El tercer sector: una estación intermodal

Colaboración

En la clásica representación gráfica de Victor Pestoff, la esfera del sector voluntario, la iniciativa social o las organizaciones solidarias queda en medio, con fronteras con la comunidad, el mercado y el Estado. Nos parece sugerente esa ubicación que a veces hemos comparado con la de una estación intermodal, que se relaciona simultáneamente con los otros tres espacios de los que proceden y a los que van diversos flujos. Posiblemente esas fronteras son más bien difusas o porosas y no es fácil trazar las líneas en las que acaba el sector solidario y donde comienza cualquiera de los otros tres; y seguramente hay organizaciones voluntarias o iniciativas solidarias más cercanas a la esfera económica, a la esfera política o a la esfera comunitaria. Se diría que la iniciativa social adquiere y muestra densidad e identidad en la medida en que se diferencia de las otras esferas, pero sólo puede hacerlo, paradójicamente, acercándose a ellas, relacionándose con ellas. Y por ello puede ocurrir que las entidades voluntarias:

  • Por la atracción fatal de la esfera del mercado, se mercantilicen, perdiendo base o enraizamiento comunitario y significatividad e impacto político.
  • Por el abrazo del oso de la esfera del Estado, se burocraticen, perdiendo base o enraizamiento comunitario y autonomía y sostenibilidad económica.
  • Por la llamada del establo caliente de la esfera comunitaria, se disuelvan, perdiendo significatividad e impacto político y autonomía y sostenibilidad económica.

Sin embargo, también puede ocurrir (y ocurre) que, en una relación sinérgica con los otros tipos de agentes (públicos, mercantiles y comunitarios) y con otros agentes del tercer sector, las organizaciones solidarias se afirmen y perfeccionen en sus señas de identidad. Si la lógica de funcionamiento en la esfera estatal tiene que ver con el derecho y la redistribución; si la dinámica de acción en la esfera mercantil tiene que ver con el intercambio (oneroso); si el valor añadido en la esfera comunitaria tiene que ver con el don y la reciprocidad; podremos hablar de una esfera de la iniciativa social, diferenciada de las otras tres, si su lógica de funcionamiento o dinámica de acción (que tendría que ver con la solidaridad) está suficientemente diferenciada, si aporta un valor añadido que las otras tres no pueden aportar. Y efectivamente, podemos sugerir que:

  • El don y la reciprocidad que se vive, en principio, en las redes primarias parece pedir una prolongación organizada que pueda ofrecer a esos valores defensa y protección y, a la vez, cierta traducción e incidencia política o económica.
  • El mundo de las instituciones públicas y de la política parece necesitar renovarse e incluso regenerarse con la ayuda, entre otras, de la interlocución con iniciativas de la sociedad civil portadoras de propuestas innovadoras o denuncias reivindicativas.
  • Desde la esfera mercantil parece pretenderse la relación con agentes o instancias menos orientadas al beneficio económico, en busca de responsabilidad y sostenibilidad social.

Nos encontramos, por tanto, ante un conjunto, enjambre o entramado heterogéneo de iniciativas, entidades y organizaciones que hunde sus raíces en el pasado aunque en cada momento histórico y entorno geográfico pueda adoptar configuraciones y denominaciones diferentes, de las cuales, por otra parte, tanto las propias entidades como sus entornos pueden tener mayor o menor conciencia. Entendemos, en todo caso, que la emergencia de entidades voluntarias de la sociedad civil, el surgimiento de la iniciativa social de organizaciones solidarias responde a lógicas profundas específicas y propias que han existido desde tiempo atrás (no a fallos más o menos coyunturales o estructurales de otros agentes o dinámicas) y es expresión, en cada momento histórico (y en éste) de reflexividad social, de capacidad de respuesta ante la complejidad, de aumento de la capacidad instalada agregada y sinérgica para hacer frente a las vulnerabilidades sociales y proteger y promover el bienestar. La realidad constatable en cada lugar y momento concreto dirá en qué medida se verifica o se desvirtúa esa promesa. Puede ser considerada una promesa exagerada, incumplida o incumplible, pero, como mínimo, merece la pena dedicarle atención, darle una oportunidad.

(Adaptado de Diseño de políticas sociales (CCS, 2014), introductorio de la ponencia para el CERMI de 31 de mayo en la jornada cuyo programa puede consultarse aquí. Ver resumen de la ponencia en la ilustración que encabeza la entrada.)

Políticas sociales: comunidad 4.0.

Begirada 5

En el imaginario más clásico de las políticas sociales pareciera que sólo nos encontrábamos con el Estado regulador y garante de derechos que cubre determinadas contingencias o responde a ciertas necesidades que no pueden dejarse al libre juego del mercado. Sin embargo, poco a poco, otras esferas de la vida social han ido abriéndose paso en ese escenario, por ejemplo la comunidad, ese entramado de relaciones primarias (familiares o no familiares) que nos permite disfrutar de los llamados bienes relacionales.

