Itinerarios y especialización en los servicios sociales

Itinerarios

Aunque el camino no está exento de retrocesos y contradicciones, nuestros servicios sociales van dibujando un diseño de futuro en el que se nos ofrezcan efectivamente a todas las personas en forma de cuidados y apoyos para nuestro desenvolvimiento y proyecto de vida autónomo en el seno de relaciones primarias familiares y comunitarias deseadas, empoderantes e inclusivas. Unos servicios sociales cada vez más basados en el conocimiento y, por ello, cada vez más capaces de trabajar intersectorialmente en red mediante una integración de tú a tú con otros servicios de proximidad (sanitarios, educativos, laborales, habitacionales u otros) en el territorio.

Estos servicios sociales de futuro no pueden sino brindar una intervención social centrada en la persona, es decir, un itinerario significativo en el que cada actividad o proceso en el que participamos quienes recibimos los servicios añade valor al anterior, en términos de resultados deseados de mejora de nuestra interacción (autonomía funcional e integración relacional) y, lógicamente, de sinergia de dicha interacción con los bienes de los que se ocupan otras ramas de la política social (como salud, conocimiento, empleo, alojamiento o subsistencia).

A lo largo de esos itinerarios, dentro (y fuera) de los servicios sociales, las personas que recibimos sus cuidados y apoyos profesionales vamos a beneficiarnos del conocimiento y la tecnología disponibles. Un conocimiento y una tecnología que se van construyendo en el seno de redes plurales e híbridas de investigación, desarrollo e innovación que, a su vez, van posibilitando diferentes vías de especialización, entendida ésta como ampliación o profundización del conocimiento acerca de los diversos aspectos, dimensiones, dinámicas, perfiles o instrumentos a considerar en la intervención social.

En una intervención social centrada en la persona, la prueba del algodón de la especialización efectiva en una subárea de conocimiento es su utilidad real en un determinado tramo de esos itinerarios de los que hablábamos. Vamos superando las pretendidas especializaciones en función de aquellas supuestas minorías que la vieja asistencia social tendía (y muchas veces todavía tiende) a estigmatizar y a segregar, fragmentando la atención de forma inadecuada e insostenible y lastrando los procesos de construcción del conocimiento al dividirlo en silos incomunicados entre sí. Y emergen nuevas especializaciones mediante procesos dinámicos que, lógicamente, no están exentos de debates e, incluso, conflictos.

Los procesos de especialización del conocimiento y la tecnología de intervención social interactúan dialécticamente con los procesos de planificación y despliegue de la red de servicios sociales (y de otras redes sectoriales), en los que, lógicamente, los programas y servicios presenciales con mayor masa crítica de destinatarias potenciales se ubican en una mayor proximidad. Sin embargo, no se debe asociar, necesariamente, especialización del conocimiento con tamaño menor del estrato poblacional que potencialmente pudiera beneficiarse de dicho conocimiento. En última instancia, tanto la especialización del conocimiento como el diseño de los sistemas han de estar al servicio de la continuidad de la atención en los itinerarios valiosos para la interacción de las personas que utilizamos los servicios sociales.

(Reflexiones a partir de la jornada Gizartegune del 16 de marzo de 2017, sobre las que volveremos el 17 de marzo de 2017 en el congreso de Cáritas Gipuzkoa en Irun.)

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