Harremanetan eta komunitatean oinarritutako gizarte politika

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Elkarrekin lotuta dauden sakoneko gizarte-aldaketa batzuk industria-gizarteen ohiko ongizate-oreka aldatzen ari dira nabarmen. Testuinguru horretan, harremanezko ondasunen suntsipen masiboa gertatu da, familia-sareei laguntzeko gaitasuna nabarmen ahuldu da, urduritasuna dago euskarri eta nortasun komunitarioei dagokienez eta, azken batean, gizarte-zatiketari eta -polarizazioari dagokionez, arrisku eta prozesu berriak ikusten ditugu. Egoera horren aurrean, honako erronka hau dugu: erantzukizun publikoa ulertzea, konprenitzea eta azpimarratzea harremanezko ondasunei, konfiantza-sareei, familia- eta komunitate-bizitzari dagokienez. Politika publikoak harremanezko kapitala sortzen lagundu behar du, egitura-kapitalaren, kapital intelektualaren eta kapital ekonomikoaren eremuetan laguntzen duen bezalaxe.

Mota horretako politika soziala (harremanezkoa eta komunitarioa) zerbitzu pertsonaletan eta autonomia funtzionala sustatzen duten esku-hartze kolektiboetan, aktibazio komunitarioan eta autokudeaketa sozialean oinarritzen da. Politika horrek familia-, auzo- eta komunitate-bizitza nahiz bizitza hori bizitzako beste alderdi batzuekin batera dadin lagundu eta sustatu nahi du etengabe. Horrek esan nahi du sinergiak bilatu behar direla botere publikoek bermatzen dituzten gizarte-eskubideen eta herritarrek gauzatzen dituzten gizarte-erantzukizun sozialen artean, hainbat formula erabiliz, hala nola formula asoziatiboak eta kooperatiboak, altruistak edo mutualistak.

Ongizate-zerbitzuek ihes egin behar dute pertsona-sareak eta -inguruneak ordezteko joera duen ikuspegi asistentzialista eta burokratizatzailetik, eta harreman- eta komunitate-ikuspegia beren gain hartzen eta ikuspegi hori, hots, pertsonek hautatu duten ingurunean egoteko eta pertsona horien bizi-kalitatearen kudeaketari dagokionez, beste pertsona batzuekin sarean erantzukidetzeko aukera emango dieten euskarri malguak ematera bideratuta dagoen ikuspegia aplikatzen jarraitu edo hasi behar dute.

Planteamendu hori ez da egiten familia- eta komunitate-euskarriak indartsuak direlako. Baizik eta, gure ustez, planteamendu horren ahultasuna dela medio, esku-hartze publikoak ez duelako hura desaktibatzen lagundu, ezta ordezko formulen bitartez ordezkatzen ere, nahi izango litzatekeen bezala. Planteamendu hori egiten da zeren botere publiko babesle eta proaktibo batzuen eta familia- eta komunitate-sare abegitsu eta eraginkorren arteko lotura berri batean soilik pentsa baitaiteke politika publikoa nahitaezko tresna desmerkantilizatzaile gisa eta, azken batean, pertsona guztien –gizarte duin batean askeak eta arduratsuak izan nahi dutenak– giza duintasunaren errespetuzko sustatzaile eta babesle eraginkor gisa berrasmatu behar dela.

Políticas integradas de bienestar: cinco claves

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La garantía universal de los derechos sociales demanda, hoy y aquí, la construcción de una nueva generación de políticas públicas capaces de dialogar e integrarse entre sí, teniendo en cuenta, según nuestra propuesta, las siguientes cinco claves:

1. Gobierno territorial del bienestar

Las actuales políticas sociales (sanidad, servicios sociales, vivienda y otras) necesitan un ámbito territorial/poblacional suficiente (masa crítica) para ser eficaces y eficientes y el gobierno de su imprescindible integración intersectorial no puede hacerse (sólo) tomándolas de dos en dos sino (también) de forma conjunta, de modo que las mesas o redes intersectoriales (en diferentes niveles) no se refieran al objeto de una de las ramas sectoriales (la salud o el empleo, por poner dos ejemplos) sino a la finalidad conjunta de todas ellas: el bienestar (y, ojalá, la felicidad).

