Los servicios sociales, crujiendo en la ciaboga

ciaboga

Las ciudadanas que acudimos como usuarias a los servicios sociales y las personas que trabajamos en su prestación o gobierno nos sentimos –en diferentes medidas, de diferentes maneras–­ desorientadas y sobrecargadas. En algunos casos, incluso, angustiadas y desbordadas. Se trata, sin duda, de situaciones y emociones que se viven también en otros servicios públicos y de proximidad, como los de empleo, seguridad, salud, vivienda, justicia o educación.

Por ello, la comunidad de conocimiento de los servicios sociales debe construirse en mayor medida en clave de mixtura de disciplinas, con mayor colaboración entre la universidad y la intervención, siendo necesarios los procesos de intervisión en los que nos cuidamos como profesionales, la investigación de las ciencias sociales capaz de generar evidencia y especialización y el desarrollo tecnológico que nos permita reinventar y hacer mucho más eficientes, valiosos y apreciados nuestros procesos de intervención social. Sólo así generaremos saberes que iluminen la situación en la que nos encontramos y nos ayuden a salir de ella.

Para eso, resulta indispensable el liderazgo político que, desde la visión de que nos encontramos ante el reto de un cambio sistémico del modelo de bienestar, haga la apuesta de una inversión social inteligente e innovadora para la reconfiguración y despliegue de un sistema público de servicios sociales integrado verticalmente (entre primaria y secundaria) y horizontalmente (con los sectores de sanidad, vivienda, educación, empleo y garantía de ingresos). Sabiendo que habrá de enfrentarse a poderosas inercias e intereses que anidan en nuestra arquitectura institucional y en la actual forma de articulación entre el sector público, el sector privado y el tercer sector.

Los servicios sociales estamos haciendo la ciaboga que viene impuesta, insoslayablemente, por los impresionantes cambios sociales en curso en las últimas y próximas décadas y por las nuevas demandas y expectativas que se nos presentan. Sabemos que el viejo asistencialismo residual, burocratizado, punitivo y estigmatizador (que vuelve a rebrotar en estos momentos de dificultad, alentado por tendencias sociales supremacistas, excluyentes y xenófobas) sólo debe tener sitio en el baúl de los recuerdos. Y nos conjuramos para recordarnos mutuamente que los crujidos de nuestro barco son, deben ser, dolores de parto para unos nuevos servicios sociales, que brinden cuidados y apoyos universales, comunitarios y diversos a personas en proceso de empoderamiento colaborativo, para la construcción de un nuevo contrato social.

(Reflexiones compartidas en la jornada de aniversario de los servicios sociales de base de Vitoria-Gasteiz el 31 de marzo de 2017.

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