¿La intervención social como ingeniería relacional?

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Si nuestro modelo de funcionamiento social, en general, y, dentro de él, el conjunto de mecanismos públicos de bienestar están en una crisis sistémica, ninguno de los artefactos técnicos u organizativos existentes en la actualidad para regular e impulsar los procesos productivos y la inclusión social puede percibirse y proyectarse a sí mismo como una realidad estable de futuro asegurado.

La intervención social que, en nuestro entorno, se practica, fundamentalmente, en los servicios sociales y, también, en otros ámbitos sectoriales de actividad y que se apoya en el conocimiento disciplinar y las tecnologías del trabajo social, la educación social o la psicología de la intervención social, entre otras, se encuentra, posiblemente, ante una disyuntiva determinante de su futuro: replegarse a funciones de control administrativo de colectivos de riesgo y de recursos racionados y condicionados para su supervivencia o reinventarse como saber y tecnología de promoción de la autonomía funcional, el empoderamiento personal, la autodeterminación vital, las relaciones primarias, la convivencia familiar y la vida comunitaria de todas las personas en el territorio.

La primera de las opciones dispone de fuertes elementos tractores, tales como: la alarma ciudadana y política ante situaciones que se presentan como de emergencia social, crecientes y de creciente gravedad; los intereses e inercias laborales o cognitivas de determinadas capas de profesionales y directivas de los servicios sociales; o interesadas percepciones, análisis y visiones estigmatizantes y simplificadoras acerca de ciertos perfiles de personas, en un contexto de incremento de la diversidad sexual, generacional, funcional y cultural.

Sin embargo, la apuesta por una intervención social y unos servicios sociales de carácter universal, preventivo, digitalizado, personalizado, relacional y comunitario tiene todos los atractivos y todas las pegas de cualquier operación de creación de un nuevo dispositivo de ingeniería social, dado que, si bien este modelo de intervención social y de servicios sociales hunde sus raíces en numerosas y valiosas experiencias y conocimientos de nuestras comunidades de práctica y aprendizaje, cuando lo proponemos, debemos, honestamente, reconocer ante la sociedad que le estamos hablando de un dispositivo, en parte, nuevo, de un cierto viaje a lo desconocido.

Una sociedad no puede afrontar simultáneamente muchos experimentos de este estilo. No podemos, a la vez, experimentar una nueva fiscalidad, instalar una renta básica, universalizar la educación infantil, cambiar el modelo de ciencia e innovación, hacer una revolución en la Administración, garantizar la sostenibilidad de las pensiones, modernizar la Justicia, darle la vuelta la política de vivienda, reindustrializar el país, repoblar los territorios vacíos, construir una nueva intervención social y unos nuevos servicios sociales y así sucesivamente. Si las gentes de la intervención social y los servicios sociales queremos oportunidades, alianzas, recursos y apoyos para esta aventurada apuesta, vamos a tener que ser muy convincentes ante muchas personas. Ese es nuestro reto.

(Sobre estas cuestiones hablaremos los días 12 y 13 de noviembre en un curso en Castellón, el día 14 en Dincat en Barcelona y el día 15 con personas de los servicios sociales y de Osakidetza en el Hospital de Basurto y en una conferencia, a las 19 horas en Arrupe Etxea, en Bilbao, organizada por la asociación Fe y Justicia. La imagen pertenece a la iniciativa Gau Irekia/Noche Abierta del barrio San Francisco, en Bilbao, de 2017. Pronto será la siguiente.)

Cinco matrioshkas para el cambio social

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Cuando queremos idear e impulsar cambios sociales a mayor o menor escala, descubrimos tanto la autonomía relativa de los planos de realidad que encontramos y construimos en diferentes niveles de análisis como la compleja relación entre ellos. A continuación vamos a proponer cinco contextos encajados a modo de muñecas rusas (Urie Bronfenbrenner) y algunas de las correspondientes preguntas críticas que nos estamos haciendo hoy y aquí como agentes de la intervención social.

En el nivel del modelo social o modelo de sociedad, fundamentalmente, nos estamos preguntando por los arreglos entre el mundo de la vida y el mundo del sistema (Jürgen Habermas), es decir, entre la esfera comunitaria de los bienes relacionales y esferas como la mercantil o la burocrática. El feminismo ha logrado romper irreversiblemente el arreglo patriarcal entre ambos mundos (Yayo Herrero), pero: ¿seguimos apostando por la centralidad del mercado laboral como mecanismo para la inclusión social o trabajamos para legitimar procesos comunitarios en los que un número significativo de personas podamos funcionar e identificarnos sin empleo?

En el nivel del modelo de bienestar social y desarrollo territorial, nos preguntamos por el tamaño, la función y el diseño del Estado (Eloisa del Pino). ¿En qué ámbitos de actividad queremos que tenga el monopolio? ¿En cuáles queremos que sea un proveedor determinante? ¿En cuáles queremos que sea fundamentalmente un regulador? ¿Cómo gestionar la inercia que hace que las políticas sectoriales ganadoras (por ejemplo las pensiones de jubilación) se lo quieran llevar todo y alentar la innovación y el aumento de escala en políticas públicas emergentes (como la de servicios sociales)?

En el nivel 3 nos preguntamos por el modelo de servicios sociales. Suponiendo que se apueste por los servicios sociales como uno de los pilares del sistema de bienestar (Manuel Aguilar): ¿Alcanzarán un posicionamiento universal como encargados de velar por la autonomía y autodeterminación de las personas en la vida diaria con relaciones primarias cotidianas de carácter familiar y comunitario (interacción)? ¿Conseguirán la iniciativa social y la economía solidaria un papel diferenciado y sinérgico en el sector de los servicios sociales superando su dinámica de fragmentación y segregación de colectivos vulnerables?

En el cuarto nivel de análisis de la realidad para el cambio social nos preguntamos por el modelo organizativo en los servicios sociales y en otros sectores de actividad y, específicamente, por fórmulas innovadoras y eficientes de integración (Ester Sarquella) vertical y horizontal de los procesos de trabajo. ¿Cómo se integran intrasectorialmente las estructuras diferenciadas para conseguir abordar los problemas y desafíos tan macrosocialmente o tan microsocialmente como sea pertinente? ¿Cómo se integran intersectorialmente las actividades e intervenciones, de modo que las personas encuentren tanto la respuesta especializada que esperan como la continuidad de la atención que necesitan?

En el nivel más micro nos encontramos con el modelo de intervención social (Joaquín García Roca): ¿Es posible un modelo que incorporare tanto la dimensión preventiva como la asistencial? ¿Puede la intervención social, a la vez, digitalizarse y recuperar el territorio? ¿Será capaz de atender personalizadamente a la complejidad de las necesidades individuales y a la construcción de relaciones significativas y equitativas en la diversidad comunitaria en dimensiones como la de género, la generacional, la funcional y la cultural? (María José Aguilar) ¿Seremos capaces de construir una comunidad de práctica y de conocimiento para la intervención social a la altura del reto histórico que tenemos delante?

(Entrada inspirada por una conversación mantenida con compañeras y compañeros de las Comisiones Obreras de Euskadi. Sobre estas cuestiones hablaremos el 5 y 6 de noviembre en un curso en Castellón, el 7 con la cooperativa Servicios Sociales Integrados, el 8 en Provivienda y en una jornada comunitaria en la Universidad Complutense de Madrid y el 9 en el congreso de Eusko Ikaskuntza.)