Los servicios sociales ante el reto de la ética

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Cuando se plantea la aplicación de la ética en el ámbito de los servicios sociales, posiblemente la referencia o inspiración principal sea la del desarrollo de la bioética en el ámbito sanitario.

Cabría decir que la bioética, como ética aplicada en el ámbito sanitario, ha sido impulsada en buena medida para hacer frente a los excesos o amenazas provenientes tanto de la razón tecnocientífica como de la razón burocrática. Considerando, en general, positivos los avances de la investigación médica y la innovación farmacológica y tecnológica, así como el desarrollo organizativo y político de los sistemas sanitarios públicos, la bioética emerge como un contrapeso esencial para la protección y promoción de la dignidad y los derechos humanos en ese ámbito.

Los servicios sociales, hoy y aquí, se nos aparecen como un sector de actividad que pretende dejar atrás su condición de intervenciones residuales destinadas a responder a cualquier necesidad de personas en situación de exclusión social, pero que no acaba de configurarse como un ámbito sectorial de carácter universal, basado en el conocimiento, con un objeto propio, como podría ser el de la protección y promoción de la interacción, entendida como autonomía funcional e integración relacional. En esa situación, difícilmente pueden los servicios sociales articular su mix de bienestar entre agentes y sus relaciones intersectoriales de diferenciación e integración con otros sectores de actividad, como puede ser el sanitario.

Sin duda, las tradiciones de la intervención social son portadoras de interesantes valores éticos y, también sin duda, los servicios sociales pueden beneficiarse de planteamientos, trayectorias y herramientas éticas procedentes de la sanidad. Sin embargo, la confusión entre el plano del conocimiento ético y el plano de la intervención técnica está, posiblemente, servida en tanto en cuanto no se acote y fortalezca la cadena de valor profesional y sectorial específica y definitoria del ámbito de los servicios sociales, esto es, en tanto en cuanto no definamos con claridad dónde terminan los aspectos de autonomía funcional e integración relacional que el conocimiento científico y técnico nos permite abordar en los servicios sociales y dónde comienzan los planteamientos éticos en relación con la autonomía y corresponsabilidad moral de las personas en sus entornos familiares y comunitarios.

En cualquier caso, sin embargo, la prolongación e intensidad de las relaciones de prestación de servicio y las situaciones de vulnerabilidad en las que frecuentemente nos encontramos las personas usuarias de unos u otros servicios sociales, representa un acicate para extremar el cuidado de las virtudes profesionales y la justicia institucional en el sector. Los demás asuntos y los necesarios instrumentos y estrategias de una ética de los servicios sociales, seguramente, vendrán después.

Sobre esto hablaremos el próximo jueves, 29 de septiembre, en una Jornada del IMSERSO. Para profundizar y contrastar estas cuestiones, acudimos a Marije Goikoetxea, por ejemplo aquí.

Nuevos enfoques para los servicios sociales ante la nueva realidad social

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Pretendemos hacer un análisis crítico y una reflexión propositiva acerca la medida y el sentido en que los servicios sociales españoles se encuentran inmersos en una crisis desde la que es necesario y posible vislumbrar e impulsar nuevos enfoques que den nuevas respuestas a nuevas realidades sociales. Lo hacemos apoyándonos en el contacto y conocimiento experiencial directo e interactivo de diversas realidades y agentes en los servicios sociales españoles, en el trabajo personal de sistematización realizado para la preparación de un libro sobre Diseño de políticas sociales y en una revisión de bibliografía reciente de referencia.

Hay pocas dudas acerca de que la crisis económica de los últimos años (crisis con derivadas y conexiones políticas y culturales) ha afectado notablemente a los servicios sociales. Al menos, de un lado, por la manera en la que ha impactado en las necesidades y demandas que se han venido presentando ante los servicios sociales, y, de otro, debido a los recortes o limitaciones presupuestarias que, en muchos momentos y lugares, han sufrido estos servicios. El análisis de las causas, efectos, cuantías y dimensiones de esta afectación, en todo caso, ha sido realizado en otros trabajos y no es el que se va a abordar aquí.

