Garantía de ingresos e intervención social

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La intervención social y sus profesiones y disciplinas (como el trabajo social, la psicología o la educación social) aportarán más valor en tanto en cuanto más se concentren en su objeto propio: la interacción, es decir, ese delicado equilibrio humano entre, por una parte, lo que somos capaces de hacer (y decidir hacer) autónomamente en nuestro desenvolvimiento cotidiano y, por otra parte, los cuidados, apoyos y relaciones familiares y comunitarias. La contribución que la intervención social (y, por tanto, los servicios sociales) puedan hacer a los fines de otros ámbitos sectoriales (como salud, aprendizaje, empleo, alojamiento o subsistencia) y a los fines compartidos de la acción pro bienestar (como la inclusión social) dependerá de las sinergias entre el fin propio y los otros fines y no de un pretendido carácter global, integral, general,  central o transversal de la intervención social y los servicios sociales.

En una sociedad compleja no puede existir ningún sector de actividad que se responsabilice globalmente (y menos aún residualmente) de los procesos de inclusión social. La atención a las personas en situación de exclusión social es, por igual, responsabilidad de todos los ámbitos. Una situación que se presenta como exclusión laboral puede beneficiarse de una intervención educativa; otra que emerge como aislamiento relacional puede ser abordada desde el sector de la vivienda; la que se manifiesta en el ámbito de la convivencia en el espacio público quizá requiera la atención desde el sector sanitario; aquella que aparece como carencia de recursos económicos para la subsistencia puede requerir de la protección judicial que acote y promueva la autonomía de la persona; y así sucesivamente.

La intervención social está, acertadamente, enfrascada en la tarea de crear más valor y ser más reconocida en su labor de diagnóstico social, prescripción facultativa y acompañamiento social y de minimizar el tiempo y atención dedicadas a tareas de gestión y entrega de la información y tramitación y control administrativos, que, en algunos casos, distorsionan la percepción y posicionamiento de sus profesiones y disciplinas. La contribución de la intervención social a los fines de una política de garantía de ingresos (sea desde estructuras o dispositivos específicos de garantía de ingresos o sea desde otras estructuras o dispositivos, como los de servicios sociales) no podrá consistir, por ejemplo, en controlar (¿vigilar y castigar?) ingresos y gastos de las personas. Incluso, cuando dicha actividad se ha pretendido asociar al acompañamiento social, entendemos que frecuentemente lo ha contaminado y desvirtuado.

(Se puede continuar con un desarrollo más amplio aquí, en el blog de la Fundación Hugo Zárate.)

Personas con más vida, sociedades con más generaciones

CES

Sin duda uno de los fenómenos más relevantes de la historia de la humanidad es el enorme aumento de la duración de nuestras vidas logrado en las últimas décadas, con el consiguiente enriquecimiento (en diversos sentidos) de las vidas individuales y los consiguientes dividendos demográficos (en palabras de la OIT) para sociedades más diversas en las que pueden convivir y relacionarse cada vez más generaciones.

Ahora bien, frecuentemente dichos logros coexisten e interactúan con otros fenómenos sociales, ciertamente menos deseables, como la disminución de la natalidad, la prolongación y precarización de los procesos de emancipación juvenil, la persistencia de inequidades de género o el incremento de las situaciones de dependencia funcional, en un contexto en el que posiblemente es cada vez más necesario reescribir el contrato social intergeneracional para la sostenibilidad de la vida. Todo ello representa:

  • Oportunidades y desafíos para el mundo de la economía y la empresa.
  • Oportunidades y desafíos para el sistema público de bienestar o protección social.
  • Oportunidades y desafíos para la planificación y gestión del proyecto de vida de las personas y de su autocuidado, cuidado y activación.
  • Oportunidades y desafíos para la vida comunitaria, las relaciones intergeneracionales y la solidaridad voluntaria.

Sea como fuere, frente a alarmas catastrofistas (ciertamente interesadas) sobre nuestra incapacidad de autogestionarnos como personas con más vida y como sociedades con superiores proporciones de personas mayores que las sociedades anteriores, hemos de señalar que nos encontramos, posiblemente, ante el logro social y económico más relevante de la historia de la humanidad y que representa tal mejora en términos de productividad, conocimiento y capacidad de autoorganización y autorregulación agregada que nos coloca en óptimas condiciones para gestionar los desafíos que el propio éxito acarrea.

(A partir de esta introducción se iniciará un debate convocado por el Consejo Económico y Social Vasco el 12 de julio.)

Situación y perspectivas del tercer sector de acción social

ECAS

Existe inquietud sobre la gobernanza e incidencia del tercer sector de acción social en el nivel político, en un contexto de preocupación por la relación entre éste y la comunidad, la Administración y, especialmente, iniciativas y movimientos sociales y alternativos emergentes en la crisis de los últimos años; iniciativas y movimientos que, en algunos casos, tienen su incidencia y presencia política e institucional.

El reciente estudio de la Plataforma de Organizaciones No Gubernamentales de Acción Social nos habla de:

  1. La entidad, la resiliencia de muchas y relevantes organizaciones (que, como juncos, resisten sin perder su forma) y el avance en la construcción de redes, federaciones y confederaciones.
  2. El avance notable de dinámicas de presión, asistencialismo , burocratización y descapitalización social y estratégica de la acción voluntaria en la crisis y el levantamiento truncado del cuarto pilar (aumentando el número de organizaciones zombis, de muertos vivientes que parecen iniciativa social pero ya no lo son).
  3. La limitada dinámica de innovación y transformación social (cuyos brotes surgen mucho más fuera que dentro del tercer sector de acción social) y la muy limitada integración operativa entre las organizaciones fuera del colectivo de referencia.

Desde esa lectura de la situación se puede apuntar hacia un relato estratégico en el quizá pueda haber sinergias entre elementos como:

  • el impulso de organizaciones solidarias de cierta escala y capacidad de gestión que aporten valor, en clave de concertación, en la construcción y universalización del sistema público de servicios sociales;
  • la apropiación y generación de modelos de gestión del conocimiento e innovación tecnológica y social que representen arreglos alternativos entre agentes diversos;
  • la gestión de la diversidad de tipos de organizaciones en alianzas y redes a nivel operativo, de gestión y político;
  • la aplicación de un enfoque comunitario que potencie la vinculación y el empoderamiento de las personas en sus relaciones y redes primarias;
  • la diversidad de fórmulas de relación entre las organizaciones solidarias y las instituciones políticas y la diversidad de formas de politización o repolitización de la iniciativa social;
  • el retorno de las organizaciones a sus raíces y la reconstrucción de su sujeto y designio estratégico, en tanto que productoras, gestoras y defensoras de bienes comunes;
  • el abordaje del reto de la sostenibilidad de las organizaciones, con reglas de juego asumibles de razonable estabilidad;
  • la institucionalización y reconocimiento del tercer sector de acción social, de la política pública de fomento de la iniciativa social y del diálogo civil; y, sobre todo,
  • la densificación de la solidaridad en las organizaciones, solidaridad que es su seña de identidad, razón de ser y aportación a las personas y a la sociedad.

¿Qué relato y, sobre todo, qué prácticas relegitimarán y reconectarán a las entidades del tercer sector de acción social en la vieja y siempre nueva tarea de construir comunidad política, lazos fraternos, bienes comunes, ética ciudadana, significados compartidos, valor público y sostenibilidad social?

(Sobre estas y otras cuestiones debatiremos el 8 de julio en una jornada organizada en Barcelona por ECAS. Más información aquí.)