2. Fondos estratégicos de transformación

Una parte del presupuesto de las políticas sociales debe utilizarse para fomentar la investigación, desarrollo e innovación que, de abajo hacia arriba, genere nuevos servicios, programas e iniciativas escalables que puedan aportar cierta trazabilidad y seguridad (agua en la piscina) a las decisiones políticas (lanzarse a la piscina) capaces de reorganizar y transformar el sistema de bienestar y de generar crecientes impactos, retornos y sinergias económicas/empresariales/laborales, voluntarias/solidarias, políticas/electorales y relacionales/societales.

3. Cualificaciones profesionales para la coproducción

Una atención integrada centrada en la(s) persona(s) se construye escuchando las voces de sus destinatarias, usuarias o participantes, de la ciudadanía activa, en clave de coproducción multiagente, lo que exige un salto en la cualificación profesional y aportación de valor del personal y sus equipos, en el seno de comunidades de conocimiento sectoriales e intersectoriales, disciplinares e interdisciplinares, en las que se construyen, se deconstruyen y se hibridan especializaciones de muy diferentes tipos.

4. Microsegmentación basada en el conocimiento

Superando la tradicional macrosegmentación en grandes colectivos poblacionales percibidos como estáticos y estancos, la personalización en los servicios de bienestar (educativos, sanitarios, sociales u otros) avanza gracias a procesos de microsegmentación apoyada en constructos científicos, instrumentos de diagnóstico/evaluación y gestión/ interoperabilidad de la información que posibiliten acciones preventivas, alertas tempranas e itinerarios flexibles favorecedores de la consecución de resultados valiosos para las personas.

5. Reinvención de la comunidad desde la diversidad y la complejidad

No hay sostenibilidad social posible si no somos capaces de construir nuevas dinámicas de cuidados primarios y, en general, vínculos familiares y comunitarios (un nosotras inclusivo) desde la igualdad/diversidad de género, generacional, funcional y cultural, desarrollando una inteligencia (musculación) ética que nos permita acoger y acompañar colectivamente las situaciones de complejidad que todas las personas podemos atravesar en los diferentes momentos de nuestro ciclo vital.

(A modo de conclusiones/tendencias extraídas del reciente congreso sobre servicios sociales realizado en Vic, al que corresponde la fotografía.)

Historias de la atención (des)integrada

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8:00 horas. Ana, JUAP (Jefa de Unidad de Atención Primaria) del Centro de Salud del Casco Viejo de una ciudad del País Vasco, llega a su trabajo, rememorando el curso sobre salud comunitaria en el que acaba de participar y del que ha salido decidida a constituir una red de acción en salud, a la que invitar a participar a diversos recursos o activos comunitarios. Pone en Google las palabras “jefe+asistentes+sociales+Casco+Viejo” y el nombre de su ciudad y, en el listado de participantes en un reciente congreso celebrado en Logroño, descubre a Yolanda, Coordinadora del Servicio Social de Base del Casco Viejo de su ciudad. Le telefonea y Yolanda accede encantada a participar en la reunión constitutiva de la red y se compromete a avisar a Roberto, su primo segundo, al que, casualmente, ha correspondido este año la dirección de una de las escuelas del barrio.

9:30 horas. Mikel, enfermero del Centro de Salud del que es jefa Ana, accede al domicilio de Emilia, un quinto piso sin ascensor, para unas curas en la pierna derecha, tras una caída a consecuencia de una madera carcomida que cedió en el suelo de su casa. Casualmente coincide allá con Miren, arquitecta de la Sociedad Municipal de Rehabilitación, que está efectuando una inspección del edificio. Miren invita a Mikel a tomar un café y le convence de que propongan a sus respectivas jefas reunirse pues, en opinión de Miren, el personal sanitario puede ser un valioso recurso para la detección de viviendas en mal estado. Cuando Mikel llega al Centro de Salud, se cruza con Ana, su jefa, y le dice: “Luego te cuento una cosa”.

11:40 horas. Ana tiene unos minutos para revisar el correo electrónico y lee uno colectivo enviado por Aitor, director de una asociación que trabaja en el barrio con niñas, niños, adolescentes y jóvenes. Con la subvención de una fundación bancaria están empezando a implementar un proyecto de desarrollo comunitario y convocan a diferentes agentes para iniciar una dinámica de coordinación y trabajo en red.

