Renta de Garantía de Ingresos: visión de futuro

Rubial 181017

Recientes investigaciones realizadas o dirigidas por Sara de la Rica demuestran que la Renta de Garantía de Ingresos vasca es muy eficaz en el combate contra la pobreza y, especialmente, en el caso de las personas en peor situación. También se revela como una herramienta útil para la disminución de la desigualdad. Sin embargo, estos estudios reflejan su limitada sensibilidad al aumento del tamaño de las unidades de convivencia (lo que perjudica especialmente a las familias con más hijas e hijos) y ciertas ineficiencias que debieran conducir a cambios que posibilitaran una mejor asignación de los recursos a los diferentes segmentos de personas destinatarias. La evidencia obtenida sugiere, por otro lado, que la RGI no retrasa el acceso al empleo de quienes la reciben. Se echan de menos, sin embargó, unas políticas activas de empleo de mayor cobertura e intensidad, especialmente en el caso de las personas jóvenes, tanto perceptoras como no perceptoras de la RGI.

Xabier Aierdi, por su parte, se ha acercado al estudio de la opinión pública en relación con la Renta de Garantía de Ingresos y encuentra, en la sociedad vasca, una considerable masa crítica (mayoritaria) de apoyo a este pilar de nuestro sistema de bienestar, más allá de lo que pueda escucharse en las barras de determinados bares o leerse en la en las portadas de ciertos periódicos. Hemos de fortalecer y ensanchar esa base de apoyo social a las políticas de bienestar, enlazando viejas y nuevas tramas de solidaridad, como vacuna o antídoto frente a fenómenos de fatiga o rechazo que, como vemos en países que fueron pioneros en la construcción del Estado de bienestar, muchas veces acaban por tener una influyente traducción en la esfera política.

Sea como fuere, la RGI (incluyendo la mejora continua de su control y gestión en Lanbide y, eventualmente, en las Haciendas Forales) no es sino una pieza más dentro de una estrategia que, además de la innovación en las políticas activas de empleo ya mencionadas, debe incluir avances en el campo de las relaciones laborales, la negociación colectiva y la calidad del empleo y una firme apuesta por los servicios sociales para el fortalecimiento de los lazos comunitarios (desde las diversidades) y la autonomía y autodeterminación de las personas. Todo ello en aras de una cohesión social y una emancipación personal para las cuales el dinamismo económico es condición necesaria pero no suficiente.

Seguramente, la pregunta acerca de la sostenibilidad de las políticas sociales universales no está correctamente planteada, dado que lo que parece evidente es que es la propia sociedad la que no será sostenible sin una potente estrategia de inversión social, con especial énfasis, hoy y aquí, en la orientada al bienestar, cualificación, vinculación, productividad y emancipación de las jóvenes generaciones.

(Notas a partir del encuentro organizado el 18 de octubre de 2017 por la Fundación Ramón Rubial. Clicando en su nombre se puede encontrar documentación de sus ponentes: Sara de la Rica y Xabier Aierdi. En el futuro, a demanda, podrá estar disponible más material compartido en este encuentro de la Fundación Ramón Rubial.)

Diez preguntas y respuestas exprés para definir un modelo de servicios sociales

171016

1. ¿Los servicios sociales serían un sector de actividad (económica) o algún tipo de sistema público (política pública)?

Sector de actividad económica con una política pública (sistema público) en su seno que garantice derechos universales.

2. ¿Cuál sería el objeto de los servicios sociales? ¿De qué parcela de necesidades sociales se ocuparían?

Interacción (autonomía funcional para la vida cotidiana en integración relacional: familiar y comunitaria).

3. ¿Qué constructos científicamente establecidos y medibles nos permitirían identificar y evaluar los resultados de los servicios sociales?

Autonomía funcional para las actividades de la vida diaria, autocuidado, autodeterminación personal, habilidades sociales para la convivencia cotidiana, apoyo social, relaciones primarias, cuidados familiares y comunitarios, estructuras familiares, vínculos comunitarios, activos comunitarios.

4. ¿Qué estrategias utilizarían los servicios sociales (como rama de la acción pro bienestar)?

(1) Prevención, (2) atención personalizada (atención centrada en la persona), (3) transformación de estructuras relacionales (enfoque comunitario, perspectiva poblacional, abordaje de los determinantes sociales de la interacción).

