Organización patriarcal de los cuidados y dominación de género

Ecuador (2)

El destructivo desorden que vivimos en materia de cuidados está anudado, radicalmente, a las estructuras y dinámicas de dominación de género que se encuentran en la entraña de nuestra sociedad, profundamente patriarcal. Una sociedad en la que la dominación que los hombres ejercemos sobre las mujeres apenas ha sido superada en algunos aspectos superficiales pero en la que siguen muy vivos y operativos innumerables y muy diversos mecanismos de opresión y explotación de las mujeres por parte de los hombres.

La dominación patriarcal es, sigue siendo, también en nuestro entorno, uno de los mecanismos principales de funcionamiento de la sociedad, mecanismo que determina la condición subalterna, en términos generales, de las mujeres respecto de los hombres. Y el mundo de la vida cotidiana, el mundo de los cuidados, es un mundo en el que se verifican de manera sangrante desigualdades, privilegios, asimetrías, precariedades, discriminaciones y exclusiones que, sistemáticamente, mayoritariamente, van en contra de las mujeres, en calidad de receptoras y, singularmente, en tanto que proveedoras de cuidados.

Parte de esa dominación de género en materia de cuidados se ha trasladado desde la esfera familiar a la esfera laboral pero sin modificarse en tanto que dominación de género. Ante el colapso de los cuidados, por tanto, la clave fundamental no es tanto la profesionalización de los cuidados, sin duda imprescindible en cierta medida, como la superación de las asimetrías sistemáticas de poder entre las mujeres y los hombres, patología estructural que nos aqueja y que sigue permeando de manera brutal, también, entreverada interseccionalmente con otras, el mundo de la vida cotidiana y de los cuidados.

El mundo de los cuidados sólo se organizará de manera satisfactoria, eficiente y sostenible en la medida en que se vertebre mediante relaciones igualitarias entre personas diversas y únicas, sea cual sea su identidad sexual y su proyecto vital. Personas que, sabiéndose todas ellas vulnerables e interdependientes, diversas en capacidades y posiciones de partida, consiguen renunciar o se consigue que renuncien a las lógicas de la dominación y la subalternidad, logrando impulsar fraternamente procesos, necesariamente feministas, de emancipación compartida y ayuda mutua en comunidad.

(Foto de Ecuador Etxea.)

Su última milla es nuestra primera milla: por una convivencia comunitaria inteligente

Etorkizuna

Resulta un lugar común señalar que nuestro modelo social se las arregla mal con fenómenos emergentes que no sabemos bien dónde y cómo abordar: los cuidados, la exclusión social, la longevidad, la conciliación de diferentes facetas de la vida, la soledad, la salud mental o la convivencia en diversidad podrían constituir algunos de esos problemas o riesgos sociales que cabría adjetivar como complejos, al menos desde el conocimiento disponible hoy para hacerles frente.

Hacer prospectiva en relación con la acción pro bienestar supone, entre otras cosas, intentar acertar en qué orden y con qué medios se podrían ir enfrentando esos y otros retos y cómo ello podría trasformar el conjunto de dispositivos para el bienestar (familias, dinero, Seguridad Social, empresas, sistema sanitario u otros) con el que contamos hoy y aquí.

Si aceptamos que se nos ha ido la mano, por ejemplo, con la individualización, la mercantilización y la medicalización del bienestar, parecería razonable apostar por invertir, alternativamente, en facilitación de la convivencia y la colaboración en los domicilios y vecindarios apoyándonos en el urbanismo social, la acción comunitaria y las tecnologías digitales, pero hemos de reconocer que, por el momento, sólo contamos con prototipos muy iniciales o tentativos de ese tipo de respuestas o dinámicas.

La libertad individual, el dinero o la medicina y farmacia convencionales, por citar tres importantes, siguen siendo bienes muy apreciados en nuestra sociedad (por buenas razones en muchos casos) por más que repitamos que, en gran medida, los desafíos mencionados al principio de esta entrada son los de una sociedad de individualismo posesivo y consumista y consiguiente desvinculación y segregación social. Una sociedad, por tanto, que necesita otros puntales (en claves relacionales y comunitarias, de proximidad física, emocional y existencial, con soporte digital), tanto como esos.