12:10 horas. Javier, médico del mismo Centro de Salud, atiende a Arantza, quien le pide un certificado médico para justificar ante Lanbide (Servicio Vasco de Empleo) su ausencia a una cita, que puede acarrearle la suspensión de la Renta de Garantía de Ingresos, el mismo día en que una policía municipal, en tareas de colaboración con Lanbide para la detección de fraudes en la RGI, la había encontrado en su casa. Javier anota sugerir a su jefa, Ana, una reunión con el director de la oficina de Lanbide para, quizá, elaborar y acordar un protocolo de actuación para este tipo de situaciones.

13:25. Ana recibe la llamada de Roberto, primo de la Coordinadora del Servicio Social de Base, y, a la sazón, director de una de las escuelas del barrio. Él también quiere organizar una mesa intersectorial para abordar el problema del TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y otros como el absentismo y el abandono escolar prematuro. Como Roberto ha accedido a participar en la red de acción en salud propuesta por ella, Ana se siente moralmente obligada a aceptar la invitación a la mesa intersectorial que propone Roberto.

13:55 horas. Los miembros del equipo del Centro de Salud del Casco Viejo de esta ciudad van llegando a la sala de reuniones, donde un comercial de una empresa farmacéutica les va a hacer una presentación. Van comentando algunos de los acontecimientos de la mañana y Ana escucha las propuestas de Mikel y Javier, recuerda las conversaciones que ella misma ha mantenido y el mensaje leído y, rascándose la barbilla, empieza a sospechar que hay algo que no están haciendo bien.

(Ilustración tomada de una actividad de la asociación Sartu-Álava.)

Conocimiento e integración de los servicios sociales

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Desde organismos internacionales como la OMS, la OCDE o la UE se impulsa con fuerza en este momento la integración de la atención como fórmula para el desarrollo de unos servicios de bienestar más centrados en las personas, más preventivos y comunitarios y, especialmente, más capaces de hacerse cargo de la complejidad social. Se trata tanto de una integración vertical dentro de cada ámbito sectorial como de una integración horizontal intersectorial.

Como mostraron hace tiempo Vicente Ortún y Guillem López Casasnovas, la sofisticación (complejidad) de la demanda (necesidad) exige (y provoca) que el conocimiento gane importancia como factor productivo y que la atención se integre, empoderando en lo posible a los servicios y profesionales de mayor proximidad a las personas y a sus entornos. Sin embargo, el déficit de conocimiento y tecnología capaces de diagnosticar a personas y entornos y de medir resultados valiosos para las personas actúa como combustible o levadura para la burocratización de las organizaciones, la fragmentación de la atención, la ineficiencia de los profesionales y el agravamiento de los problemas.

Los últimos quince años en España han mostrado, en los servicios sociales, las limitaciones o fracasos de diversas estrategias de normativización de derechos, estructuración de niveles asistenciales, segmentación poblacional, catalogación de servicios, creación de carteras, fomento de la autonomía de las personas usuarias, interoperabilidad de la información, integración con servicios sanitarios u otras. Limitaciones o fracasos que, según nuestro análisis, se explican en buena medida por la debilidad de las disciplinas científicas, instrumentos de evaluación e intervención y cualificaciones profesionales en relación con las necesidades y situaciones de las personas que, entendemos, constituyen el núcleo duro del valor añadido esperable de los servicios sociales y que tienen que ver con el autocuidado y la autodeterminación de las personas en contextos y redes familiares y comunitarias (la iinteracción).

El reto es descomunal, pues se trata de salir del círculo vicioso entre agravamiento de la situación de las personas, fragmentación de la atención, burocratización de las organizaciones e insatisfacción del personal e impulsar el círculo virtuoso entre comunidad de conocimiento, integración de la atención, empoderamiento de las personas y sostenibilidad social, como propone Rick Muir. Ello requiere tanto de una más orientada investigación básica y aplicada, desde diversas áreas de conocimiento, que permita mejorar el instrumental de evaluación de los fenómenos y cambios de los que nos ocupamos en los servicios sociales como de experiencias piloto (prototipos) que vayan construyendo formatos e itinerarios de atención y calibrando su utilidad, viabilidad, legitimidad, transferibilidad, escalabilidad y sostenibilidad.

Sobre estas cuestiones hemos conversado en la pasada semana en diversos encuentros organizados por Servicios Sociales Integrados y de ellas hablaremos en la semana entrante en actividades organizadas por la Generalitat de Catalunya y, singularmente, en el I Congrés de l’Acció Social.