Autonomía, vulnerabilidad, amor y decisión

Fractales

Protágoras considera al individuo humano “la medida de todas las cosas” y esa persona individual, dotada de autonomía funcional y moral, es la portadora de los derechos humanos, declarados por las Naciones Unidas en 1948. Sin embargo, paradójicamente, según Pablo del Río, “lo que caracteriza a todos los seres humanos es su general capacidad para hacer cosas e interiorizarlas con el apoyo externo y social y su incapacidad para desarrollarse aislados como seres humanos. Y esta discapacidad individual general, esta necesidad de ser ayudados y suplementados como medio para llegar a ser autónomos y capaces, es lo que justamente caracteriza el hecho humano” (Del Rio, 1992: 138).

Vale la pena una larga y densa cita de Humberto Maturana y Francisco Varela para recordar que “lo que la biología nos está mostrando (…) es que la unicidad de lo humano, su patrimonio exclusivo, está en esto, en su darse un acoplamiento estructural social donde el lenguaje tiene un doble rol: por un lado, el de generar las regularidades propias del acoplamiento estructural social humano, que incluye entre otros el fenómeno de las identidades personales de cada uno; y, por otro lado, el de construir la dinámica recursiva del acoplamiento estructural social que produce la reflexividad que da lugar al acto de mirar con una perspectiva más abarcadora, al acto de salirse de lo que hasta ese momento era invisible o inamovible, permitiendo ver que como humanos sólo tenemos el mundo que creamos con otros. A ese acto de ampliar nuestro dominio congnoscitivo reflexivo, que siempre implica experiencia novedosa, podemos llegar, ya porque razonamos hacia ello, o bien, y más directamente, porque alguna circunstancia nos lleva a mirar al otro como un igual, en un acto que habitualmente llamamos de amor. Pero, más aún, esto mismo nos permite darnos cuenta de que el amor, o si no queremos usar una palabra tan fuerte, la aceptación del otro junto a uno en la convivencia, es el fundamento biológico del fenómeno social: sin amor, sin aceptación del otro junto a uno, no hay socialización, y sin socialización no hay humanidad” (Maturana y Varela, 1996: 209).

Entonces, nos podemos preguntar, intelectual y vitalmente: ¿qué es antes? ¿qué es más? ¿el individuo autónomo o la comunidad relacional? Fritjof Capra señala que “la constatación de que los sistemas son totalidades integradas que no pueden ser comprendidas desde el análisis fue aún más chocante en física que en biología. Desde Newton, los físicos habían pensado que todos los fenómenos físicos podían ser reducidos a las propiedades de sólidas y concretas partículas materiales. En los años veinte, no obstante, la teoría cuántica les forzó a aceptar el hecho de que los objetos materiales sólidos de la física se disuelven al nivel subatómico en pautas de probabilidades en forma de ondas. Estas pautas o patrones, además, no representan probabilidades de cosas, sino más bien de interconexiones” (Capra, 2002:  49-50). Niklas Luhmann dirá que “la sociedad no está compuesta de seres humanos sino de comunicaciones” (Luhmann, 1997: 27).

¿Construir autonomía? ¿Confiarse en el amor? ¿Afirmarnos individuos? ¿Sabernos red? Quizá esa sea la decisión en cada momento, en todos los momentos, en la medida en que podamos decidir o codecidir. Quedémonos una vez más con el fragmento de Erasmo de Rotterdam conocido gracias a Demetrio Casado: “Sólo creó desnudo al hombre, débil, tierno, desarmado, de carne blandísima y cutis delicado (…); sólo el hombre nace en un estado que por mucho tiempo le obliga a depender totalmente de ayuda ajena. No sabe ni hablar, ni andar, ni buscarse la comida, sólo implorar asistencia berreando, para que de ahí podamos deducir que se trata del único animal nacido exclusivamente para la amistad, que principalmente madura y se refuerza con la ayuda mutua. Por eso la naturaleza ha querido que el hombre reciba el don de la vida no tanto por sí mismo como para orientarlo hacia el amor, para que entienda bien que está destinado a la gratitud y la amistad. Es así que no le dio un aspecto feo u horrible como a otros sino dulce, pacífico, marcado por el sello del amor y la ternura. Le dio una mirada afectuosa que refleja los movimientos del alma. Le dio brazos capaces de abrazar. Le dio el sentido del beso para que las almas puedan unirse al mismo tiempo que se unen los cuerpos. Sólo a él le acordó la risa, signo de la alegría. Sólo a él le acordó las lágrimas, símbolo de clemencia y de misericordia” (Erasmo de Rótterdam, 2000: 171).

CAPRA, Fritjof. (2002): La trama de la vida. Barcelona, Anagrama.

DEL RÍO, Pablo (1992). “La discapacidad, único camino hacia el hecho humano” en CASADO, Demetrio (edición): Discapacidad e información, Madrid, Real Patronato de Prevención y de Atención a Personas con Minusvalía, páginas 125-147.

ERASMO DE RÓTTERDAM (2000): Adagios del poder y de la guerra y Teoría del adagio. Valencia, Pretextos.

LUHMANN, Niklas (1997): Sociedad y sistema: la ambición de la teoría. Barcelona, Paidós.

MATURANA, Humberto y VARELA, Francisco (1996): El árbol del conocimiento. Las bases biológicas del conocimiento humano. Madrid, Debate.

(Sobre estas cuestiones hablaremos el martes en una conferencia organizada por la Diputación de Lleida.)


  1. ´´´´´´Y entonces ,nos fueron dadas…manos para saludar,acariciar,consolar,sanar la rodilla raspada del niño en el recreo,o palmear la espalda del adolescente con discapacidad que logró su primer pedaleo en bicicleta…..,voz para seguir agradeciendo tantos testimonios de vidas dedicadas a iluminarnos con su palabra……y en el hacer del otro…recordamos a Maturana….vamos encontrando respuestas que nos generan más preguntas..Gracias Fernando Fantova….por tu dedicación y luz….!!!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

CAPTCHA image
*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

WP-SpamFree by Pole Position Marketing