Los servicios sociales: veleros en la tormenta

Veleros

Ningún viento será bueno para quien no sabe a qué puerto se encamina (Carta III de Séneca a Lucilio)

Los veleros de la flota de los servicios sociales comenzaron el siglo XX en España con el viento en popa. Quienes estábamos dentro de ellos sentíamos, entre otros, el impulso del reconocimiento político y jurídico del derecho subjetivo a los servicios sociales y creímos que, con la energía de incrementos presupuestarios posibilitados por la bonanza económica, nos acercaríamos velozmente al puerto seguro que suponía configurarnos como el cuarto pilar del sistema de bienestar, tan universal y reconocido como otros que habían alcanzado antes ese lugar. Mirando hacia atrás, veíamos alejarse las costas del asistencialismo residual, del que nos podíamos alejar, también, por nuestros propios avances en la construcción de una intervención social cada vez más personalizada, comunitaria y basada en el conocimiento.

Sin embargo, a finales de la primera década de este siglo, el sentido del viento empieza a cambiar y nuestros veleros se ven envueltos en la tormenta de una crisis económica, política y social de magnitudes y características desconocidas. En esa situación algunos de nuestros veleros regresan, de forma más pasiva o activa, a las costas de una asistencia social que creíamos superada, arriesgándose, sin embargo, a chocar contra las rocas de una emergencia y una exclusión sociales de carácter crecientemente estructural y complejo. Otros intentan mantener el rumbo previsto, pero les falta la energía o el conocimiento que permitan gobernar la nave con el viento cambiante, muchas veces de proa. En la confusión, nos amenaza el desánimo por la fragmentación de la flota e incluso el riesgo de que nuestros barcos choquen entre sí y naufraguen, aumentando el ya de por sí numeroso contingente de víctimas de la tormenta.

Sin embargo es posible reorganizar la flota de nuestros servicios sociales. Sobre todo es necesario. Es necesario en una sociedad en la que, cada vez más, todas las personas precisamos, en diversos momentos y procesos, apoyos profesionales basados en el conocimiento para planificar, construir, mantener o recuperar nuestra capacidad para desenvolvernos con autonomía en el seno de relaciones y redes familiares y comunitarias que han de fortalecerse. Si manejamos estratégicamente nuestros timones y nuestras velas, nos impulsarán con fuerza las corrientes y los vientos de cambios sociales que están afectando radicalmente a la sostenibilidad de la vida y que propulsan y reclaman esos nuevos servicios sociales con los que tanto hemos soñado: unos servicios sociales universales, profesionales, participativos, tecnológicos, comunitarios e innovadores que quizá, más que un puerto seguro, sean una forma de vivir en mar abierto.

Sobre estas cuestiones hablaremos el 10 de mayo en Llinars del Vallés y el 12 de mayo en Sant Boi de Llobregat.


  1. Ayer fue un placer y una gozada escucharte en la jornada del colegio vasco de educadoras y educadores sociales. Gracias de nuevo. Creo que sembraste vientos de esperanza, ilusión y con criterio nos empujaste a seguir trabajando esta cartera de sericios sociales.
    Te regalo una frase amoldada de Santo Tomas de Aquino que tengo en mi baúl de recursos cuando surge cualquier dificultad: “Si el objetivo más alto de una capitanía de barco fuera preservar su velero lo mantendría siempre en puerto” …Sigamos siendo todas y todos valientes!!!!!

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