5. ¿Qué áreas de conocimiento, disciplinas o profesiones serían centrales en los servicios sociales?

Trabajo social, educación y pedagogía social, psicología de la intervención social.

6. ¿Cuáles serían los principales productos y actividades de valor (apoyos) que ofrecerían los servicios sociales?

Diagnóstico social, planificación personal, cuidados profesionales (asistencia personal), acompañamiento social (presencial o virtual), mediación familiar, dinamización de ciertos grupos, acción comunitaria, determinados productos de apoyo (ayudas técnicas), aplicaciones informáticas para la interacción, plataformas digitales para la interacción, incentivos económicos para la interacción.

7. ¿Cómo se estructurarían los itinerarios de las personas usuarias de los servicios sociales?

Los niveles de atención (primaria y secundaria) harían referencia a la ubicación (más o menos próxima a los domicilios de las personas) de aquellos servicios (conjuntos integrados de actividades profesionalizadas) con sede física. Las especializaciones profesionales se ubicarían en la primaria o en la secundaria en función de su masa crítica de destinatarias potenciales, potenciándose una triple dinámica:

  • El desarrollo de los servicios virtuales, domiciliarios y callejeros, en detrimento de aquellos que cuentan con sede física (ambulatorios, diurnos, nocturnos y residenciales).
  • La integración vertical, en función de la cual las especialistas ubicadas en secundaria van actuando más como consultoras de las de primaria que como profesionales a las que derivar a las personas usuarias.
  • La generación de nuevas especializaciones que vayan reemplazando a las tradicionales, usualmente vinculadas a grandes colectivos poblacionales, frecuentemente segregados en o por los propios servicios sociales.

8. ¿Cómo se estructurarían los itinerarios de las personas usuarias con necesidades complejas?

Según el modelo de atención integrada (horizontal o intersectorial) propugnado por la OCDE, UE y OMS, que obligaría a un proceso de reordenación y reposicionamiento en virtud del cual los servicios sociales irían entregando áreas a otros sectores (como la comprobación y asignación de medios para la subsistencia o el alojamiento de determinados perfiles de personas) y entrarían más en otras (como la atención a criaturas entre los 0 y 3 años o la intervención en el tiempo libre infantil y juvenil).

9. ¿Cómo se gestionaría el conocimiento para los servicios sociales?

Mediante la colaboración y la tracción entre las universidades, centros de investigación, instituciones reguladoras, prestadoras de servicio, institutos de evaluación, organizaciones profesionales y científicas, defensorías de derechos, agencias de difusión, consultoras, entidades asociativas ciudadanas, industrias auxiliares u otros agentes, en el marco de estrategias públicas, sectoriales e intersectoriales, de investigación, tecnología e innovación.

10. ¿Cómo se articularían los diversos tipos de agentes?

Mediante el liderazgo estratégicamente determinante de los poderes públicos, garantes de derechos, generadores de valor público y reguladores del ecosistema de los servicios sociales, se lograría la sinergia, en un modelo de innovación social, entre las diversas esferas implicadas en los procesos de intervención social (pública, privada, solidaria y comunitaria), de modo que cada una de ellas aportara al máximo según sus ventajas comparativas.

(Sobre estas cuestiones trataremos en el curso sobre planificación estratégica de servicios sociales organizado por la Diputación de Castellón los días 16, 17, 23 y 24 de octubre de 2017 y en la mesa sobre el modelo de servicios sociales del Congreso Estatal e Iberoamericano de Trabajo Social a realizar en Mérida los días 19, 20 y 21 de octubre de 2017.)

Cuatro afirmaciones tentativas sobre acción comunitaria

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Comunidad, acción comunitaria, intervención comunitaria, salud comunitaria, activos comunitarios, servicios comunitarios, atención comunitaria, desarrollo comunitario, organización comunitaria, trabajo social comunitario, psicología comunitaria, medicina familiar y comunitaria, enfoque comunitario, apoyo comunitario, mediación comunitaria y así sucesivamente. ¿De qué estamos hablando?

