El sistema de servicios sociales como (posible) sistema de cuidados

Uruguay

Cuando los servicios sociales se hacen cargo de un niño maltratado por sus progenitores, cuando proporcionan ayuda en el domicilio a una mujer mayor en situación de fragilidad que vive sola, cuando potencian los vínculos de apoyo mutuo en los vecindarios o cuando acompañan en su integración comunitaria a un joven con discapacidad en situación de vulnerabilidad, están –en todos los ejemplos– protegiendo y promoviendo la interacción de las personas, entendida como una situación compleja con dos dimensiones: autonomía funcional (capacidad interdependiente para el desenvolvimiento cotidiano) e integración relacional (soporte recíproco y vinculación activa familiar y, en general, comunitaria).

Sobre esta base, puede afirmarse que el cuidado profesional (o asistencia personal) podría ser legítimamente considerado como una prestación, apoyo o actividad propia o característica del ámbito sectorial de los servicios sociales. Ello sería así porque del diagnóstico social que, en los servicios sociales, permitiría caracterizar la situación de interacción de una persona (su capacidad de desenvolvimiento autónomo y el soporte familiar y comunitario idóneo disponible) puede derivarse naturalmente, con mucha frecuencia, la prescripción, planificación o propuesta de cuidados profesionales que complementen el autocuidado y el cuidado primario o comunitario.

Lógicamente, para que la intervención social –denominando así la actividad operativa que se realiza en los servicios sociales– pueda cumplir su función de protección y promoción de la interacción será necesario que, además –en su caso– de los cuidados profesionales, la persona usuaria o destinataria se beneficie de otras prestaciones, apoyos o actividades más complejas y basadas en conocimiento más sofisticado como la evaluación de los efectos de la intervención o actividades dirigidas a desencadenar cambios en los comportamientos de las personas o en las dinámicas familiares.

Obviamente una persona puede comprar cuidados profesionales –sin más– en el mercado, del mismo modo que puede automedicarse con determinados fármacos o adquirir un “curso” de inglés en una librería. Lo que se quiere decir aquí, en todo caso, es que la decisión sobre los cuidados profesionales que debe recibir una persona pertenece –como la decisión sobre si debe operarse de apendicitis o aprender la tabla del siete– al ámbito de su autonomía moral y capacidad de decisión (o la de quien le represente legítimamente). Pero dicha decisión –como las otras evocadas– pueden y –bajo ciertas premisas y en determinados contextos– deben ser objeto de prescripción facultativa sobre la base de un diagnóstico profesional basado en el conocimiento que permita establecer los mejores ajustes entre cuidado profesional, autocuidado y cuidado primario y, en definitiva, alcanzar la mejor interacción y bienestar.

Lógicamente el que se considere el cuidado profesional (o asistencia personal) como prestación propia y característica de los servicios sociales (y a éstos como el marco más adecuado para la prescripción facultativa de cuidados profesionales) no excluye que éstos puedan ser proporcionados en el marco de servicios de otros sectores de actividad, del mismo modo que en un hospital (servicio sanitario) se proporcionan prestaciones propias de otros ámbitos, como el alojamiento. Por otra parte, la organización social de los cuidados –y la interacción–, como cualquiera de los grandes bienes de los que se ocupan cada uno de los diferentes sectores de actividad, requiere del concurso –en clave intersectorial o transversal– del resto de sectores: la política laboral, la de garantía de ingresos o la de vivienda –por citar tres– tienen una importancia crítica a la hora de facilitar o dificultar, en cada caso– el equilibrio indicado y deseado entre autocuidado, cuidado primario y cuidado profesional.

(Fragmentos de un artículo de próxima publicación en la revista Zerbitzuan. Responde a la pregunta: “¿En qué medida y sentido un sistema público de servicios sociales (como el español) puede funcionar como sistema nacional de cuidados (como el que se está construyendo en Uruguay)?” La ilustración pertenece al Sistema Nacional de Cuidados de Uruguay.)

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