestar tradicional (más cuanto más patriarcal, monetizado y burocratizado) entra en una crisis sistémica, debida también a la expansión universalizante y compleja individualización de las expectativas, demandas y conciencia de derechos frente al Estado por parte de la ciudadanía. Todo ello en un entorno de digitalización y reconfiguración radical de las relaciones financieras, económicas y laborales a escala global y de fragmentación y reconstitución de los sujetos sociales que, de diferentes maneras, son base de las mayorías electorales que dan soporte (o no) a las políticas públicas. En un marco en el que el contrato social clásico entre clase trabajadora y élites económicas debe reformularse también como contrato entre generaciones, entre mujeres y hombres, entre comunidades culturales o, incluso, entre humanidad y entorno ecológico, nido de futuras generaciones.

En esa situación paradójica de crisis de desarrollo de las políticas sociales, se impone rediseñar el “perímetro” y desarrollar el contenido operativo (universal, preventivo, personalizado, tecnológico y comunitario) del sector de los servicios sociales, que debe abandonar el nicho residual que ocupaba como asistencia social y apostar por un objeto propio, resultando precisas nuevas formas de diferenciación e integración intrasectorial (vertical: entre plataformas y servicios que no obliguen a la persona a salir de su entorno domiciliario y territorial y los que, excepcional y puntualmente, lo requieran) e intersectorial (horizontal) con el resto de ramas sectoriales (como salud, vivienda y otras).

Se sostiene que la que se denomina interacción es un estado o situación deseable y valiosa, dinámica y cambiante, importante y compleja, como lo son los estados o situaciones de salud, aprendizaje, empleo, alojamiento y subsistencia (objeto de las otras ramas de la política social). Prevenir el deterioro de tal situación o estado deseable de (relativa) autonomía funcional y autodeterminación para la vida diaria e integración relacional (familiar y comunitaria), ayudar a las personas a alcanzarlo y paliar las consecuencias de su pérdida total o parcial sería, según esta propuesta, la responsabilidad de los servicios sociales.

El reto es considerable y requiere, como condición necesaria aunque no suficiente, de una más orientada investigación básica y aplicada, desde diversas áreas de conocimiento, que permita mejorar el instrumental de evaluación de los fenómenos y cambios de los que se ocuparían los servicios sociales, así como de experiencias piloto (prototipos) que vayan construyendo formatos e itinerarios de atención más comunitarios y calibrando su utilidad, viabilidad, legitimidad, transferibilidad, escalabilidad y sostenibilidad, permitiendo a las entidades del tercer sector vinculadas a colectivos poblacionales (con alto riesgo de quedarse enquistadas en una atención secundaria crecientemente asistencialista, estigmatizada, precaria y privatizada) implicarse, impulsadas por el sector público, en la construcción de conocimiento y tecnología útil para todas las personas en la comunidad.

(Fragmento adaptado de un artículo de próxima publicación en la Revista Española del Tercer Sector, para sesiones de trabajo organizadas por el Gobierno de Cantabria. En la foto, integrantes del grupo Manifestaos por los Servicios Sociales.)

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