La colonización digital de los servicios sociales por parte de la sanidad

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Recientemente se ha anunciado la noticia de que se ha logrado que, en la práctica totalidad de los servicios sociales de carácter residencial para personas mayores del País Vasco previstos (unos 300), se tenga acceso a la historia clínica sanitaria de las personas que viven en ellos y al sistema de receta electrónica para fármacos u otros productos. Y se han destacado, con razón, los diversos beneficios que este logro acarrea en términos, por ejemplo, de calidad de atención, ahorro de costes o seguridad para las 20.000 personas usuarias de estos servicios.

Lo chocante, sin embargo, es que esos servicios sociales residenciales que están ya conectados digitalmente a la red sanitaria pública no lo están en el seno del sistema público de servicios sociales del que forman parte. Y que sus personas usuarias, cuya historia clínica sanitaria digital está disponible para profesionales de los servicios sociales, no tienen una historia digital del sistema público de servicios sociales en la que se reflejen las correspondientes prescripciones, intervenciones y evolución.

Nos encontraríamos, por tanto, si se permite la expresión, deliberadamente provocadora, en una suerte de colonización digital de una parte del sector de los servicios sociales por parte del sector sanitario, en un contexto de ausencia de desarrollo reglamentario y consiguiente implementación del Sistema Vasco de Información de Servicios Sociales digitalizado y con volcado permanente de datos (también individuales) que prevé el artículo 79 de nuestra Ley de Servicios Sociales de 2008 y de imposibilidad de realizar la interoperabilidad e interconexión informática a la que se refiere el artículo 4 del Decreto 353/2013, de Ficha Social del Sistema Vasco de Servicios Sociales y del instrumento de diagnóstico social del Sistema Vasco de Servicios Sociales.

No se trata, aquí, de hacer una crítica al sistema sanitario, sino de plantear una autocrítica de quienes somos corresponsables de un retraso en la transformación digital de nuestros servicios sociales, retraso que acaba por justificar, quizá como mal menor o medida provisional, que el sistema sanitario coloque sus terminales informáticas en algunos servicios sociales, probablemente por cansancio de esperar a que nuestro proceso de normalización de los sistemas de diagnóstico, intervención y seguimiento y de construcción de una gestión integrada e informatizada de nuestros datos haga posible la deseable interoperabilidad y el consiguiente acceso desde cada sistema a la información del otro.

En el mundo en el que vivimos, perder el tren de la digitalización, de la gestión basada en datos, de la incorporación inteligente a las redes informatizadas es condenarse a la vía muerta de la ineficiencia, de la irrelevancia y, finalmente, del ostracismo o la desaparición como sector, sistema, organizaciones o profesionales. Estamos hablando, posiblemente, de uno de los desafíos más importantes y urgentes que tienen ante sí nuestros servicios sociales.

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