Servicios sociales: ¡es el momento!

Marea naranja

Somos personas interesadas e implicadas en la política que queremos nombrar los servicios sociales, contribuir a que se comprenda que la política pública de servicios sociales es una de las grandes políticas sectoriales dentro del gran ámbito de las políticas sociales. Queremos que todos los partidos lo entiendan así.

Desde nuestro compromiso sentido y operante y desde un análisis compartido basado en el conocimiento, entendemos que, en la historia de nuestro sistema de bienestar, es el momento de hacer una apuesta estratégica especial por los servicios sociales y que esa apuesta es absolutamente clave para la transformación que necesita ese sistema de bienestar.

Es la economía feminista –con la reflexión sobre la crisis de los cuidados– la que en buena medida nos ha ayudado a identificar las características de nuestro modelo social que lo convierten en causante o cómplice de la insostenibilidad de la vida. Los servicios sociales son la pieza clave para buscar la necesaria complementariedad y sinergia entre los cuidados y apoyos familiares y comunitarios y las atenciones e intervenciones profesionales.

Desde mi punto de vista la necesidad universal a la que deben responder los servicios sociales es la necesidad de interacción. Propongo definir la interacción como ese estado deseable de la mayor autonomía funcional e integración relacional al que aspiramos todas las personas. Todas las personas queremos y necesitamos –en equilibrio– las mejores capacidades para el desenvolvimiento cotidiano y los vínculos familiares y comunitarios deseados.

Partiendo de esta definición entiendo que los servicios sociales deben ser capaces de ocuparse de esta necesidad de forma universal y no sólo para unas pretendidas capas o colectivos poblacionales. A la vez, deben ir entendiendo que otras necesidades o bienes (como la suficiencia económica, la inserción laboral o el alojamiento, por poner tres ejemplos) son objeto propio y específico de otros sectores de actividad o políticas públicas, que también han de ir universalizándose. Las compañeras y compañeros y las personas con responsabilidad política en otros ámbitos sectoriales han de entender que deben ocuparse de toda la población y que, cuanto más complejo sea un caso, más necesita de su implicación, sin que sea de recibo que determinadas personas sean consideradas –para todo– “de servicios sociales”.

Específicamente, en lo que tiene que ver con la garantía de ingresos, entiendo que se debe estructurarse como una política pública –también universal– que ha de ordenar la multiplicidad de prestaciones económicas existentes y gestionarse cada vez más desde o con las haciendas públicas o agencias tributarias.

Entiendo que las situaciones de discapacidad y, en su caso, dependencia –como cualquier otra situación propia de la diversidad humana– constituyen un asunto transversal que interesa a los servicios sociales y a las otras ramas de la acción pro bienestar: sanidad, educación, empleo, vivienda y garantía de ingresos.

Apostamos por la constitucionalización del derecho a los servicios sociales y por la construcción de marcos jurídicos que garanticen efectivamente el derecho a los servicios sociales, afianzando cada vez más la igualdad entre todas las personas: en España, en Europa y en todo el mundo.

Termino. Hoy y aquí se está sufriendo mucho en nuestros servicios sociales. Hay mucho dolor en muchas personas que llegan machacadas por una crisis que no ha hecho sino agravar injusticias estructurales que ya existían. Nos sentimos mal, también, las personas profesionales, atrapadas muchas veces en una espiral de demandas que nos rebasan, encargos institucionales tramposos y recortes en los recursos disponibles. A veces caemos en el asistencialismo que creíamos superado y dejamos de practicar esa intervención social participativa y transformadora que debiera caracterizarnos.

Sin embargo en ese mismo lugar de sufrimiento y de encuentro que son nuestros servicios sociales está la esperanza. En la igual dignidad humana que nos reconocemos todas las personas usuarias o profesionales. En nuestro saber hacer relacional y comunitario, basado en el conocimiento. En nuestra capacidad de activar redes y procesos de cambio. Y en nuestro compromiso para participar en el debate y la acción política por los servicios sociales que necesitamos.

(Texto de la carta enviada a -y leída en- el debate sobre servicios sociales organizado por Podemos en Madrid el 11 de julio de 2015.)

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