Servicios sociales: apuesta de futuro

Begirada

El debate sobre el futuro de nuestro sistema de bienestar es, sin duda, un debate sobre el gasto público y la presión fiscal, es un debate sobre la envergadura y el signo del papel predistibutivo o redistributivo de los recursos económicos que deseamos que tengan los poderes públicos mediante la recaudación de impuestos, las regulaciones laborales o la inversión en políticas sociales.

También, sin duda, es una conversación sobre el equilibrio y la sinergia entre las prestaciones y servicios de garantía pública y el ejercicio de la responsabilidad o libertad individual, la autoorganización de las familias, los mecanismos de los mercados, la autogestión comunitaria, el emprendimiento social o las iniciativas solidarias. Equilibrio y sinergia que, seguramente, será diferente en los diversos sectores de actividad (como educación, vivienda, servicios sociales o sanidad).

Sin embargo cobra cada vez más importancia la reflexión sobre la composición sectorial o el diseño de los pilares de la inversión social. ¿Prestaciones económicas o servicios públicos? ¿Servicios públicos en qué ámbitos sectoriales? ¿Cómo recalibrar el reparto de responsabilidades y recursos entre la sanidad, la educación, los servicios sociales, los servicios de empleo, las políticas de vivienda y las de garantía de ingresos? ¿Cómo construir una atención integrada intersectorial?

En ese contexto parece razonable una apuesta especial, política y ciudadana, por los servicios sociales, entendidos como servicios universales que velen por el desenvolvimiento autónomo de todas las personas en sus relaciones familiares y comunitarias, bien sin el cual se hace cada día más difícil disfrutar de otros bienes sociales (la salud, el conocimiento, el empleo, el alojamiento o la subsistencia) y, en definitiva, del bienestar.

En las campañas electorales se habla mucho de educación, sanidad o garantía de ingresos (pensiones). Sin embargo, la construcción de una sociedad equitativa y sostenible en su diversidad de género, generacional, funcional y cultural depende en gran medida de la universalización y desarrollo de nuestro sistema público de servicios sociales.

Visibilidad, relato y perímetro de los servicios sociales: es posible

Yes we care

A pesar de la invisibilidad de los servicios sociales (nombrados como tales) en el debate político general, la apuesta por unos servicios sociales universales, próximos, personalizados, participativos, comunitarios y basados en el conocimiento y la tecnología puede funcionar. Hay argumentos para pensarlo:

  • Determinados cambios sociales (y su individualización, diversificación y complejidad) generan masa crítica de necesidades y riesgos sociales vinculados a la interacción (autonomía funcional/integración relacional), que entendemos como objeto de los servicios sociales. Hay, sin duda, base para un pilar del sistema de bienestar.
  • Específicamente, las necesidades relacionadas con los cuidados y con la conciliación de la vida personal, familiar y laboral presentan importancia creciente en las percepciones, expectativas y demandas de la ciudadanía.
  • Puede aportarse evidencia de que conseguir profesionalmente logros de calidad en lo que tiene que ver con la interacción de las personas tiene valiosas sinergias con la consecución de logros en lo relacionado con los objetos de las otras ramas de la política social (salud, conocimiento, empleo, alojamiento y subsistencia).
  • Los servicios sociales pueden tener un importante impacto en términos de equidad de género e intergeneracional.
  • Son considerables también los retornos económicos del desarrollo del sector de los servicios sociales en términos de empleo y de tejido empresarial.
  • Los servicios sociales realmente existentes tienen una estructura profesional e institucional suficientemente dotada y potente y, a la vez, suficientemente flexible y abierta, como para abordar el reto y el itinerario deseados.

Con todo, se ha de asumir que esta apuesta por los servicios sociales (hoy y aquí) sólo puede ser ganadora si tiene carácter estratégico, es decir, si se entiende que no es una apuesta táctica que conecta con demandas sociales maduras de agentes organizados o sujetos estructurados, sino una apuesta a medio plazo que resultará rentable profesional, política, económica y socialmente cuando se haya construido su marco de sentido y haya generado reconocimiento de quienes se vayan beneficiando de ella o puedan comprender que podrán beneficiarse de ella.

Porque, ciertamente, el relato de los servicios sociales no está escrito. Y se ha de reconocer que existen otros relatos alternativos que compiten con el que proponemos: el relato de la asistencia social residual; el relato de los servicios sociales (sólo) para colectivos especiales, vulnerables o excluidos; el relato de una intervención social (sólo) transversal; el relato de un sector, pilar o sistema sociosanitario; el relato del sector, pilar o sistema de atención a la dependencia; el relato de los servicios a la persona; el relato de las organizaciones voluntarias como agentes prioritarios o privilegiados de intervención social; y otros.

