Personalización e integración de los servicios sociales

Polifonía

Nuestros servicios sociales son herederos y portadores de modelos de atención altamente burocratizados y tendentes a tratarnos como si fuéramos miembros de supuestos colectivos homogéneos de personas clasificadas y agrupadas en función de una única pretendida característica o situación que opera incluso, en ocasiones, como marca de identificación y estigmatización.

Por ello, diversos movimientos de humanización ética e innovación de la intervención social insisten, acertadamente, en su necesaria personalización, en la construcción de una atención centrada en la persona. Personalización que, al menos, se apoya en dos grandes pilares: el aumento del conocimiento y la capacidad diagnóstica acerca de las necesidades que corresponde abordar a los servicios sociales (acerca, por tanto, de la interacción de las personas) y los procesos de empoderamiento efectivo de quienes somos destinarias de la intervención social (todas las personas, en principio).

La capacidad de diagnóstico social y (correspondiente) prescripción profesional y la promoción de la autodeterminación de la persona en su vida familiar y comunitaria deben, por tanto, ser impulsadas de forma simultánea y alimentarse mutuamente en nuestros servicios sociales. Dentro de un programa de reformas que transforme en buena medida servicios actualmente existentes y que, sobre todo, alumbre nuevos formatos y sistemas de cuidados y apoyos cada vez más capaces de contribuir significativamente a la sostenibilidad y calidad de nuestras vidas en la comunidad.

Cabe esperar que, a lo largo de nuestro ciclo vital, podremos disfrutar en diversas ocasiones de esta atención personalizada por parte de los servicios sociales, del mismo modo que lo haremos en los servicios educativos, en los que responden a nuestras necesidades de alojamiento o en los financieros, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, en ocasiones, podemos encontrarnos en situaciones cuya complejidad requiera una atención integrada entre dos o más sectores de actividad (por ejemplo, entre servicios sociales y sanitarios).

Estas dinámicas de integración intersectorial (horizontal) deben complementarse con dinámicas de integración vertical al interior de cada uno de los sectores de actividad, en un proceso de construcción de una atención integral, entendida como la capacidad de ofrecernos a las personas respuestas tan completas y eficientes como la complejidad de nuestra situación requiera. Los modelos de gestión de caso, con colaboración de profesionales de diversos sectores de actividad, son, sin duda, una de las herramientas valiosas con las que contamos en este empeño.

(Sobre estas cuestiones hemos tratado la semana pasada en Vilanova i la Geltrú y Barcelona y volveremos esta semana sobre ellas en Barcelona y Madrid (jornada de la Fundación Pilares: más información aquí. Ilustración: “Polifonía”, Paul Klee, 1932.)

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