Futuros imposibles para los servicios sociales

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El futuro de nuestros servicios sociales no está en absoluto garantizado ni mucho menos es necesariamente prometedor. Es perfectamente posible que, más pronto que tarde, entren claramente en una dinámica de pérdida de terreno frente a otros sectores de actividad, sistemas públicos de servicios o agentes; de fragmentación en partes cada vez más desvinculadas entre sí y de mutación y enquistamiento que los vaya haciendo cada vez menos reconocibles y útiles para la ciudadanía.

De ahí el valor estratégico que adquiere que más y más personas y grupos vayamos estando cada vez más de acuerdo en los caminos reales por los que podemos avanzar (y en aquellos por los que no avanzaremos) en el proceso de construcción de esos servicios sociales universales, garantizados como derecho por los poderes públicos, basados en el conocimiento, personalizados, de enfoque comunitario e integrados que propugnan de forma prácticamente unánime nuestras leyes y políticas públicas o nuestras comunidades científicas y técnicas.

Por ejemplo, parece claro que cada vez tenemos menos futuro en el trabajo de comprobación y asignación de medios económicos a las personas. Los rápidos avances en el proceso tendente a la desaparición del dinero en metálico y a la digitalización del control de los flujos financieros conducirían a la centralización de dichas funciones en menos órganos administrativos, a su informatización y automatización y, por descontado, a sacarlos de las manos de personal técnico de formación universitaria para la intervención social.

Tampoco parece tener recorrido la (también tradicional) labor de clasificar a personas en categorías (como tramos de edad, discapacidades, dependencias o exclusiones) y después alojarlas en establecimientos colectivos específicos en función de dichas categorías. No sólo no tiene recorrido por las críticas que recibe la segregación grupal y desvinculación comunitaria por parte de las personas eventualmente destinatarias o de la comunidad de conocimiento, sino también por el incremento del número, diversidad y complejidad de situaciones que requieren apoyo de los servicios sociales y el carácter cada vez más obsoleto y disfuncional de las mencionadas categorías clasificatorias.

El análisis compartido acerca de estos y otros futuros imposibles de los servicios sociales (como el del control social, el de la activación laboral, el de la última red de inclusión social u otros) representan un baño de agua fría de realismo que hemos de combinar con el ejercicio ilusionante de construir futuros posibles, inéditos viables, modelos realizables de aportación de valor a toda la ciudadanía, seguramente centrados en aspectos de autonomía funcional para la vida diaria, autodeterminación y autoorganización personal, relaciones familiares positivas y vínculos y activos comunitarios. Porque otros servicios sociales son posibles.

(Reflexiones en un encuentro formativo con profesionales de los servicios sociales de Cantabria, con la propuesta de algunas lecturas complementarias sobre servicios sociales, en este blog, a escoger.)

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