La presión sobre nuestras vidas que están representando la actual pandemia y su gestión y derivadas representa una enorme prueba para nuestra inteligencia política, nuestra compasión solidaria y nuestro universalismo ilustrado. Los que el capitalismo extractivo y adictivo construye como segmentos y nichos de mercado pueden transformarse en nidos ecológicos en red, posibilitadores de la vida de cualquier persona. Las vidas que la cultura digital de la satisfacción individual aliena y desvincula pueden trenzarse en sentidos compartidos y proyectos ilusionantes. Lo que la logística para el consumo llama la última milla es en realidad, ojalá pueda ser, la primera milla para nuestra convivencia cotidiana, autónoma, inteligente, solidaria y sostenible.

Sin duda, hay tajo.

(En la foto, actuación del grupo Etorkizuna Musikatan en el Museo de Reproducciones Artísticas del barrio de San Francisco (Bilbao) en la reciente Gau Irekia, noche abierta.)

La definición de los bienes abstractos que son objeto de las diferentes políticas públicas

ferrajoli

En el campo del estudio y diseño de las políticas públicas se acostumbra a identificar bienes abstractos como objeto (o finalidad) de diferentes áreas en las que se estructura la Administración, hasta el punto de que, frecuentemente, es el nombre de ese bien abstracto el que se utiliza para denominar dichas políticas: justicia, seguridad, salud, movilidad, igualdad, bienestar y así sucesivamente. (Otras veces, por cierto, las denominaciones parecen hacer referencia, más que a los fines, a los medios: vivienda, educación o transporte, por ejemplo).

¿En qué sentido dichos bienes (efectos valiosos), entendidos, al menos en cierta medida o manera, como bienes públicos, son objeto de la Administración y las políticas públicas? Por su carácter abstracto y complejo, quizá no tanto en el sentido de que los poderes públicos producen o proporcionan esos bienes como en el sentido de que los protegen y los promueven. En todo caso, si el disfrute de dichos bienes se entiende (o se quiere configurar) como un derecho (o, al menos, como resultado de la política) tutelado por el Estado, resulta muy necesario especificar, operativizar o concretar en qué sentido preciso y con qué alcance se garantiza el acceso a cada uno de esos bienes.

Desde el punto de vista organizativo, resulta particularmente importante la definición y delimitación de cada uno de los bienes, es decir, la identificación del contenido de respuestas (técnicas, vale decir) a necesidades que se incluye dentro del perímetro (o radio de acción) de cada una de esas áreas de la Administración. No hay otra manera para poder asumir y ejercer responsabilidades y para rendir cuentas al respecto. Aunque la frontera entre un área y otra (entre un bien y otro) es convencional y aunque son grandes las sinergias entre unos y otros bienes (todos son medio para todos, en cierto modo y hasta cierto punto), el adecuado funcionamiento de las políticas públicas exige un esfuerzo de claridad en esa labor de definición y delimitación.

Cabría hablar, por cierto (y por último) de que puede llegarse a una elasticidad inadecuada y, a veces, interesada en dicha definición y delimitación, en los casos en los que el bien se interpreta expansivamente para lograr legitimación y recursos y restrictivamente para escurrir el bulto ante responsabilidades. La cuestión de las lindes no suele ser pacífica e incruenta pero hay que intentar llegar a ententes cordiales (consensos estables) buscando la coherencia lógica y la relación eficiente entre fines y medios al interior de cada área (y entre ellas), evitando tanto zonas desatendidas como disputadas y buscando siempre superar las definiciones y delimitaciones ambiguas y confusas.

(En la fotografía, el jurista italiano Luigi Ferrajoli, quien, desde la Filosofía del Derecho, ha realizado aportaciones fundamentales para el estudio, comprensión y desarrollo de la tutela y garantía de bienes abstractos por parte del Estado.)

Cinco claves para un giro necesario en políticas sociales

mataro

En Europa, ha sido en buena medida el éxito de las políticas sociales, en la segunda mitad del siglo XX (en España con cierto retraso), el que ha transformado la sociedad, de modo que la potencia combinada de la economía del conocimiento y el Estado de bienestar nos ha permitido, en muchos casos para bien, romper anclajes de género, familiares, intergeneracionales, comunitarios, laborales, económicos, morales o religiosos.

