Zahartzea, ugalkortasuna, menpekotasuna eta familia Euskal Herrian

Eusko Ikaskuntza

2017an, Euskal Herriko biztanleriaren zahartze-mailak beste maximo historiko bat izan zuen: 64 urtetik gorako 130 pertsona, 16 urtetik beherako 100 pertsonako. Europako batezbestekoa (108) handiagoa da. Prozesu hori hurrengo hamarkadan areagotu egingo da, baby boom fenomenoko belaunaldia 65 urteko adinera iristean. Mendekotasun funtzionala (beste pertsona batzuk zaintzea edo haiei antzeko laguntzak ematea) duten pertsona gehienak adinekoak dira: EAEn, mendekotasun funtzionaleko egoeran dauden 10 pertsonatik zazpik 65 urte edo gehiago dituzte.

Bestalde, ugalkortasun-tasa (15 eta 49 urte bitarteko 1.000 emakumeko jaiotako pertsonak) lau puntu txikitu zen Espainian 2009tik 2016ra bitartean (42,6tik 38,5era), eta Euskal Herrian eta Europar Batasunean, berriz, ia ez zen aldatu (azken datuen arabera, 40,2 izan zen Euskadin eta 44,5 Europan). Euskadin, 2016an, espainiar nazionalitateko emakumeen ugalkortasuna 36,54 izan zen, eta atzerriko nazionalitateko emakumeena, berriz, 79,39. EAEko ugalkortasunari buruzko datuak positibo samarrak dira, urte hauetako krisi ekonomikoaren testuinguruan. Eta hori, adituen ustez, beste lurralde batzuetakoa baino gizarte-babeseko sistema hobea izatearen ondorioa da.

Dena den, esan bezala, biztanleriak zahartzen jarraitzen du, eta haur guztiek arreta behar badute ere (eta haien kopurua txikitzen ari da), biztanleriaren zahartzeak ondorio hau izango du: zainketak behar dituzten pertsonen kopurua handiagoa izango da zainketa horiek emateko ahalmen funtzionala duten pertsonen kopurua baino. Bestalde, proportzio hori ez da Euskal Herriko lehen mailako zainketen eskasia eragiten duen elementu bakarra; izan ere, demografiaren egituran eta dinamikan ez ezik, senar-emazteen arteko, familiako eta komunitateko harremanen egituran eta dinamikan ere aldaketak ari dira gertatzen.

Horrenbestez, esate baterako, lan-adinean dauden (16-64 urte) emakumeek % 69,9ko parte-hartzea izan zuten lan-merkatuan, 2017an. Datu horiek argi eta garbi adierazten dute emakumeek ordaindutako enpleguari uko egiteko eta zainketetan jarduteko gizarte-araua pixkanaka atzean geratzen ari dela. Hala ere, Euskadin, EUSTATen 2015eko datuen arabera, etxetik kanpo lan egiten zuten emakumeek 4,9 ordu eman zituzten 15 urtetik beherako seme-alabak zaintzen, eta gizonek, berriz, 3,1 ordu. Funtzionalki mendekoak diren pertsonen zainketa aztertuz gero, desberdintasunak bere horretan jarraitu zuen: gizonek 1,5 eman zuten egunero, eta emakumeek, 2,3 ordu. Argi dago gizonek ez dutela euren gain hartu emakumeek utzitako zainketa-lanaren zatia.

Bestalde, Eusko Jaurlaritzaren Enplegu eta Gizarte Politiketako Saileko familien eta familia-etxeen inkestaren arabera, familien % 25ek soilik dituzte haurrak edo nerabeak, eta, horrez gain, beste % 25 pertsona bakarreko familiak dira. Hala, Euskal Herrian, biztanleriaren % 12,7 bakardadean bizi da; ehuneko hori % 22,2koa da 64 urtetik gorakoen artean. SIIS Dokumentazio eta Ikerketa Zentroaren azterketek jakitera ematen dute familia-politiketan familia-ikuspegia zeharka erabiltzea ez dela eraginkorra, eta, horrez gain, familia-arrazoiengatiko zerga-kenkariak lau aldiz handiagoak direla zuzeneko familia-prestazioak baino; gainera, diru-sarrera gehiago izateagatik errenta-aitorpena egin behar dutenek soilik lortzen dute kenkarien onura. Familiak babesteko politiken ahuleziaren adibide bat baino ez da.

(Eusko Ikaskuntzak bultzatutako liburu berderako ekarpenaren zatia.)

“No deseo ser tratado por el sistema público de servicios sociales como parte de un colectivo”

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El sistema público de servicios sociales puede llegar a ser, como ya lo son el sanitario, el educativo o el de pensiones, para una mayoría de la gente, hoy y aquí, una fuente de seguridad y satisfacción a lo largo de nuestro ciclo vital. Puede desarrollarse y transformarse en un mecanismo eficaz, para toda la población, en la prevención y abordaje de necesidades que pudiéramos sentir en función de cambios en nuestra autonomía para las decisiones y actividades de la vida diaria o nuestras relaciones familiares y comunitarias.

