Los servicios sociales ante el reto de la ética

Ética 3

Cuando se plantea la aplicación de la ética en el ámbito de los servicios sociales, posiblemente la referencia o inspiración principal sea la del desarrollo de la bioética en el ámbito sanitario.

Cabría decir que la bioética, como ética aplicada en el ámbito sanitario, ha sido impulsada en buena medida para hacer frente a los excesos o amenazas provenientes tanto de la razón tecnocientífica como de la razón burocrática. Considerando, en general, positivos los avances de la investigación médica y la innovación farmacológica y tecnológica, así como el desarrollo organizativo y político de los sistemas sanitarios públicos, la bioética emerge como un contrapeso esencial para la protección y promoción de la dignidad y los derechos humanos en ese ámbito.

Los servicios sociales, hoy y aquí, se nos aparecen como un sector de actividad que pretende dejar atrás su condición de intervenciones residuales destinadas a responder a cualquier necesidad de personas en situación de exclusión social, pero que no acaba de configurarse como un ámbito sectorial de carácter universal, basado en el conocimiento, con un objeto propio, como podría ser el de la protección y promoción de la interacción, entendida como autonomía funcional e integración relacional. En esa situación, difícilmente pueden los servicios sociales articular su mix de bienestar entre agentes y sus relaciones intersectoriales de diferenciación e integración con otros sectores de actividad, como puede ser el sanitario.

Sin duda, las tradiciones de la intervención social son portadoras de interesantes valores éticos y, también sin duda, los servicios sociales pueden beneficiarse de planteamientos, trayectorias y herramientas éticas procedentes de la sanidad. Sin embargo, la confusión entre el plano del conocimiento ético y el plano de la intervención técnica está, posiblemente, servida en tanto en cuanto no se acote y fortalezca la cadena de valor profesional y sectorial específica y definitoria del ámbito de los servicios sociales, esto es, en tanto en cuanto no definamos con claridad dónde terminan los aspectos de autonomía funcional e integración relacional que el conocimiento científico y técnico nos permite abordar en los servicios sociales y dónde comienzan los planteamientos éticos en relación con la autonomía y corresponsabilidad moral de las personas en sus entornos familiares y comunitarios.

En cualquier caso, sin embargo, la prolongación e intensidad de las relaciones de prestación de servicio y las situaciones de vulnerabilidad en las que frecuentemente nos encontramos las personas usuarias de unos u otros servicios sociales, representa un acicate para extremar el cuidado de las virtudes profesionales y la justicia institucional en el sector. Los demás asuntos y los necesarios instrumentos y estrategias de una ética de los servicios sociales, seguramente, vendrán después.

Sobre esto hablaremos el próximo jueves, 29 de septiembre, en una Jornada del IMSERSO. Para profundizar y contrastar estas cuestiones, acudimos a Marije Goikoetxea, por ejemplo aquí.

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