Especialización e integración en las organizaciones y en las políticas

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La organización de cualquier actividad está atravesada por una tensión entre dos dinámicas: la dinámica de especialización y la dinámica de integración. La dinámica de especialización permite repartir la actividad entre unidades organizativas o, finalmente, personas (más) capaces de realizar cada parte. La dinámica de integración permite la coordinación, colaboración o unificación entre esas partes en procesos y macroprocesos (un todo) con sentido.

La dinámica de especialización conduce, por ejemplo, al surgimiento, estructuración y reconocimiento de sectores de actividad y de eslabones de las cadenas de valor, dentro de cada sector de actividad y atravesando los sectores de actividad. Por eso, cuando queremos comer podemos, por poner tres ejemplos:

  • ir a un restaurante (realizando una actividad en el sector de la hostelería).
  • ir primero a un bar a tomar un aperitivo y luego al restaurante a almorzar (encadenando dos actividades en el sector de la hostelería) o,
  • comprar comida en un supermercado (del sector de la distribución), cocinarla en nuestra casa (alojamiento) y luego tomar el café en el bar (hostelería), formando una cadena de valor o un itinerario intersectorial de tres eslabones.

La dinámica de especialización, de configuración de sectores de actividad reconocibles y de fragmentación de las cadenas de valor (zapatero a tus zapatos) en eslabones (visibles o no para las personas destinatarias) es fundamental para la eficacia y eficiencia de las actividades y, también, para el posicionamiento de las proveedoras de bienes y servicios a los ojos de las personas destinatarias, que, según la necesidad que tengan en un momento dado, tomarán la decisión de dirigirse a proveedoras de un sector u otro.

A la vez las proveedoras tienen incentivos para la integración vertical (dentro de su sector de actividad) y horizontal (intersectorial) a la búsqueda de control, sinergias, escalas o posiciones competitivas interesantes. Hace treinta años Kodak disponía de un 90% de cuota del mercado mundial en el sector de la fotografía con presencia en diversos eslabones de la cadena de valor: acudíamos a Kodak (directa o indirectamente) para adquirir la máquina de fotos, para comprar el carrete, para revelar las fotos y para hacer copias que poder compartir. Hoy, la mayoría de las personas, para comprar el aparato con el que tomamos fotos y que nos permite visualizarlas y para poderlas compartir nos dirigimos, básicamente, a empresas de sector de las telecomunicaciones. Quizá por eso Kodak quebró al comienzo de este siglo. Vemos que a empresas como, por ejemplo, Movistar les han funcionado bien algunas estrategias de integración horizontal (y vertical).

La tecnología, entendida como la manera estandarizada y basada en el conocimiento (científico u otros) de realizar las actividades operativas propias de cada sector de actividad (o, en general, cada eslabón de las cadenas de valor), es un factor determinante en los procesos de especialización o integración organizativa. Quizá en los años noventa no era fácil saber si acabaríamos haciendo fotos con el teléfono o más bien hablando por la cámara de fotos. Aunque quizá tampoco sabemos hasta qué punto es primero el huevo o la gallina, es decir, en qué medida (o en qué orden) es el desarrollo tecnológico o las capacidades organizativas las que han permitido a empresas del sector de las telecomunicaciones hacerse con parte del antiguo mercado (sector) de la fotografía.

Pues bien, cuando decidimos transformar la (vieja) asistencia social residual en unos (nuevos) servicios sociales universales, debemos entender lo que esta ciaboga representa en términos de especialización sectorial y en términos de posicionamiento ante la ciudadanía y reconocimiento por parte de la población. A la vez, hemos de ser conscientes de las restricciones y alternativas que se nos presentan en términos de integración vertical (por ejemplo, entre atención primaria y secundaria) u horizontal (por ejemplo, con sanidad, educación, empleo, vivienda o garantía de ingresos).

(Comienzo, adaptado, de un texto propuesto como contenido para una conferencia prevista para el 25 de abril en Madrid (más información aquí) y enviado para su publicación en el blog Llei d’Engel. La ilustración está tomada de un libro de la OCDE que puede descargarse aquí.)

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