Sin embargo, ello nos coloca ante nuevos riesgos sociales, para los cuales el sistema de bienestar tradicional no está preparado. Frente a una sociedad ordenada con mecanismos de inclusión social que van apareciendo en cascada (primero familia, luego mercado, después Estado y, finalmente, tercer sector), emerge una sociedad compleja, globalizada, reticular, de consumo, individualizada, reflexiva, longeva, financiarizada, digitalizada, desacralizada y del riesgo, con oportunidades inéditas de calidad de vida e inclusión social pero con nuevas y potencialmente catastróficas amenazas de fragmentación y exclusión social. Ante esta realidad algunas claves para el cambio necesario en políticas sociales serían:

1. Predistribución, como enfoque complementario al de la redistribución. Las políticas redistributivas actúan después de que los mecanismos biológicos, familiares o mercantiles, fundamentalmente, han generado desigualdades y las compensan o corrigen en parte. Sin embargo, en la sociedad que hemos descrito, esa redistribución llega demasiado tarde y por eso se necesitan unas políticas sociales más proactivas y preventivas, que construyan capacidades individuales y colectivas y eviten cuanto antes (aguas arriba) tanta divergencia hacia la desigualdad de oportunidades, apoyos y resultados en las trayectorias de las personas.

2. Revinculación, como imperativo para la sostenibilidad. La globalización neoliberal ha ido demasiado lejos en su intento de individualización, mercantilización, financiarización y deslocalización de las actividades humanas y estamos aprendiendo, a base de mucho sufrimiento en ocasiones, el valor de la proximidad, de la circularidad, de la reciprocidad, de la confianza, de la comunidad, pues, en definitiva, somos cuerpos físicos altamente vulnerables embebidos en un entorno humano y natural con el que nos tenemos que reconciliar, también los seres urbanos y las nómadas globales.

3. Experimentación, como dinámica imprescindible de generación de conocimiento. La sociedad del conocimiento es la sociedad de la investigación, de la tecnología y de la innovación en todos los niveles: operativo, organizativo y político. Las políticas sociales deben volverse exploratorias y, cada vez más, experimentales y aspirar a estar basadas en la evidencia, resultando imperativo fortalecer el trabajo de formulación de teorías del cambio y las herramientas de evaluación de los impactos, en el marco de ecosistemas de conocimiento abiertos, plurales, densos y dinámicos.

4. Integración tanto vertical (multinivel) como horizontal (intersectorial), como imperativo ante el riesgo de la saturación, confusión y disfunción del conjunto de políticas públicas y actividades profesionales. Cada vez más, necesitamos una arquitectura ordenada de las políticas sectoriales, transversales e intersectoriales en las que no hablemos de una coordinación o trabajo en red a partir de unidades concebidas como independientes sino de una dinámica estructurada de atención, gestión y gobernanza integradas, aprovechando las posibilidades de la capa digital.

5. Coproducción, como capacidad de aprovechar las ventajas comparativas de cada tipo de agente para determinadas funciones, para determinado conocimiento. Coproducción es innovación social en la medida en que supone innovación en los medios o concierto entre agentes. Es especialmente la hora de la emergencia de la sociedad civil organizada, del procomún, de la espiral del don, de la economía solidaria, del tercer sector como estación intermodal entre Estado, mercado y comunidad. Un tercer sector que, sin dejar de ser samaritano y proveedor, ha de ser, cada vez más, navegador.

Estas cinco claves pretenden ayudar a enfocar la transformación de nuestro sistema de bienestar, sugiriendo alternativas frente un exceso de monetización y burocratización de la política social y a preocupantes síntomas de aumento de la ineficiencia e inequidad. Parecen necesarias especialmente para que los grandes programas tradicionales (como pensiones y sanidad) no se conviertan en parte del problema y, en general, para poder sortear el riesgo de colapso de nuestras políticas sociales.

(A partir de notas compartidas en una colaboración con el Ayuntamiento de Mataró, cuyo puerto aparece en la fotografía.)