A la vez, los servicios sociales pueden tener que competir, en la medida en que no haya distribución, coordinación e integración adecuadas, con otras ramas o sectores por su posicionamiento ante la ciudadanía: con el sector educativo por la atención a la primera infancia, con el sector de la vivienda para brindar apoyos tecnológicos en el domicilio, con el sector sanitario en el terreno de los cuidados de larga duración, con el sector de la robótica acerca del significado de la interacción y así sucesivamente.

Obviamente, los relatos y los perímetros de los sectores de actividad o de los sistemas públicos no están ni pueden estar rígidamente preestablecidos, pero un modelo de servicios sociales como el que proponemos necesita sin duda un perímetro suficiente y un relato coherente. Y una apuesta inteligente por su posicionamiento estratégico.

(Fragmento adaptado de un artículo de próxima publicación en la Revista Española del Tercer Sector.)

La encrucijada de nuestros servicios sociales

Cantabria 3

Postulamos que el desarrollo de las políticas sociales en nuestro entorno lleva a su configuración, en buena medida, como una serie de pilares sectoriales (convencionalmente: sanidad, educación, servicios sociales, empleo, vivienda y garantía de ingresos), cada uno de los cuales está encargado, para toda la población, de la promoción y protección de un bien, para lo cual generan un conjunto de actividades y estructuras específicas. El entramado de la política social se completa con políticas transversales (como las de igualdad y gestión de la diversidad o la familiar) y políticas intersectoriales. Es en esta encrucijada estratégica en la que la crisis económica de los últimos años encontró a los servicios sociales españoles: en el tránsito entre una asistencia social residual sin objeto propio (o con todos los objetos: subsistencia, alojamiento y así sucesivamente) y dirigida a colectivos en situación de riesgo, vulnerabilidad o exclusión social (en general) y unos servicios sociales conceptualmente universales con catálogos y carteras capaces de delimitar el contenido del derecho subjetivo que se declaraba (o al menos intentando hacerlo).

Unos servicios sociales que, a la vez que empiezan a llegar a sectores poblacionales que nunca habían asomado por sus oficinas, no han sido capaces de metabolizar en forma de servicios sino de dinero (más de lo mismo) una buena parte de los recursos adicionales que ha supuesto la Ley sobre autonomía y dependencia. Unos servicios sociales en los que, a la vez que van madurando y empoderándose equipos y profesionales con responsabilidades técnicas, de gestión y políticas, presentan una “extraordinaria diversidad de esfuerzos, cobertura y derechos garantizados” (en palabras de la Asociación Española de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales). Unos servicios sociales que asumen en su seno el caudal de experiencia del tercer sector de acción social pero ante los que determinados movimientos alternativos señalan que “para superar los obstáculos burocráticos, la dificultad de una compleja maraña legal y una grave situación de desinformación, hemos comprobado que necesitamos ejercer nuestra inteligencia colectiva, compartir nuestras experiencias y saberes, incluso darnos apoyo moral en situaciones muchas veces desesperantes”. Unos servicios sociales en los que se trunca (o, al menos se retrasa el cumplimiento de) la promesa de levantarlos como cuarto pilar (junto a sanidad, educación y pensiones), pero, en todo caso, también, unos servicios a los que cabe aplicar lo que señala Margarita León: “En Europa, las políticas de cuidado o atención para niñas y niños y personas mayores han sido, a lo largo de las últimas dos décadas, una de las áreas más dinámicas en el desarrollo del Estado de bienestar. Tanto los cuidados de larga duración como la educación y cuidado de la primera infancia responden a cambiantes necesidades de cuidado o atención”.

Cantabria 2

(Fragmento adaptado de un artículo de próxima publicación en la Revista Española del Tercer Sector. Foto y diapositiva de la jornada del pasado viernes en Santander.)

Construyendo un nuevo modelo de servicios sociales

Cantabria

En la actual encrucijada el sistema público de servicios sociales se ve afectado en nuestro entorno por dos fuerzas de signo contrapuesto:

  • Las de ciclo largo (vinculadas al cambio de época) que lo impulsan a configurarse como un pilar sectorial y universal más del sistema de bienestar (junto a otros como la sanidad, la educación, la garantía de ingresos para la subsistencia, la vivienda o el empleo).
  • Las de ciclo corto (vinculadas a la crisis de los últimos años) que lo impulsan a configurarse como una asistencia social residual para colectivos minoritarios que quedan fuera de los otros pilares del sistema de bienestar.

La historia de los servicios sociales españoles en los últimos diez años ha sido la historia de la promesa incumplida de configurarlos como cuarto pilar (universal y sectorial) del sistema de bienestar y, en alguna medida, de la regresión (en el contexto de la crisis de los últimos años) hacia el asistencialismo residual y la misión imposible de conseguir con los colectivos vulnerables o excluidos lo que los otros sistemas o pilares no consiguen (salud, empleo, alojamiento, aprendizaje o subsistencia).

