¿Para qué sirve una ley de servicios sociales?

Castellón 2

Una ley de servicios sociales, hoy y aquí, debe servir para empujar suave e intensamente nuestros servicios sociales hacia otro lugar muy diferente de aquel que ahora habitamos. Con inmenso respeto y cariño por nuestra historia, debe ayudarnos a girar poco a poco y acabar traicionando gozosamente nuestras tradiciones.

Traicionar felices la “tramitación de ayudas” para reinventarnos como profesionales del cuidado y el apoyo a la sostenibilidad de la autonomía funcional en la vida cotidiana de todas las personas en sus entornos y relaciones familiares y comunitarias deseadas. Traicionar con orgullo nuestra historia de etiquetación, segregación, control y contención de “nuestros colectivos” para posicionarnos como especialistas en el acompañamiento y la dinamización del empoderamiento de todas las personas para la construcción de proyectos vitales en el seno de relaciones primarias atravesadas por las diversidades sexuales, generacionales, culturales y funcionales.

Una ley de servicios sociales debe, sin duda, garantizar el derecho subjetivo, universal e incluyente, a un catálogo y cartera de prestaciones y servicios. Y debe estructurar un sistema público de servicios sociales de forma que los servicios sean próximos y los itinerarios amigables para las personas. Y debe instituir una gobernanza ética y participativa de dicho sistema.

A la vez debe impulsar un ecosistema de investigación, desarrollo e innovación tecnológica y social que haga del conocimiento el corazón de un sector económico, el sector de los servicios sociales, generador de valiosos retornos sociales, económicos y políticos y clave para la configuración de territorios atractivos y competitivos. Un sector en el que la Administración de los servicios sociales, legitimada por la ciudadanía, lidere y logre sinergias eficientes con iniciativas sociales, comunidades académicas y emprendimientos empresariales.

Una ley de servicios sociales, por lo demás, es determinante, en el rediseño, recalibración y reordenación de la conversación e integración entre los servicios sociales y otros sectores de actividad y políticas públicas como sanidad, educación, empleo, vivienda, garantía de ingresos, cultura o seguridad, sacando a los servicios sociales de su actual nicho transversal (que es en realidad residual).

Finalmente, hoy y aquí, una ley de servicios sociales debe servir para ilusionar y galvanizar a las personas que trabajamos en los servicios sociales, ciudadanas y ciudadanos, profesionales de diversas áreas de conocimiento, con el punto justo de madurez y ganas, capaces de contagiar compromiso con el sistema de bienestar y la ciudadanía social en los barrios y pueblos de cuyo paisaje somos ya parte indispensable.

(Reflexión surgida del trabajo con profesionales de servicios sociales de Castellón en unas jornadas formativas organizadas por la Diputación de Castellón.)


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