En una primera mirada la comunidad aparecía como destinataria de determinadas intervenciones sociales. Así, por ejemplo, en el mundo del trabajo social se ha distinguido el trabajo con individuos, el trabajo con grupos y el trabajo con el conjunto de la comunidad. Desde ese punto de vista, hacemos trabajo comunitario cuando en las actividades que organizamos participa de forma abierta un amplio abanico de personas conectadas entre sí, normalmente en un determinado territorio.

En una segunda visión, la comunidad aparece como entorno, como lugar, como espacio de proximidad en el que realizamos nuestras intervenciones y ubicamos nuestros servicios y centros. Realizar nuestras intervenciones en el entorno comunitario y ubicar nuestros servicios en un contexto de proximidad hace posible una atención más ecológica y sostenible a las necesidades de las personas. Serían los servicios “kilómetro cero”.

En un tercer momento, descubrimos la transversalidad de la comunidad, el enfoque comunitario como perspectiva que debe atravesar todas nuestras políticas e intervenciones, de suerte que la garantía pública de derechos y la intervención profesional contribuya sinérgicamente a fortalecer los vínculos primarios y las dinámicas participativas en la vida cotidiana de las personas.

Nuestra tracción a las cuatro ruedas, nuestro 4×4 se completa cuando descubrimos la integración comunitaria, la inclusión relacional como el objeto de uno de los grandes pilares del sistema de bienestar: los servicios sociales. Llega el momento en el que la interacción de las personas (la autonomía funcional para el desenvolvimiento cotidiano y la integración relacional de carácter familiar y comunitario) adquiere del estatuto de uno de los grandes bienes que debe ser protegido y promovido por uno de los grandes pilares del sistema de bienestar.

Inspirándonos en la política industrial, que propone la industria 4.0., podríamos decir que unas políticas sociales avanzadas, a la altura de la complejidad social en la que vivimos, requieren actividades comunitarias, necesitan de la ubicación de los servicios en el entorno comunitario, aplican de forma transversal el enfoque comunitario y construyen el pilar de los servicios sociales como aquel que se especializa en la construcción de relaciones comunitarias interactivas, significativas y sostenibles.

(La fotografía corresponde a un encuentro de begirada.org donde se publicará este artículo.)

Cambio de época y servicios sociales

19 mayo

Al elegir la expresión cambio de época para caracterizar la nueva realidad social que se identifica como contexto explicativo para la situación actual de nuestros servicios sociales, se quiere significar, aquí, que la envergadura interrelacionada de una serie de fenómenos sociales es suficiente como para obligar a un cambio –relativamente global– de modelo en la materia que nos interesa, es decir, la acción pro bienestar y, dentro de ella, específicamente, los servicios sociales. Peter Taylor-Gooby habla de la “doble crisis del Estado de bienestar” para hacer referencia al hecho de que, si bien los sistemas de bienestar de países como el nuestro se están viendo afectados por la crisis económica y financiera que comienza en el año 2008, existen fenómenos de cambio que vienen de más atrás (a los que Taylor-Gooby se suele referir como nuevos riesgos sociales) que representan un reto mucho más profundo, estructural y estratégico para las políticas sociales y, como veremos, específicamente, para los servicios sociales.

En la selección de fenómenos que se propone, cabría empezar refiriéndose a los avances en materia de conocimiento científico e innovación tecnológica, que configuran un tipo de sociedad en el que los activos intangibles ganan valor frente a los activos tangibles y el que se aceleran los procesos de destrucción creativa (innovación) de productos, servicios y, consiguientemente, de estructuras laborales y económicas, en un marco de globalización, mercantilización y financiarización de la economía que amenaza la sostenibilidad ecológica del planeta.

En ese contexto se produce también una individualización y diversificación de las trayectorias vitales de las personas, con aumento de la movilidad internacional y debilitamiento y precarización, entre otros, de los anclajes y vínculos laborales de muchas personas en un contexto de incremento (a escala global) de las oportunidades y de las amenazas para la calidad en el empleo y la seguridad y suficiencia en los ingresos de las personas.

Cabe referirse, en tercer lugar, a la prolongación de la esperanza de vida, que permite muchas más trayectorias vitales mucho más prolongadas y que configura una sociedad con mayor diversidad generacional. A la vez se incrementa la diversidad funcional ya que no sólo aumentan los años de vida libres de discapacidad sino que también aumentan los años de vida con discapacidad (y, dentro de las situaciones de discapacidad, de las situaciones de dependencia funcional).

