A vueltas con los cuidados

Cuidados

Cabe decir que necesitamos cuidados en la medida en que, por no haber alcanzado o por haber perdido (de forma temporal o permanente) una cierta autonomía funcional, otras personas han de colaborar con nosotras (o incluso sustituirnos) en la realización (o en la decisión de realización) de determinadas actividades de la vida diaria.

Podría señalarse que con los cuidados se da una situación paradójica. Por una parte, diríamos que su ejecución no resulta especialmente compleja y, precisamente por ello, la mayor parte de las personas no necesitamos cuidados por parte de otras personas en la mayor parte de los momentos de nuestra vida, es decir, mayoritariamente el cuidado es autocuidado.

Sin embargo, por otra parte, los cuidados son indispensables para nuestra supervivencia, resultan críticos para nuestra seguridad, son fundamentales para nuestra dignidad, afectan radicalmente a nuestro proyecto de vida, de modo que su garantía es esencial y, por ello, en tanto en cuanto nuestras limitaciones funcionales afecten a nuestra capacidad de hacernos cargo de ellos, con las consiguientes decisiones libres, nuestra vulnerabilidad (el riesgo para todo aquello que en nosotras valoramos) crece, seguramente, de forma exponencial.

Quizá esa paradoja de la relativa sencillez y la importancia profunda de los cuidados haya contribuido (junto a otros factores abordados en otras ocasiones) a su invisibilidad y desvalorización en nuestra sociedad, invisibilidad y desvalorización que, cada día más, amenazan la sostenibilidad de nuestra vida individual y colectiva.

De ahí la urgencia de asumir, individual y colectivamente, la responsabilidad de los cuidados. En primer lugar, incrementando nuestra (mi) capacidad de autocuidado actual y futuro, preparando nuestros recursos, tecnologías, entornos y sistemas de vida para depender lo menos posible de otras personas. En segundo lugar, construyendo relaciones primarias y lazos solidarios en los que tengan cabida y sentido los cuidados recíprocos o comunes (libres y deseados, distribuidos y equitativos) entre quienes compartimos proyectos vitales. Y, en tercer lugar, reinventando y fortaleciendo un sistema público de protección social verdaderamente eficaz y justo que garantice el derecho de todas las personas a los servicios sociales profesionales y a la atención integrada e integral que reclaman nuestras necesidades de cuidado.

(Reflexiones en la preparación con Pilar Kaltzada del próximo aniversario de Servicios Sociales Integrados y con Demetrio Casado de un próximo artículo para la revista Políticas Sociales en Europa.)


  1. Hola Fernando. Como siempre, muy interesantes tus reflexiones y de amplio calado. Estoy de acuerdo en todos los argumentos que utilizas para destacar la importancia de los cuidados… yo añadiría uno más: la importancia del cuidar. Cuidar (poniendo el centro en la persona cuidada) es un acto muy relevante que nos acerca y recuerda lo esencial de la condición humana… refuerza vínculos… establece reciprocidades…

    Un saludo.

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