El objeto de los servicios sociales

Valladolid

¿Cómo conceptualizamos la interacción cuando la proponemos como el objeto de los servicios sociales?

Para responder a esta pregunta, podemos seguir la pista de personas de carne y hueso en sus itinerarios. Pensemos en una que tiene un accidente y resulta gravemente herida. No cabe duda de que en ese momento su situación debe ser abordada cuanto antes por parte de los servicios sanitarios. Imaginemos que es tratada en un hospital, donde, además de las prestaciones típicamente sanitarias (como intervención quirúrgica, terapia farmacológica o cuidados de enfermería), disfrutará de otras que no lo son (como la alimentación, el alojamiento o el servicio doméstico). Además, empezará a cobrar una prestación económica para su subsistencia. Una vez dada de alta hospitalaria, esta persona seguirá recibiendo apoyos sanitarios (como, por ejemplo, actividades ambulatorias o domiciliarias de rehabilitación).

Pensemos en el caso de que esta persona presente, en ese momento, limitaciones funcionales, es decir, un menoscabo de su autonomía funcional. Ello puede afectarle, por ejemplo, en el ámbito laboral (quizá no pueda seguir realizando el mismo trabajo que antes), en el del alojamiento (quizá no pueda acceder como antes a su vivienda) o en el ámbito de su vida diaria y relaciones primarias (quizá se vea afectada la relación de convivencia que tenía con otras personas). Parece claro, por tanto, que la reparación de determinadas estructuras orgánicas y la recuperación de cierta autonomía funcional compete al sector sanitario, pero, a partir de un determinado punto, la persona se desenvuelve en diferentes entornos (laboral, residencial y relacional, según los tres ejemplos), de suerte que la integración o inclusión (laboral, residencial y relacional) puede verse como la otra cara de la autonomía funcional en cada uno de ellos (y equilibrarse e interactuar dinámicamente con ella).

Siguiendo con los tres ámbitos mencionados, los servicios de empleo serían los encargados de apoyar a la persona en su proceso de reincorporación al mercado laboral, eventualmente pasando por el sistema educativo para adquirir nuevas competencias profesionales; mientras que los servicios de vivienda debieran ayudarle a adaptar su domicilio o, en su caso, a acceder a uno nuevo. Los servicios sociales, según la propuesta que estamos presentando, le apoyarían en la potenciación de su autonomía funcional para la vida diaria (actual y futura) en acoplamiento (a, con o) en el entorno relacional familiar y comunitario.

Lógicamente, a esa parcela de necesidades y situaciones cuyo perímetro estamos dibujando se llega por otros itinerarios. Como el de la niña con buen estado de salud seguida por su pediatra y cuya tutora en la escuela tiene indicios de que no cuenta con un cuidado y ambiente familiar positivo. O el de la pareja que comienza a convivir y a organizar su vida en común. O el del hombre jubilado que acaba de enviudar y comienza a vivir solo. O el del joven haciendo vida en la calle del barrio en el que se detectan conflictos de convivencia entre personas de comunidades culturales diferentes. O el de la criatura de ocho meses que necesita más cuidados que los que sus familiares pueden proporcionarle. Y así sucesivamente.

La intervención social sería, entonces, la actividad que tiene como finalidad prevenir, corregir o paliar desajustes en lo relativo a la interacción de las personas, con sus dos caras o dimensiones: autonomía funcional e integración relacional. Una autonomía funcional para la vida diaria que comprendería desde el autocuidado o cuidado en la ejecución de las actividades básicas de la vida diaria hasta la utilización de las funciones cognitivas y emocionales para la toma de decisiones sobre la propia vida y su futuro (autodeterminación, autoorganización o autogobierno), pasando por habilidades sociales para las relaciones cotidianas. Y una integración relacional que se referiría tanto a los vínculos familiares como a otras redes comunitarias presenciales o virtuales, actuales o posibles (todas ellas relaciones primarias), fuente primordial de apoyo social.

(Fragmento adaptado de un artículo de próxima publicación en Zerbitzuan para las intervenciones en el Foro de Servicios Sociales previsto para el 20 de septiembre de 2017 en el Museo Herreriano de Valladolid.)


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