Esa historia nos ha enseñado que, para convertir los servicios sociales en un nuevo pilar sectorial del sistema de bienestar, no bastaba la apuesta política y la inversión pública sino que se ha revelado que teníamos un problema de modelo. El avance en el momento y en los lugares en los que ha habido apuesta e inversión ha sido decepcionante y contradictorio. La regresión fruto de la crisis (por intensificación de la demanda y por limitación de la oferta), rápida y dolorosa.

Se ha revelado que nuestros servicios sociales tenían y tienen tres asignaturas pendientes estructurales que estaban y siguen lastrando de forma radical su desarrollo como pilar del sistema de bienestar:

  • La identificación del objeto de los servicios sociales, es decir, la selección de las necesidades específicas a las que tendrá que dar respuesta este sector de actividad (y por tanto las prestaciones, apoyos o actividades de valor que permitirán conseguir los resultados deseados y que serán reconocidas como tales por la ciudadanía).
  • La definición del mix de bienestar correspondiente a ese objeto en este momento histórico en el marco social dado, es decir, la manera en que se articularán sinérgicamente los poderes públicos, los apoyos comunitarios, las iniciativas sociales y la empresa privada.
  • La reordenación del reparto de responsabilidades y las relaciones intersectoriales entre los diferentes pilares del sistema de bienestar, una vez dejada atrás la visión de los servicios sociales como asistencia social residual.

Sin identificación de un objeto propio (y desarrollo y fortalecimiento de las actividades de valor específicas de los servicios sociales), sin construcción de un mix de bienestar específico y sostenible y sin reordenación de los repartos, arreglos y relaciones intersectoriales (con sanidad, educación, empleo, vivienda y garantía de ingresos para la subsistencia) no es posible construir los servicios sociales como nuevo pilar del sistema de bienestar capaz de configurarse en parámetros de atención (integral e integrada) centrada en la persona.

(Sobre estas cuestiones reflexionaremos en la jornada organizada en Santander sobre la que hay más información aquí. Se puede descargar aquí el documento base del Gobierno de Cantabria para el proceso de elaboración de su plan estratégico.)

La gestión y la transferencia de conocimiento para un mejor desarrollo de los servicios sociales

Conocimiento 2

A la hora de comprender el contexto estratégico en el que se sitúa la actual encrucijada de los servicios sociales españoles, uno de los factores clave es el de la sociedad del conocimiento, entendida como aquella en la cual, en los diversos sectores de la economía, ganan valor los activos intangibles del capital intelectual de las personas y las organizaciones.

En ese contexto, las diversas ramas de las políticas sociales (y entre ellas los servicios sociales) se ven presionadas para configurarse, cada vez más, como proveedoras de servicios cada vez más personalizados y complejos y cada vez más basados en el mejor conocimiento disponible. Ello, junto a otros factores, obliga a los servicios sociales a identificar y acotar cada vez con mayor precisión su objeto de intervención y su específica cadena de valor.

Por ello, los servicios sociales en España se encuentran ante el reto de quemar etapas en la construcción de un ecosistema de conocimiento en el cual se potencien las sinergias entre los diferentes agentes, portadores cada uno de ellos de un tipo de conocimiento: científico, tecnológico, innovador, filosófico, práctico, estético u otros.

En ese contexto, es legítima la diversidad de estrategias que puede adoptar un centro de documentación y biblioteca, en cuanto una mayor o menor (y una u otra) especialización y en cuanto a una u otra integración vertical (actividades de los procesos anteriores o posteriores a las originales) u horizontal (otras actividades que necesitan las destinatarias de las actividades originales).

En la construcción de ese ecosistema de conocimiento, en cualquier caso, los centros de documentación y bibliotecas desempeñan un papel estratégico, en la medida en que ocupan una posición intermedia e intermediaria entre los agentes más orientados a la producción de conocimiento académicamente reconocido y los más orientados a la intervención, la gestión y la política. En esa posición intermedia, los centros de documentación y bibliotecas van ordenando el tráfico y construyendo un cierto canon del conocimiento vigente en cada momento.

En la construcción, validación y difusión de ese canon deben combatir activamente el postureo de los discursos o relatos (lenguajes de madera) que aparentemente suenan bien o que se instalan como modas pero que, en realidad, no resisten la prueba del algodón del contraste en alguno de los ámbitos antes mencionados (científico, tecnológico, práctico y así sucesivamente).

Terminaremos con una propuesta más arriesgada para los centros de documentación y bibliotecas del sector, invitándoles a una mayor proactividad en la construcción del corpus común de conocimiento sobre los servicios sociales, contribuyendo a superar las dinámicas disgregadoras de las diferentes disciplinas y especialmente de los distintos grupos de interés conectados a los colectivos poblacionales en torno a los que se han estructurado tradicionalmente el conocimiento y la acción en el ámbito de la intervención social.

(Resumen de la intervención preparada para un seminario organizado por el IMSERSO y el SIIS sobre el que se puede obtener más información aquí.)