Nuestra aproximación, sin embargo, de carácter más bien cualitativo y exploratorio, intentará indagar en procesos y consecuencias de más largo aliento, de carácter más estructural. Se preguntará si antes, por debajo (valga la expresión) y más allá de la citada crisis, hay cambios sociales que están afectando de manera más radical o profunda a los servicios sociales. La hipótesis que se pretende bosquejar es que los procesos ligados al “cambio de época” que estaríamos viviendo en las últimas décadas explican más la crisis de los servicios sociales y orientan mejor a buscar la salida o superación de ésta que los fenómenos (coyunturales) ligados a la llamada “Gran Recesión”.

En la medida en que esta hipótesis fuera plausible, podría llegarse a sugerir que los análisis y propuestas que sólo tuvieran en cuenta la crisis económica de la que Luis Moreno denomina “edad de bronce del welfare” (a partir de 2008) –y no considerarán, desde un punto de vista más estratégico, los fenómenos vinculados al cambio de época– podrían ser considerados, al menos, como insuficientes y, si así fuera, podrían llevar, quizá, a decisiones inadecuadas para el futuro de los servicios sociales del tipo “más de lo mismo”. Intentaremos esclarecer en qué medida la que Moreno denomina “crisis interminable”, que se inicia en 2008, puede haber funcionado y estar funcionando como una cortina de humo que impide ver la crisis estructural (cambio de época) y como un freno para un cambio estratégico o en qué medida puede servir o llegar a servir como factor que agudice contradicciones y catalice el (o un) necesario giro estratégico o cambio de modelo en los servicios sociales.

(Adaptación del comienzo de un artículo de reciente publicación que puede descargarse completo aquí.)

Perspectives estratègiques en el tercer sector d’acció social

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Identifiquem quatre sectors diferenciats, cadascun dels quals proveeix diferents tipus de béns. D’una banda el mercat que es basa en les relacions d’intercanvi lucratives, d’altra el sector públic, que treballa en la garantia de drets i obligacions, i la comunitat, la qual es mou en el marc de les relacions primàries com són les familiars. La iniciativa social es situa enmig d’aquests tres, fronterer a la comunitat, el mercat i l’Estat, com una mena d’estació intermodal que gestiona béns comuns i basa les seves relacions en la solidaritat.

Si analitzem la situació del tercer sector d’acció social, veiem:

  • L’entitat, la resiliència de moltes i rellevants organitzacions (que, com a joncs, resisteixen sense perdre la seva forma) i l’avenç en la construcció de xarxes, federacions i confederacions.
  • L’avenç notable de dinàmiques de pressió, assistencialisme, burocratització i descapitalització social i estratègica de l’acció voluntària i el tercer sector en la crisi i l’aixecament truncat dels serveis socials, quart pilar de l’Estat del benestar (la qual cosa ha fet augmentar el nombre d’organitzacions zombis, de morts vivents que semblen iniciativa social però ja no ho són).
  • La limitada dinàmica d’innovació i transformació social (els brots, que sorgeixen molt més fora que dins del tercer sector d’acció social) i la molt limitada integració operativa entre les organitzacions fora del col·lectiu de referència.

Des d’aquesta lectura de la situació es pot apuntar cap a un relat estratègic en el que hi pot haver sinergies entre elements com:

  1. L’impuls d’organitzacions solidàries de certa escala i capacitat de gestió que aportin valor, en clau de concertació, en la construcció i universalització del sistema públic de serveis socials.
  2. L’apropiació i generació de models de gestió del coneixement i innovació tecnològica i social que representin arranjaments alternatius entre agents diversos.
  3. La gestió de la diversitat de tipus d’organitzacions en aliances i xarxes a nivell operatiu, de gestió i polític.
  4. L’aplicació d’un enfocament comunitari que potenciï la vinculació i l’apoderament de les persones en les seves relacions i xarxes primàries.
  5. La diversitat de fórmules de relació entre les organitzacions solidàries i les institucions polítiques i de repolitització de la iniciativa social.
  6. La tornada de les organitzacions a les seves arrels i la reconstrucció del seu subjecte i designi estratègic, com a productores, gestores i defensores de béns comuns.
  7. L’abordatge del repte de la sostenibilitat de les organitzacions, amb regles de joc assumibles de raonable estabilitat.
  8. La institucionalització i reconeixement del tercer sector d’acció social, de la política pública de foment de la iniciativa social i del diàleg civil.
  9. La densificació de la solidaritat en les organitzacions; solidaritat que és la seva senya d’identitat, raó de ser i aportació a les persones i a la societat.