Cuatro ideas que quizá suenen raras pero que acaso ayuden a hacer distinciones y a ordenar e impulsar prácticas:

1. El territorio no forma parte de la esencia definitoria de la comunidad

Cabe definir las comunidades como entramados de relaciones primarias, entendidas como aquellas relaciones (familiares, de amistad, de convivencia o de reconocimiento) que las personas sostienen (y en las que las personas se sostienen) en gratuidad y reciprocidad. Pueden ser virtuales y no depender de la proximidad física, aunque en la medida en que somos cuerpos situados, físicamente dependientes, muchas comunidades y relaciones comunitarias tienen una importante y fundamental dimensión o carácter territorial.

2. Las entidades asociativas no son comunidad, como no lo son los servicios públicos o los negocios privados

Las organizaciones solidarias de la iniciativa social o tercer sector han ido adquiriendo densidad e identidad hasta el punto y de modo que constituyen una esfera diferenciada de la esfera comunitaria, tanto como lo puedan estar la esfera pública o la mercantil. Desde luego que hay asociaciones voluntarias notablemente imbricadas en el tejido comunitario, al igual que lo están determinados servicios públicos (como escuelas o centros de salud) o negocios (como restaurantes o comercios). La gestión de la complejidad social necesita de la autonomía y sinergia entre estas cuatro esferas, basada en la mejor comprensión de la diferenciación y relación entre ellas.

3. Los vínculos comunitarios pueden ser, razonablemente, propuestos como objeto de los servicios sociales

En su proceso de dejar atrás el asistencialismo residual y configurarse como otro sector universal, los servicios sociales pueden identificar la interacción (vinculación comunitaria con autonomía funcional) como el bien del que ocuparse. Obviamente, como les pasa a todas las grandes ramas de la política social con sus respectivos bienes de referencia (salud, empleo, subsistencia y así sucesivamente), unos servicios sociales a los que se especializase en la interacción (autónoma y comunitaria) necesitarían de la colaboración intersectorial para lograr sus fines.

4. Del mismo modo que la crisis ecológica evidencia la insostenibilidad del desarrollo económico capitalista, la crisis de los cuidados y la epidemia de aislamiento social evidencian la insostenibilidad del Estado de bienestar patriarcal

Los movimientos ecologistas, basados en el conocimiento científico, han demostrado la insostenibilidad medioambiental generada por determinadas masas críticas de efectos colaterales del modo de producción y consumo capitalista en la destrucción o deterioro de recursos naturales finitos e imprescindibles para la vida humana ecodependiente. Del mismo modo, el modelo predominante de Estado de bienestar (que cabe denominar patriarcal, en la medida en que da por descontados muchos cuidados y apoyos comunitarios mayoritariamente brindados por mujeres) se encuentra, posiblemente, en una crisis sistémica derivada de los efectos colaterales de destrucción, mercantilización y burocratización de cuidados primarios y vínculos comunitarios, también finitos e imprescindibles para la vida humana interdependiente.

(Entrada elaborada a petición de Eloi Mayordomo. Recoge reflexiones compartidas en una reciente sesión con el Colegio de Trabajo Social de Bizkaia y, especialmente, en un taller del eje de Acción Social de Barcelona en Comú. Se propone como punto de partida para un encuentro sobre voluntariado programado para el martes, 10 de octubre de 2017, en Zumarraga.)

Futuros imposibles para los servicios sociales

future

El futuro de nuestros servicios sociales no está en absoluto garantizado ni mucho menos es necesariamente prometedor. Es perfectamente posible que, más pronto que tarde, entren claramente en una dinámica de pérdida de terreno frente a otros sectores de actividad, sistemas públicos de servicios o agentes; de fragmentación en partes cada vez más desvinculadas entre sí y de mutación y enquistamiento que los vaya haciendo cada vez menos reconocibles y útiles para la ciudadanía.

De ahí el valor estratégico que adquiere que más y más personas y grupos vayamos estando cada vez más de acuerdo en los caminos reales por los que podemos avanzar (y en aquellos por los que no avanzaremos) en el proceso de construcción de esos servicios sociales universales, garantizados como derecho por los poderes públicos, basados en el conocimiento, personalizados, de enfoque comunitario e integrados que propugnan de forma prácticamente unánime nuestras leyes y políticas públicas o nuestras comunidades científicas y técnicas.

