¿Quo vadis, baby boomer?

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El modelo de gestión de la (antes menor) diversidad generacional y funcional mediante la familia heteropatriarcal, nuclear y extensa, ubicada en la proximidad territorial y regida por una moral católica tradicional es cada día más inelegible e insostenible. Y se hacen más frecuentes e intensos fenómenos disfuncionales como el aislamiento social de más personas o las tensiones relacionadas con la crisis de los cuidados y las cadenas globales de cuidados. Disfunciones y tensiones que, interseccionalmente, se retroalimentan con la inequidad, maltrato y violencia de género y con la xenofobia y su expresión política.

Tanto la profesionalización y tecnificación como la digitalización o robotización de cuidados y otros apoyos que, tradicionalmente, se proporcionaban en el seno de relaciones familiares y comunitarias y en un marco de reciprocidad diferida son imprescindibles pero, en cualquier caso, dejan casi siempre sin responder la pregunta por cuál será la norma y la estructura de las relaciones primarias que nos configurarán como personas interdependientes en sociedades ecodependientes. Como personas autónomas en comunidades significativas en territorios sostenibles.

La estructura residencial o las prestaciones de la Seguridad Social, por citar dos mecanismos difíciles de transformar rápidamente, se pensaron para esa sociedad que ya se ha transformado, que ya no es reconocible. Adicionalmente, los procesos de polarización laboral y económica tensionan la sociedad, rompiendo pretéritos vínculos de solidaridad en los que pudieron apoyarse anteriores innovaciones en materia de política social. La lectura de una reciente entrada del blog del SiiS nos da un panorama social vasco a partir de varios estudios.

En nuestra sociedad está próxima a la jubilación la numerosa generación del baby boom, con relativamente buenas capacidades y perspectivas funcionales y económicas. Las personas de esta generación pueden estar divididas y enfrentadas por su sexo, por su origen, por su clase social o por la potencia de su red de relaciones primarias, pero van a compartir, hasta cierto punto, un bagaje de experiencias, un estilo y condiciones de vida y una posición como destinatarias de las políticas sociales (singularmente pensiones, sanidad y servicios sociales).

En un contexto político y presupuestario notablemente hipotecado por anteriores decisiones y deudas y, al parecer, volátil y cortoplacista, la generación del baby boom se encontrará ante el reto de utilizar sus valiosos activos económicos, competenciales, relacionales y de tiempo liberado para desencadenar cambios. En sus manos estará, en buena medida, el cuidado familiar de sus mayores (muchos de ellos con discapacidades) y el apoyo a descendientes, la innovación social en el sistema de bienestar y, en definitiva, la reformulación del contrato intergeneracional y del contrato social en general.

(Sobre estas cuestiones hablaremos el martes con Fresno Consulting en la Comunidad de Madrid y en una conferencia organizada por Zarautz On. En la imagen, la actividad inicial del proyecto Bizkaia Saretu, del grupo cooperativo de iniciativa social Servicios Sociales Integrados.)

Soledad no deseada: buscando claves para la intervención

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¿Podrían servir las siguientes?

  • En la mirada predominante sobre la soledad no deseada, el fenómeno se presenta como un problema más bien individual, aunque se haga referencia a algunos factores sociales que pueden influir en que esté más presente, por ejemplo, en el colectivo de las personas mayores. Sin embargo, frecuentemente, se identifica y analiza de forma deficiente e insuficiente el carácter estructural y sistémico del problema de la soledad no deseada y el aislamiento relacional en sociedades complejas, fragmentadas y líquidas en las que se están produciendo profundas transformaciones en la norma y trama relacional familiar y comunitaria que las constituía (espacio en el que supuestamente se gestionaban las diversidades de género, generacionales, funcionales y culturales), en un contexto de precarización y polarización laboral, residencial y económica, de segregación territorial y de emergencia  ambiental.
  • A la hora de valorar el fenómeno de la soledad de las personas mayores, la desvalorización, estigmatización y desempoderamiento de los que es objeto este colectivo social hace, posiblemente, que, de manera mayoritaria, más que ponerse el foco sobre el problema de la soledad no deseada en sí y tal como es experimentado por las personas, se ponga, más bien, en las consecuencias de esa soledad en otras áreas de la vida de la persona, como su subsistencia material, su seguridad física o su salud.
  • Las intervenciones profesionales o solidarias en relación con la soledad no deseada y el aislamiento relacional desde el sector público o el tercer sector se presentan como numerosas e interesantes, pero también heterogéneas e inmaduras, no existiendo una base de evidencia mínimamente segura y compartida sobre qué funciona y qué no funciona y apareciendo, en el contexto de la creciente preocupación y alarma social sobre el asunto, artefactos tan confusos y vacíos como, por ejemplo, un supuesto (e inédito) ministerio de la soledad.
  • Las intervenciones que más notoriedad han adquirido son intervenciones, en gran medida, tardías y paliativas. Por ejemplo, que una persona mayor sea acompañada por una persona voluntaria, en sí mismo, no necesariamente modifica de forma real y sostenible su situación de aislamiento relacional o soledad no deseada en la medida en que no contribuya (de forma deliberada o no deliberada) a que esa persona construya o reconstruya relaciones primarias significativas (más débiles o más fuertes).
  • Es necesario impulsar iniciativas de innovación técnica, tecnológica y social que pretendan explorar las posibilidades de una intervención preventiva y poblacional, entendida como aquella que intenta subir aguas arriba en el problema y actuar a mayor escala y en mayor medida cuando el problema no ha emergido y cuando las personas que podrían llegar a presentar el problema disponen de capacidades, recursos, activos y vínculos que, si son cuidados y potenciados, se pueden convertir en poderosos factores protectores frente al riesgo de la soledad no deseada y el aislamiento relacional.

(Contenidos compartidos con el grupo cooperativo de iniciativa social Servicios Sociales Integrados, de cuya presentación del proyecto Bizkaia Saretu se ha tomado la ilustración.)