Quin relat i, sobretot, quines pràctiques relegitimaran i reconnectaran a les entitats del tercer sector d’acció social en la vella i sempre nova tasca de construir comunitat política, llaços fraterns, béns comuns, ètica ciutadana, significats compartits, valor públic i sostenibilitat social?

(Adaptat del document elaborat per l’Observatori del Tercer Sector, sintetitzant i traduint al català una intervenció en una jornada de ECAS Acció Social. Al voltant d’aquestes qüestions es parlarà el 17 de setembre amb la associació Alba de Tàrrega.)

Construint la casa comuna de la intervenció social

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Proposem denominar intervenció social l’activitat operativa pròpia dels serveis socials. I proposem acceptar que, avui i aquí, hi ha tres grans professions i disciplines de la intervenció social: el treball social, l’educació social i la psicologia de la intervenció social. Això vol dir que totes tres assumeixen que són socials en la mesura que protegeixen i promouen la interacció (autonomia funcional i integració relacional: finalitat que atribuïm als serveis socials) i no en el sentit més ampli del conjunt de la política social.

La nostra visió és que, avui i aquí, és més estratègic per al treball social, l’educació social i la psicologia de la intervenció social aplicar-se en la construcció i enfortiment de la casa comuna de la intervenció social que destinar energies a identificar o delimitar l’habitació de cada una.

L’educació (i pedagogia) social, el treball social i la psicologia de la intervenció social i els seus professionals i docents han d’alinear els seus esforços des de consensos bàsics. El principal, al nostre entendre ha de ser la superació de la versió o visió de la intervenció social com una intervenció per a col·lectius poblacionals especials, vulnerables o exclosos. Des del nostre punt de vista, per a la intervenció social i per als serveis socials és crític concebre’ls i produir-se com una oferta per a totes les persones, per a qualsevol persona.

D’altra banda, el fet que, avui i aquí, l’educació (i pedagogia) social, el treball social y la psicologia de la intervenció social tinguin, al nostre entendre, el seu lloc preferent (d’actor protagonista), com a professions i disciplines de la intervenció social, en l’àmbit dels serveis socials no exclou en absolut que puguin estar i hagin d’estar presents en altres àmbits sectorials (com a actor secundari), en altres àmbits de la política social (com salut o habitatge) i en àmbits sectorials no considerats socials, com la justícia o la protecció civil, per posar-ne dos exemples.

Professionals i docents del treball social,de l’educació social i de la psicologia de la intervenció social, sens dubte, han d’assumir responsabilitats de gestió organitzacional i de govern polític (o, alternativament, de reivindicació militant), però segurament, en aquest moment, l’aportació més estratègica que poden fer per a l’impuls de les polítiques socials és, al nostre entendre, omplir de contingut científic i tècnic els processos d’intervenció social, per tal de contribuir al fet que cada vegada es percebin com a més valuosos per part de la ciutadania.

(Adaptat de part d’un article publicat a Quaderns d’Educació Social. Il·lustració de Virinia Chavira per a la portada de la revista.)

El diseño social en las políticas sociales

Diseño social

Nos situamos en el campo de las políticas sociales, entendidas como un subconjunto convencionalmente establecido de las políticas públicas y, en todo caso, como un ámbito de estudio y actuación interdisciplinar en el que son relevantes diversos tipos de conocimiento (científico, tecnológico, practicó u otros). Para definir el concepto de políticas sociales, es relativamente sencillo comprender el sustantivo política, pero bastante más complejo hacerlo con el adjetivo social. En todo caso lo intentamos, señalando que una política puede ser adjetivada como social en la medida en que:

  • Contribuye a la redistribución de recursos económicos.
  • Impulsa la igualdad de oportunidades, de trato o de resultados.
  • Proporciona prestaciones que dan respuesta a una serie de necesidades sociales y aspiraciones legítimas.
  • Ofrece seguridad frente a determinadas contingencias o riesgos que se quieren asumir colectivamente.
  • Genera capital humano.
  • Previene, palía o revierte situaciones de exclusión social.
  • Facilita la construcción de lazos relacionales, vínculos comunitarios o cohesión social.

