Repensando la intervención social

Almuñecar

Cuando hablamos de intervención social nos referimos a una actividad basada en el conocimiento orientada a la preservación y mejora de la interacción de las personas, entendida ésta como autonomía funcional e integración comunitaria. Dentro del sector económico de los servicios, la intervención social destaca por su carácter altamente relacional e intangible y por la importancia que agentes no mercantiles (como las administraciones públicas o las iniciativas solidarias) han tenido y tienen en su realización.

La elasticidad del concepto de intervención social nos permite utilizarlo con matices diversos en diferentes contextos. Desde aquellos en los que se producirá fundamentalmente dentro de un ámbito sectorial específico (como es el caso español, donde la intervención social se identifica principalmente con el sector de los servicios sociales, con especial referencia a su sistema público) hasta otros en los que se acentuará un cierto carácter intersectorial o transversal de la intervención social (como es el caso de experiencias latinoamericanas de intervención social que integran fuertes componentes económicos, educativos, laborales, sanitarios o habitacionales).

En cualquiera de los casos, la intervención social está llamada a afianzarse en su foco microsocial y en su valor añadido más específico, vinculado con la capacidad de diagnóstico y prescripción que aportan áreas de conocimiento como el trabajo social, la educación (y pedagogía) social y la psicología de la intervención social. Un valor añadido que se plasma fundamentalmente en relaciones de asistencia, ayuda, apoyo o acompañamiento a las personas (a cualquier persona) en el seno de sus redes primarias, capaces de fortalecer las capacidades de los individuos para su desenvolvimiento cotidiano y los vínculos familiares y otros comunitarios deseados por dichos individuos.

Son diversos los procesos de cambio social que nos urgen a impulsar y repensar la intervención social en clave de innovación tecnológica y social y con enfoque humanista y universalista. La proactividad de las políticas públicas y el compromiso de las personas profesionales deben confluir en la creación de las condiciones para la superación de versiones asistencialistas, residuales o burocratizadas de la intervención social y para el desarrollo de la intervención social de alto valor añadido, promotora de la autonomía y de enfoque comunitario, que es posible y necesaria.

(Sobre estas cuestiones se hablará el próximo miércoles, 10 de junio, a las 9.30 horas, en Almuñecar, en la conferencia inicial de las III Jornadas de Formación para Profesionales de los Servicios Sociales organizadas por la Diputación de Granada.)

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