Un cuarto fenómeno a considerar es el de la progresiva (aunque lenta, insuficiente y contradictoria) superación de la división sexual del trabajo, de modo que en nuestro entorno ya no se esperaría socialmente que las mujeres renuncien a un empleo remunerado para permanecer en el entorno domiciliario y comunitario brindando cuidados y apoyos gratuitos. Como fenómeno vinculado a éste, se produce el de la transformación y diversificación de las estructuras y dinámicas familiares.

En quinto lugar cabe referirse a la expansión de las expectativas frente al Estado de bienestar, formuladas cada vez más como derechos sociales, que colocan al Estado como gestor estratégico de necesidades sociales complejas tales como las que tienen que ver con la salud, el aprendizaje, la subsistencia o el alojamiento. Estado visto en buena medida como proveedor de servicios. Los propios éxitos en términos de calidad de vida y bienestar social en los principales pilares del sistema de bienestar fueron transformando su naturaleza y convirtiendo lo que inicialmente eran sistemas de aseguramiento (en buena medida mediante prestaciones económicas) frente a contingencias (pretendidamente) excepcionales en políticas cada vez más universales para la protección y promoción de bienes complejos mediante servicios e intervenciones basadas en la evidencia y el conocimiento.

Por último, se señalaría la diversificación cultural y moral de la población y consiguientemente la fragmentación (por sexo, por edad, por origen o por otros factores) de los sujetos sociales tradicionalmente segmentados por renta o por posición en el sistema productivo, sujetos sociales que son luego sujetos económicos, fiscales, electorales, políticos y así sucesivamente. En este contexto cabe ubicar los fenómenos de populismo y xenofobia.

(Fragmento del documento “Los nuevos servicios sociales en la transformación del sistema de bienestar” (completo aquí, PDF 25 páginas) que se presentará hoy en una jornada del Colegio de Educadoras y Educadores Sociales del País Vasco. La ilustración corresponde a la diapositiva que se proyectará.)

¿Reformar la Renta de Garantía de Ingresos (RGI)?

Lanbide

(Respuestas a un cuestionario de El Diario Vasco, publicadas el 15 de mayo de 2016.)

¿Necesita ser reformada la Renta de Garantía de Ingresos del País Vasco?

Nuestra Renta de Garantía de Ingresos (y, en general, nuestra política de garantía de ingresos mínimos para la subsistencia) necesita reformas que vayan haciéndola más universal; más sencilla de solicitar, gestionar y recibir; y más sensible a situaciones como la pobreza infantil, por ejemplo.

¿En qué sentido deberían ir los cambios?

Una de las medidas que contribuiría a esa universalización y simplificación sería que las personas que reciben la Renta de Garantía de Ingresos como complemento de una pensión (contributiva o no contributiva, de jubilación o de otro tipo) la recibieran (como un impuesto negativo) desde las Haciendas Forales.

¿Sacar a los colectivos de pensionistas y personas beneficiarias en situación de exclusión social crónica va a mejorar el funcionamiento de Lanbide?  ¿Qué efecto puede tener?

Alejar de Lanbide (Servicio Vasco de Empleo) a las personas que encuentran más obstáculos para su inclusión laboral tiene la misma lógica que alejar de Osakidetza (Servicio Vasco de Salud) a las personas con enfermedades más graves (es decir, no tiene lógica). La integración entre política de garantía de ingresos y políticas activas de empleo es más necesaria cuanto mayor sea la exclusión de una persona respecto del mercado de trabajo.

(Para ampliar estas reflexiones ver aquí anteriores entradas sobre garantía de ingresos en este blog.)

Los servicios sociales: veleros en la tormenta

Veleros

Ningún viento será bueno para quien no sabe a qué puerto se encamina (Carta III de Séneca a Lucilio)

Los veleros de la flota de los servicios sociales comenzaron el siglo XX en España con el viento en popa. Quienes estábamos dentro de ellos sentíamos, entre otros, el impulso del reconocimiento político y jurídico del derecho subjetivo a los servicios sociales y creímos que, con la energía de incrementos presupuestarios posibilitados por la bonanza económica, nos acercaríamos velozmente al puerto seguro que suponía configurarnos como el cuarto pilar del sistema de bienestar, tan universal y reconocido como otros que habían alcanzado antes ese lugar. Mirando hacia atrás, veíamos alejarse las costas del asistencialismo residual, del que nos podíamos alejar, también, por nuestros propios avances en la construcción de una intervención social cada vez más personalizada, comunitaria y basada en el conocimiento.

Sin embargo, a finales de la primera década de este siglo, el sentido del viento empieza a cambiar y nuestros veleros se ven envueltos en la tormenta de una crisis económica, política y social de magnitudes y características desconocidas. En esa situación algunos de nuestros veleros regresan, de forma más pasiva o activa, a las costas de una asistencia social que creíamos superada, arriesgándose, sin embargo, a chocar contra las rocas de una emergencia y una exclusión sociales de carácter crecientemente estructural y complejo. Otros intentan mantener el rumbo previsto, pero les falta la energía o el conocimiento que permitan gobernar la nave con el viento cambiante, muchas veces de proa. En la confusión, nos amenaza el desánimo por la fragmentación de la flota e incluso el riesgo de que nuestros barcos choquen entre sí y naufraguen, aumentando el ya de por sí numeroso contingente de víctimas de la tormenta.