A partir de ese primer aterrizaje, intentamos reflexionar sobre la importancia, alcance y las propuestas del diseño de las políticas sociales. Ello es especialmente conveniente en un contexto en el que son frecuentes las políticas no basadas en el conocimiento y en el que el conocimiento reconocido al respecto no incorpora, muchas veces, referencias al diseño (la forma) sino más bien al tamaño (el gasto o inversión social).

Reparemos en que cuando hablamos de diseño social (como cuando hablamos de innovación social) parece que nos referimos a que ese diseño (o esa innovación) será social en los fines y en los medios. Para entender lo que quiere decir ser social en los fines, nos remitimos a los siete puntos que acabamos de señalar. ¿Y qué querrá decir ser social en los medios? Pues, seguramente, que el diseño será practicado como un proceso de construcción participativa en el que tomarán parte equitativa e interactiva los diversos agentes afectados o interesados. Y que dicho diseño participativo prefigurará y determinará una ejecución y evaluación también participativas.

En la ilustración resumimos los elementos o factores tractores y detractores del diseño social en el actual contexto de las políticas sociales, intentando bosquejar algunos perfiles del diseño social que podrían contribuir a la mejora de la calidad y la legitimación de nuestras políticas sociales.

Sobre estas cuestiones conversaremos hoy en un curso de verano de la Universidad del País Vasco apoyándonos en la presentación que puede descargarse aquí.

El debate de las pensiones y la apuesta por los servicios sociales

Welfare concept.

Dentro de nuestro sistema de protección social las pensiones de jubilación están pensadas para dar respuesta a las necesidades de subsistencia de las personas tras la finalización de su vida laboral. ¿Cuál es la racionalidad de dar una cantidad fija de dinero mensual para cubrir tales necesidades? Por una parte, en general, es más eficiente la prestación económica que la prestación en especie (por ejemplo, de comida o vestido) por existir para dichos bienes un mercado razonablemente accesible y organizado (una vez se dispone de dinero). Por otro lado, es racional la técnica de la cantidad fija mensual pues, por lo general, las personas tenemos una necesidad bastante similar y constante en lo que toca a la subsistencia material.

Si nos fijamos, sin embargo, nuestro sistema de protección social opera de forma radicalmente distinta con nuestras necesidades en el ámbito de la salud, en el que se organiza en forma de aseguramiento colectivo de la prevención y abordaje de contingencias, mediante intervenciones y servicios profesionales. ¿Cuál es la racionalidad en este caso? En este caso, la heterogeneidad, discontinuidad y complejidad de las necesidades y respuestas sanitarias desaconsejan el uso de la técnica de la prestación económica estable y recurrente y hacen que sea mucho más eficiente la prestación en especie en función de contingencias evaluables y, en definitiva, la articulación de sistemas sanitarios públicos.

Pues bien, posiblemente el principal reto que tiene ante sí nuestro sistema de protección social sea el del incremento de las necesidades relacionadas con la interacción de las personas, es decir, las necesidades de cuidado o apoyo profesional que surgen cuando nuestras redes primarias no son capaces de hacer frente a nuestras limitaciones funcionales temporales o permanentes. Si bien estas necesidades pueden presentarse en cualquier momento de nuestro ciclo vital (de hecho son enormes y universales nuestras limitaciones funcionales en los primeros años de vida), se concentran de forma especial entre las personas mayores, por la creciente prevalencia de la discapacidad y la disminución de la red primaria disponible en esa época de la vida.

Posiblemente, una buena parte de nuestra preocupación por las pensiones de jubilación viene inducida por la previsión de la eventualidad de necesitar (y tener que pagar) cuidados y por la debilidad actual del sistema público llamado a la prevención y abordaje profesional de las necesidades relativas a la interacción de las personas, el sistema público de servicios sociales. Sin embargo las características y distribución de dichas necesidades harían posiblemente más racional y eficiente la apuesta, ante tales contingencias, por el fortalecimiento del sistema público de servicios sociales que por su pretendida cobertura mediante las pensiones de jubilación. Cabe preguntarse, por tanto, en qué medida el debate sobre las pensiones no debiera conectarse más con el debate sobre los servicios sociales.