Por ejemplo, parece claro que cada vez tenemos menos futuro en el trabajo de comprobación y asignación de medios económicos a las personas. Los rápidos avances en el proceso tendente a la desaparición del dinero en metálico y a la digitalización del control de los flujos financieros conducirían a la centralización de dichas funciones en menos órganos administrativos, a su informatización y automatización y, por descontado, a sacarlos de las manos de personal técnico de formación universitaria para la intervención social.

Tampoco parece tener recorrido la (también tradicional) labor de clasificar a personas en categorías (como tramos de edad, discapacidades, dependencias o exclusiones) y después alojarlas en establecimientos colectivos específicos en función de dichas categorías. No sólo no tiene recorrido por las críticas que recibe la segregación grupal y desvinculación comunitaria por parte de las personas eventualmente destinatarias o de la comunidad de conocimiento, sino también por el incremento del número, diversidad y complejidad de situaciones que requieren apoyo de los servicios sociales y el carácter cada vez más obsoleto y disfuncional de las mencionadas categorías clasificatorias.

El análisis compartido acerca de estos y otros futuros imposibles de los servicios sociales (como el del control social, el de la activación laboral, el de la última red de inclusión social u otros) representan un baño de agua fría de realismo que hemos de combinar con el ejercicio ilusionante de construir futuros posibles, inéditos viables, modelos realizables de aportación de valor a toda la ciudadanía, seguramente centrados en aspectos de autonomía funcional para la vida diaria, autodeterminación y autoorganización personal, relaciones familiares positivas y vínculos y activos comunitarios. Porque otros servicios sociales son posibles.

(Reflexiones en un encuentro formativo con profesionales de los servicios sociales de Cantabria, con la propuesta de algunas lecturas complementarias sobre servicios sociales, en este blog, a escoger.)

Retos de la educación social en tiempos de globalización

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El concepto de globalización es, sin duda, uno de los más utilizados para intentar identificar un conjunto de cambios sociales en curso en las últimas décadas del siglo XX y las que llevamos del XXI y se refiere, fundamentalmente, a diversos efectos del desarrollo de tecnologías de la información y comunicación que están transformando radicalmente nuestro mundo laboral, económico, relacional y, en general, social.

En ese proceso de cambio que sentimos como acelerado, cada vez más personas nos vemos lanzadas a construir las que Ulrich Beck llamaba “biografías de bricolaje”, en la medida en que se multiplican las oportunidades y las amenazas para nuestras cada vez más diversas y cambiantes trayectorias laborales, familiares o, en general, personales.

En ese contexto, la educación social y, en general, las disciplinas y profesiones de la intervención social encuentran su gran ventana de oportunidad para construirse y ser vistas como áreas de conocimiento y de práctica de alto valor añadido para el conjunto de la población, en la medida en que ofrecen apoyos para el fortalecimiento de la autonomía y autodeterminación de las personas en el seno de sus relaciones familiares y comunitarias.

Privadas o liberadas (según se mire) del acceso a trayectorias biográficas como las de generaciones anteriores, mucho más predeterminadas por el lugar de nacimiento, el sexo, el primer acceso al mercado laboral o las redes familiares y comunitarias originarias, en la denominada por Beck “sociedad del riesgo”, las personas (además de atención sanitaria, cualificación e inclusión laboral; además de acceso al alojamiento o garantía de ingresos) necesitamos apoyos profesionales (a pie de calle, en nuestro domicilio, en las redes sociales u otros entornos comunitarios) que nos ayuden a prevenir, paliar o revertir situaciones de pérdida de autonomía para la vida diaria o de aislamiento o exclusión relacional.

Fenómenos tan preocupantes como la victoria de Donald Trump revelan hasta qué punto y de qué manera inseguridades personales o fracturas de identidad fraguadas y vividas en espacios microsociales pueden agregarse a escala macrosocial con peligrosas consecuencias. De ahí la necesidad de reforzar el compromiso del Estado de bienestar por el apoyo profesional de la educación social y, en general, de la intervención social (en los servicios sociales y también en otros sectores de actividad) a la coproducción de bienes relacionales en el seno de comunidades inclusivas para que más y más personas afrontemos cada vez mejor el bricolaje de nuestra vida.