Sin embargo es posible reorganizar la flota de nuestros servicios sociales. Sobre todo es necesario. Es necesario en una sociedad en la que, cada vez más, todas las personas precisamos, en diversos momentos y procesos, apoyos profesionales basados en el conocimiento para planificar, construir, mantener o recuperar nuestra capacidad para desenvolvernos con autonomía en el seno de relaciones y redes familiares y comunitarias que han de fortalecerse. Si manejamos estratégicamente nuestros timones y nuestras velas, nos impulsarán con fuerza las corrientes y los vientos de cambios sociales que están afectando radicalmente a la sostenibilidad de la vida y que propulsan y reclaman esos nuevos servicios sociales con los que tanto hemos soñado: unos servicios sociales universales, profesionales, participativos, tecnológicos, comunitarios e innovadores que quizá, más que un puerto seguro, sean una forma de vivir en mar abierto.

Sobre estas cuestiones hablaremos el 10 de mayo en Llinars del Vallés y el 12 de mayo en Sant Boi de Llobregat.

Nuevos documentos subidos a fantova . net en el primer cuatrimestre de 2016

Folders2

(Pinchando en el título se abre el documento.)

En “Documentos propios/Cuestiones y políticas sociales”:

Experiencias europeas de institucionalidad social para el sistema de protección social (22 diapositivas).

Leer la realidad para refundar la democracia (10 páginas).

Políticas intersectoriales y coordinación intersectorial en política social (10 páginas).

Conocimiento e innovación en políticas sociales (8 páginas).

En “Documentos propios/Intervención y servicios sociales”:

Educación social y políticas sociales: marco conceptual y estratégico (5 páginas).

Crisis de los cuidados y servicios sociales (16 páginas).

Politika intersektorialak, arreta integratua eta gizarte eskuhartzea (8 diapositivas).

En este cuatrimestre, además, se han publicado 21 nuevas entradas de blog y dos nuevos vídeos.

Los servicios sociales en el corazón de un nuevo contrato social

Contrato

Fenómenos como el desarrollo tecnológico, la precarización laboral, la individualización de las trayectorias vitales, la crisis de los cuidados o el éxito del Estado de bienestar (entre otros) determinan una nueva complejidad social que va colapsando el modelo clásico de bienestar y fracturando su correspondiente contrato social de referencia.

En ese contexto soluciones del tipo “más de lo mismo” no hacen sino acentuar los problemas e incrementar la confusión en las estrategias y la fragmentación de los sujetos imprescindibles para impulsar procesos de cambio. Hemos de reconocer, sin embargo, que no nos resulta fácil modificar trayectorias que en su momento nos fueron útiles y que nos generaron seguridad.

Los servicios sociales, como sector de maduración intermedia (ni muy inmaduro ni muy inmaduro) en el contexto de nuestro sistema de bienestar, ofrecen oportunidades para ensayar estrategias innovadoras que contribuyan simultáneamente a mejorar la calidad de vida de la población y a reconfigurar el conjunto del entramado de las políticas sociales.

Su relativo grado de madurez hace creíble la opción de configurarlos como un nuevo pilar universal del sistema de bienestar, al modo del sanitario y el educativo: servicios personalizados de alto valor añadido basados en el conocimiento (en el caso de los servicios sociales, cuidados y apoyos para la interacción). Su relativo grado de inmadurez permite ensayar en su seno arreglos innovadores para la sinergia entre autogestión de los cuidados y apoyos, organización solidaria, emprendimiento profesional y empresarial y garantía pública de derechos. A la vez, el desarrollo de los servicios sociales puede constituir una oportunidad para la reordenación e integración de la atención a las personas, compartida por los diferentes ámbitos sectoriales (sanidad, educación, servicios sociales, empleo, vivienda y garantía de ingresos).

Ello, sin embargo, sólo es posible en la medida en que se articulen y se alineen estrategias intencionales al respecto. De lo contrario es perfectamente posible que se imponga  la tendencia opuesta, es decir, la de unos servicios sociales residuales y asistencialistas, de bajo valor añadido, dedicados al control social de minorías pretendidamente conflictivas y perfectamente insignificantes para el reto estratégico que nuestro sistema de bienestar y nuestro contrato social tienen planteado.

(Sobre esto conversamos el pasado sábado en Santiago de Compostela y seguiremos haciéndolo el 10 de mayo en el Vallés Oriental, Barcelona.)