Antes o después le llega el turno al relato

relato

La toma de decisiones (y su puesta en práctica) en el ámbito de las políticas públicas tiene la complejidad propia de los procesos que afectan de manera notable a la vida de muchas personas y en los que son numerosos y diversos los agentes que concurren, portador cada uno de ellos de sus intereses, de su lógica, de su legitimidad y de sus estrategias.

Ello hace que, paradójicamente, muchas personas que tienen la responsabilidad (y la posibilidad formal) de tomar decisiones políticas sientan una gran impotencia ante la innegable dificultad que reviste la alineación ente diversos “planetas” con sus respectivas “órbitas”, como pueden ser el legislativo, el de los partidos políticos, el administrativo, el del conocimiento, el profesional, el presupuestario, el de los empresas proveedoras, el de las personas afectadas y sus movimientos, el de la opinión pública y así sucesivamente.

Sin embargo, tan cierto como que hay momentos y períodos de bloqueo o atasco en los que resulta prácticamente imposible desencadenar cambios estratégicos es que, en determinadas circunstancias, frecuentemente imprevistas, se abren ventanas de oportunidad o, sencillamente, las amenazas obligan a tomar decisiones de calado, cueste lo que cueste.

En ese tipo de momentos, seguramente, no es suficiente contar con un relato, pero, ciertamente, es muy difícil salir con bien sin tenerlo. En ese tipo de momentos, quizá, aquel relato que haya ido cayendo como lluvia fina, aquel relato que haya ido ganando plausibilidad, aquel relato en el que se hayan ido sintiendo reflejados diversos agentes, aquel relato que haya ido filtrándose como un cierto sentido común tomará cuerpo, ordenará la acción, articulará a los actores y sabremos que ha llegado su momento.

Hace ya cinco años que Joaquín Santos, en su libro sobre el cuarto pilar, nos hablaba de la necesidad de tejer un nuevo relato para los servicios sociales. Para que éstos no sean, puede decirse, como el coronel que no tiene quien le escriba de la novela de Gabriel García Márquez. No vaya a resultar que la siguiente ventana de oportunidad nos pille sin discurso. O con narrativas fragmentarias que se hacen ruido mutuamente. O repitiendo mantras obsoletos. O contando historias que sólo funcionan puertas adentro de nuestro sector. O enunciando planteamientos de dudosa trazabilidad y conexión con los servicios sociales realmente existentes.

Sí, porque, antes o después le llega el turno al relato.

(Inspirado, además de en Joaquín Santos, en Georges Lakoff, Michael Ignatieff y Vivien Lowndes.)


  1. Curiosa diferencia entre “planetas” especialmente el del conocimiento y el profesional.
    ¿Debemos entender que hay separación, o ambos mantienen, o deberían mantener cierta homeostasis?
    En Navarra estamos en un interesante proceso de trabajar con instrumentos diagnósticos comunes que van ocupando, poco a poco, el planeta “legislativo” que obligará al profesional y que el del conocimiento debe trabajar y potenciar en las aulas desde los primeros años de carrera.
    Me apunto a la idea sobre la necesidad del relato plausible orientado al abordaje de problemas o dificultades con dirección a la búsqueda de alternativas, de soluciones, aunque no siempre puedan ser definitivas. Desarrollar la idea de “marca de los SS”, aun por definir y concretar, desde el conocimiento a lo profesional y/o viceversa, llegando a la influencia política, si cabe.
    Como siempre leer tus reflexiones resulta muy estimulante

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