¿Pagar más pensiones, asegurar los cuidados o universalizar los servicios sociales?

Asno

Posiblemente nuestros Estados (o cuasi Estados, en el caso de entidades subestatales de amplias competencias), caracterizados como sociales o de bienestar (entendiendo aquí por tales aquellos que dedican cerca de, o más, de la mitad del presupuesto de sus gobiernos al gasto social) han llegado a un momento en el que, como el asno de Buridán, se ven sometidos a expectativas, reclamos o demandas que, al menos en cierta medida, pueden resultar contradictorias entre sí:

  • Ser un Estado empresario de servicios universales, es decir, ofrecer servicios masivos (como el sanitario o el educativo), tendencialmente gratuitos (fundamentalmente financiados por impuestos) y con personal propio (creando cantidades significativas de empleo público con buenas remuneraciones y condiciones laborales).
  • Ser un Estado asegurador y optimizador de recursos financieros entregables a las personas aportantes en determinadas contingencias (como jubilación, desempleo o discapacidad) en función de la cotización (mérito) de la persona; recursos suficientes, en todo caso, para la subsistencia, con independencia de la evolución de los mercados financieros (globalizados).
  • Ser un Estado inteligente y estratégico, capaz de anticipar y abordar los cambiantes riesgos y oportunidades que se presentan en nuestras sociedades, debiendo competir, para ello, con otros agentes (singularmente las grandes empresas globales) por los recursos humanos y tecnológicos necesarios para construir esa inteligencia estratégica.

Recordando aquella vieja ley de la dialéctica hegeliana, cabe preguntarse si nos encontramos en un debate sobre cantidades de recursos (cantidad total de recursos que se pone en manos del Estado o cantidades relativas de recursos dedicadas a esas diferentes funciones) o si se trata ya un debate sobre la cualidad y la naturaleza del Estado, si se está alumbrando algún tipo de cambio cualitativo por crisis sistémica del tipo de Estado social o de bienestar que conocemos.

En este marco, por ejemplo, cabe preguntarse de cuál de los siguientes modos se abordan de forma más pertinente y eficiente las necesidades actuales y futuras de las personas pensionistas actuales y futuras, y singularmente la que está llamada a crecer más y de manera más amenazante, que es la de cuidados:

  • Incrementando (más o menos) homogéneamente las actuales pensiones, de modo que las personas estén en mejores condiciones para, con sus ingresos y ahorros, pagar por cuidados.
  • Asegurando colectivamente la contingencia de necesitar cuidados, de modo que las personas reciban dinero para pagar cuidados en la medida en que los necesiten efectivamente.
  • Desarrollando los servicios sociales públicos como universales, de modo que dejen de ser un último recurso para cuando nuestras capacidades, redes y recursos están prácticamente agotados y se transformen en proveedores universales de cuidados profesionales.

Estos (y otros) cursos de acción están siendo propuestos y aplicados en cierta medida e incluso pueden ser vistos, de cara al futuro, como relativamente compatibles entre sí. Sin embargo, han de ser pensados, debatidos y comparados pues, al menos en determinados momentos, los diferentes agentes nos vemos abocados a decisiones que apuntan en una u otra dirección, que revelan unas u otras preferencias, que tienen unas u otras ganadoras o perdedoras. Y, en todo caso, recordemos lo que le pasó al asno de Buridán.


  1. Brutal, brutal, brutal, Sr. Fantova. Un camino alumbrado por puntos de luz/conocimiento que te llevan directamente al futuro. Al estado del bienestar 3.0. Gracias!

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