La clave organizativa de la transformación de los servicios sociales

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El proyecto de unos servicios sociales que –como sector de actividad y como sistema público– puedan hablar de tú a tú con los otros grandes ámbitos del sistema de bienestar (como son la sanidad, la educación, el empleo, la vivienda o la garantía de ingresos para la subsistencia) viene desencadenado por la emergencia e identificación de la interacción (autonomía funcional e integración relacional) como necesidad y bien que, del mismo modo que los bienes que protegen y promueven las otras políticas sociales, es una necesidad universal que requiere para su gestión colectiva de un complejo entramado de estructuras organizativas y actividades profesionales basadas en el conocimiento y altamente legitimadas por la ciudadanía.

Este proyecto avanza preñado de contradicciones y retrocesos que, una y otra vez, en unos u otros lugares, nos devuelven al día de la marmota de unos servicios sociales sin objeto propio que –de iure o de facto– aceptan el encargo de contener en modo asistencialista –y obviamente ineficiente– el malestar y la exclusión social generado en (o por) otros subsistemas sociales, ofreciendo, en el mejor de los casos, circuitos segregados para la satisfacción de algunas necesidades de pretendidos colectivos vulnerables minoritarios.

Una de las claves para superar las confusiones, paradojas, bloqueos, disociaciones y malestares de ese día de la marmota es la que tiene que ver con la innovación organizativa en nuestros servicios sociales, con la capacidad de transformar estructuras obsoletas y burocratizadas por las que no pueden fluir los itinerarios vitales y procesos de intervención social personalizados, diversos, ecológicos, tecnológicos y comunitarios que pugnan por abrirse paso en nuestros servicios sociales.

Desde un punto de vista estratégico la innovación organizativa es el eslabón intermedio y mediador entre procesos de pilotaje y desarrollo de servicios y tecnologías que permitan brindar asistencia personal y acompañamiento social a una gran diversidad de personas en el marco de la atención primaria y decisiones públicas de inversión social orientadas a conducir a los servicios sociales al centro del contrato social.

Esa innovación organizativa seguramente nos lleva a estructuras de proximidad más pegadas al territorio y a los eslabones de la cadena de valor de la intervención social (primera atención, diagnóstico, prescripción, prestación de servicios, evaluación) y que superen su actualmente frecuente vinculación a los criterios de segmentación poblacional tradicionales que desde los servicios sociales seguimos, muchas veces, contribuyendo a reificar.

Entrada escrita a partir de la conversación mantenida el 6 de noviembre en Lasarte en una jornada sobre el Servicio de Intervención Socioeducativa y Psicosocial organizada por el Consorcio para la Educación Compensatoria y la Formación Ocupacional de Gipuzkoa.

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