El caso Kodak y los servicios sociales

Kodak

Kodak es una empresa que, tras 130 años de historia y habiendo llegado a disponer en los años 90 del pasado siglo de más de un 70% de cuota de mercado mundial en el campo de la fotografía, cae en picado en este siglo, hasta llegar a la quiebra. Diversos análisis del caso coinciden en apuntar a que la empresa fue incapaz de cambiar o girar en aspectos instrumentales, organizativos o estratégicos para adelantarse o adaptarse a cambios tecnológicos y sociales (o generarlos) y mantenerse (o ser más) competitiva, apoyándose en activos valiosos en el marco de una comprensión profunda y abarcadora de su misión.

Quizá nuestros servicios sociales puedan mirarse en ese espejo, en la medida en que nos consideramos, desde hace décadas, los “líderes” en la atención a determinados “colectivos”, los “encargados” de ciertas “problemáticas”, los “gestores” para una serie de “disfunciones” presentes en nuestra sociedad. No sólo eso, sino que, en la última década, venimos reclamando para nuestra actividad el estatuto de pilar universal del sistema de bienestar y el reconocimiento de que la satisfacción de las necesidades de las que decimos ocuparnos debe ser garantizada como derecho subjetivo.

Ahora bien, ¿cómo es posible reclamar ser un pilar del sistema de bienestar pretendiendo construir nuestro éxito sobre el fracaso de los otros pilares? ¿Cómo lograr que la ciudadanía nos quiera universales si no sabemos explicarle lo bueno que cualquier persona puede obtener de nuestros servicios? ¿Cómo esperar inversión social sectorial si no construimos una cadena diferenciada de actividades de valor añadido para la promoción y protección de dicho bien?

Intuimos y buscamos el final del tiempo de los servicios sociales residuales para el control social de colectivos excluidos, pero nadie fuera del sistema o el sector de los servicios sociales nos garantiza la supervivencia exitosa en el ecosistema de las políticas sectoriales universales y los sectores económicos de futuro. Quizá se trate de hacer lo que no hizo Kodak: profundizar en la comprensión de nuestra misión diferenciadora (de nuestro objeto positivo y universal) para, apoyándonos en nuestras fortalezas y activos, hacer el giro estratégico que demanda nuestro proyecto histórico y el cambio de época en el que nos encontramos.

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