Uno de los obstáculos para lograr ese desarrollo es la concepción operante en buena parte de las dinámicas y estructuras que funcionan en nuestros servicios sociales según la cual éstos son servicios para determinados colectivos o, todavía peor, servicios integrales para ellos. Dicho de otra forma: hasta que nuestra autonomía funcional o integración comunitaria no se deterioren lo suficiente como para poder ingresar en una de esas categorías, poco podemos esperar de los servicios sociales; y cuando se nos considere miembros de uno de esos segmentos poblacionales vulnerables, lo más probable es que seamos, para siempre, sin vuelta atrás, miembros de ese grupo (y, para los servicios sociales, sólo de él).

Nuestras organizaciones del tercer sector de acción social tienen una gran parte de responsabilidad en este problema que lastra el desarrollo del sistema público de servicios sociales. Sin duda, es muy positivo que las personas nos agrupemos solidariamente en función de circunstancias que nos afecten o desafíos que sintamos compartir. Sin embargo, el modelo de intervención y organización de unos servicios sociales universales y centrados en la persona, incluso cuando concierten prestaciones con la iniciativa social, no puede basarse en la segmentación que se deriva de esa autoorganización de la ciudadanía.

La frase que encabeza este artículo quiere expresar la aspiración a contar con un sistema público de servicios sociales capaz de brindar a todas las personas los cuidados, productos, apoyos e intervenciones capaces de complementar y optimizar nuestra autonomía funcional y relaciones primarias cotidianas en la diversidad sexual, funcional, generacional y cultural presente en la comunidad. Es tarea de los poderes y administraciones públicas y de la organización solidaria de la sociedad civil transformar y reorientar los servicios sociales para que, cada vez menos, nos encuadren en colectivos y, cada vez más, nos apoyen, de forma preventiva y personalizada, para vivir en la diversidad comunitaria.

(Sobre estas y otras cuestiones hablaremos esta semana en la cooperativa SSI, en el Ayuntamiento de Platja d’Aro, en la Fundació Tutelar de las Comarques Gironines y con Argia Fundazioa.)

Ordenando la acción intersectorial para el bienestar

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La complejidad de las necesidades y situaciones a las que han de dar respuesta las políticas públicas y los diversos agentes interesados o implicados en ellas parece llamar, lógicamente, a algún tipo de colaboración entre diferentes agentes, de integración entre distintos procesos, de actuación conjunta de estructuras o de coordinación entre partes. Partiendo del predominio de las políticas (sociales o no) y estructuras especializadas sectoriales y situándonos en un hipotético territorio de ámbito local (sin ulterior especificación), se propone un esquema de clasificación de iniciativas o propuestas, en las que, se propone:

  1. Utilizar el término coordinación cuando predomina la dinámica propia o autónoma de los agentes o las partes pertenecientes a diferentes sectores de actividad.
  2. Utilizar el término dirección cuando es una autoridad jerárquica (política) la encargada de la conjunción o coherencia de la actividad de las partes o agentes.
  3. Utilizar el término integración en la medida en que determinados procesos (series de actividades, cadenas de valor) intersectoriales cobran fuerza y estabilidad.

Por otra parte, podría diferenciarse cuando el marco de referencia de esa acción más o menos conjunta es:

  1. Ninguno en particular.
  2. Una política sectorial (es decir, referida a un sector de actividad).
  3. Una política transversal (entendida como una política parcial que atraviesa a las políticas sectoriales con alguna autoridad funcional sobre aspectos de ellas).
  4. Una política integral (entendida como una política general que incluye a las políticas sectoriales, con suficiente autoridad jerárquica sobre ellas).

Por último, habría que señalar que las diferentes dinámicas, procesos, funcionamientos o estructuras intersectoriales a las que nos hemos referido pueden combinarse:

  • Con una mayor o menor integración vertical o intrasectorial de los agentes implicados.
  • Con una mayor o menor dinámica colaborativa entre diferentes tipos y un número mayor o menor de agentes.

Aplicando este esquema a nuestra realidad actual, se trataría de razonar y trabajar en las siguientes cinco líneas de pensamiento y actuación.

  1. La universalización y redefinición de los contenidos de las grandes ramas de la política social, en el proceso de transformación de la asistencia social residual en los nuevos servicios sociales sectoriales.
  2. La integración vertical o intrasectorial en las políticas sociales y en otras políticas públicas en busca de la flexibilidad para trabajar a la escala territorial adecuada en el contexto de la crisis de la sostenibilidad relacional de la vida y de la globalización digital.
  3. La construcción de una arquitectura jerarquizada y homogénea a diferentes escalas para la gobernanza integral del bienestar y el desarrollo territorial, superando la actual improvisación, profusión y confusión de iniciativas intersectoriales.
  4. La integración intersectorial de la atención, en mayor medida en las interfaces calientes que son atravesadas por mayor número y mayor complejidad de itinerarios de las personas.
  5. El impulso público del trabajo en red en los ecosistemas sectoriales e intersectoriales de práctica y conocimiento, favoreciendo la innovación tecnológica y social.

(Fragmentos de la ponencia preparada para el congreso de la Red Española de Política Social, del 4 y 5 de octubre de 2018, que puede descargarse completa aquí. Sobre estas cuestiones hablaremos también el 2 de octubre en una conferencia organizada por el Ayuntamiento de Manresa y, en esta misma semana, en un encuentro de Sant Joan de Deu.)