En la muerte de Víctor Urrutia

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Una comprensión mínimamente cabal del devenir de nuestra vida individual nos hace conscientes de hasta qué punto nuestras supuestas trayectorias y logros son posibles gracias a las trayectorias y logros de personas que nos abrieron caminos, a cuyos hombros nos encaramamos o con las que compartimos proyectos. Por eso hoy se debe hablar aquí de Víctor Urrutia Abaigar.

Porque Víctor Urrutia representa el ejemplo de la temprana incorporación laboral como miembro de la clase obrera de un joven que ha de buscarse la vida y que, sin embargo, es capaz de seguir cultivando, en tiempos mucho más difíciles que los actuales, su acción militante y su vocación intelectual, que nunca se interrumpieron.

Porque Víctor Urrutia, con Loli Asua, su compañera, representa una manera laica, gozosa y libre de vivir la pareja, la familia y la comunidad con una inspiración cristiana de puertas y ventanas abiertas, resistente a cualquier dogmatismo, rigorismo y autoritarismo.

Porque Víctor Urrutia representa un compromiso profesional y político tan atento a la igual dignidad y libertad de todas las personas como a la racionalidad y el rigor en la elección de fines y medios y en la organización colectiva.

Mas, principalmente, porque, por debajo y por encima de todo, Víctor Urrutia, de la mano de Loli Asua, representa la alegría y la naturalidad de una hospitalidad, acogida, acompañamiento y amistad regaladas y compartidas con desprendimiento, generosidad y lealtad.

Representa el placer del encuentro, el gusto de la conversación, el aliento de la comunión y el sentido profundo e indestructible de esta aventura humana de vida plena y común.

(Fotografía de El Correo.)


  1. Víctor Urrutia: Talante alegre, optimista y dialogante. Capacidad de trabajo y honestidad profesional. Visión crítica de la realidad sociopolítica y religiosa. Compromiso cristiano en el mundo y desde el mundo en favor de una sociedad más justa y solidaria Víctor encarnó el ideal de creyente que tanto necesita la Iglesia de hoy.

  2. Víctor Urrutia fue, es un gran hombre, consecuente con sus ideas, comprometido con la consecución de la justicia y la paz, coherente seguidor de Jesús de Nazareth y, por tanto, creyente “de andar por casa” y no de inciensos ni de tiaras…
    Goian bego, Víctor, gurekin egon!
    Te echaremos de menos… ¡ya te echamos!

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