Una mirada técnica y una mirada ética sobre nuestros servicios sociales

Rubial Vitoria

Desde una mirada técnica, Sara Buesa reconoce las importantes aportaciones y avances que representa la Ley vasca de servicios sociales y el notable esfuerzo que se está realizando en el día a día de éste que deseamos como cuarto pilar del sistema de bienestar para, dando respuesta a una creciente complejidad social (respuesta que debe ser más compartida por los otros pilares), dejar atrás el asistencialismo residual y avanzar en las claves de universalidad, calidad, continuidad, personalización y enfoque comunitario que marca nuestra normativa y planificación.

Sara Buesa identifica siete ejes de futuro para los servicios sociales: dar más peso a su dimensión relacional, enfocar las intervenciones a las competencias y capacidades de las personas, actuar éticamente, orientarnos a un modelo de atención centrada en la persona, apostar por la prevención y la promoción, poner el foco en la construcción de comunidad y trabajar en clave de innovación.

Desde una mirada ética, Marije Goikoetxea nos recuerda que la autoinsuficiencia, vulnerabilidad e interdependencia de todos los seres humanos, en su enorme diversidad de características personales y códigos morales, impone a la sociedad (a la polis), a cada uno de sus miembros y, específicamente, a la intervención social, tanto un deber ético de justicia (iguales derechos e inclusión universal en el seno de la comunidad sostenible) como un compromiso con la felicidad de cada persona, de modo que la igualdad de trato no se convierta, como tantas veces sucede, en maltrato para algunas personas.

Marije Goikoetxea identifica también siete transformaciones necesarias para nuestros servicios sociales: más prevención de la dependencia y promoción de la autonomía, evitar la segregación y fomentar la integración en la comunidad, integrar el respeto a la dignidad de las personas con las prácticas basadas en la evidencia, superar la actual organización de la atención para generar más calidad de vida, modificar prácticas y procedimientos que constituyen formas de maltrato, abordar urgentemente algunas interfaces entre ámbitos sectoriales especialmente problemáticas y educar a la ciudadanía en la compasión y el respeto.

Junto a estas dos miradas se abren muchas otras: la de la mujer inmigrante que cuida como interna y reclama oportunidades reales de formación y promoción profesional, la de personas en situación de exclusión o emergencia social (tras un desahucio o un  alta hospitalaria) que quedan fuera de los ámbitos de derecho subjetivo reconocidos, la del tercer sector que reclama reconocimiento y visibilidad para nuestros servicios sociales coproducidos, la de otros sistemas (como el de vivienda) que nos piden mayor fiabilidad y validez en las valoraciones realizadas en los servicios sociales para facilitar la interoperabilidad de la información y los itinerarios intersectoriales, la del estamento profesional que pide más margen para la prescripción facultativa (basada en el diagnóstico y evaluación) en servicios sociales o la de las personas que padecen la inequidad o desincentivos que se derivan de la territorialización o el copago establecidos en nuestros servicios sociales.

(Notas a partir del encuentro organizado el 22 de noviembre de 2017 por la Fundación Ramón Rubial. Clicando en su nombre se puede descargar la documentación aportada por sus ponentes, Sara Buesa y Marije Goikoetxea, con las intervenciones que realizaron.)

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