Innovando en la atención a personas mayores

Entremayores

Usted presta servicios, fabrica productos, realiza intervenciones, tiene algo que ofrecer. Usted diseña políticas, vende algo, desea convencer, quiere emprender. Usted busca posicionarse, ser útil, ayudar y, por supuesto, innovar.

Y usted, por alguna razón, ha pensado en personas mayores como usuarias, clientes, pacientes, votantes, estudiantes, habitantes, consumidoras, beneficiarias, compradoras, audiencia o público; como destinatarias, en definitiva, de esa propuesta novedosa que usted está en condiciones de hacer.

Pues bien, le propongo cinco características para que su creación sea exitosa, cinco rasgos que, sugiero, ha de tener la innovación dirigida a personas mayores.

Se propone que sea, en primer lugar, una innovación personalizada. El alargamiento de la esperanza de vida y el constante aumento de tamaño del colectivo de personas mayores incrementa, en su seno, la diversidad en términos de edad y en muchos otros sentidos (funcional, cultural o sexual, entre otros). Por eso es cada vez más disfuncional la percepción de las personas mayores como un segmento homogéneo. De ahí la necesidad de una innovación personalizada, atenta a las diferencias existentes dentro del colectivo y a las similitudes de los miembros de dicho colectivo con miembros de otros colectivos.

Se pretende, en segundo lugar, de una innovación transversal. Las personas mayores son destinatarias de todas las ramas de actividad de las políticas públicas y de todos los sectores económicos. Tanto las estructuras de los gobiernos como en las estrategias de las empresas resulta cada vez más problemático vincular la atención a mayores con un determinado ámbito sectorial (como el de los servicios sociales, por ejemplo), por la enorme transversalidad de las necesidades, demandas y expectativas de la población mayor.

Pensamos, en tercer lugar, en una innovación comunitaria. Nos equivocaremos cada vez que nuestra oferta, servicio, producto o intervención contribuya a desvincular a las personas de sus redes familiares, convivenciales o vecinales y, en definitiva, a alejarlas de sus entornos vividos, reconocidos y deseados. Acertaremos con los recursos y apoyos que contribuyan a la integración comunitaria de las personas en las tramas humanas y vitales elegidas y construidas por ellas.

Como cuarta nota, proponemos una innovación intergeneracional. Las relaciones naturales (familiares, barriales, laborales o militantes, por citar cuatro tipos) son, normalmente, intergeneracionales. Nuestras propuestas innovadoras deberán contribuir a la sostenibilidad de esta vida intergeneracional que deseamos y nos enriquece, posibilitando también, lógicamente, nuestras naturales y deseadas relaciones con las personas coetáneas.

Y, por último, se plantea una innovación participativa. La innovación tecnológica y social se entiende, cada vez más, en clave de cocreación, mediante procesos interactivos de empoderamiento de las personas, obviamente también las mayores, que son consideradas como portadoras de un proyecto singular de vida y expertas para su implementación.

(Publicada aquí en entremayores)

El contrato social de mi padre y el de mi hija (Obra en tres actos con final incierto)

Contract Signing Concept

Primer acto

En algún momento, al comienzo de la segunda mitad del pasado siglo, mi padre se reunió con la Sociedad para negociar su contrato social. La conversación que se produjo fue la siguiente:

Padre: Buenos días.

Sociedad: Buenos días, ¿qué desea?

Padre: Bienestar.

Sociedad: No es fácil, pero podemos intentarlo.

Padre: ¿Qué he de hacer?

Sociedad: Ha de cualificarse rápidamente y ponerse a trabajar. Será por muchos años en el mismo sitio, seguramente. A cambio, se le pagará un salario que le permitirá consumir y satisfacer sus necesidades. Deberá casarse con una mujer y tener hijos e hijas. Su mujer se ocupará de cuidar a todas las personas de la familia que lo necesiten.

Padre: ¿Y cuando no pueda trabajar?

Sociedad: No se preocupe. A cambio de una cotización mensual, el Estado le ofrecerá un seguro para situaciones de enfermedad o desempleo. Además usted podrá jubilarse y recibir una pensión, siempre y cuando fallezca poco después, como está previsto. Si usted muere antes que su esposa, ella recibirá la pensión.

Padre: Perdone si me pongo un poco puntilloso, ¿y si yo o alguien de mi familia se queda sin nadie o tiene una discapacidad o las cosas se tuercen mucho? Ya me entiende.

Sociedad: Eso pasa muy pocas veces, pero, en fin, ya crearemos unos servicios sociales para esas situaciones.

Mi padre cumplió su parte del contrato, como, desde luego, hizo mi madre (aunque ella no había firmado nada) y la sociedad, básicamente, cumplió la suya. El primer acto termina, para mi padre y para bastantes otras personas de su generación, relativamente bien.

Segundo acto

En algún momento, en los comienzos de este siglo, mi hija se reunió con la Sociedad para negociar su contrato social. La conversación que se produjo fue la siguiente:

Hija: Hola.

Sociedad: Supongo que estarás contenta de cómo nos hemos ocupado hasta el momento de tu salud y de tu educación.

Hija: Sí.

Sociedad: ¿Qué deseas ahora?

Hija: No sé, ser feliz.

Sociedad: ¡Uf!

Hija: ¿Qué he de hacer?

Sociedad: Tienes que seguir formándote, nunca vas a dejar de hacerlo si quieres ser suficientemente productiva. Has de estar dispuesta a que el desarrollo tecnológico destruya varias veces tu puesto de trabajo a lo largo de tu vida. Tienes que estar dispuesta a marcharte muy lejos, si es necesario.

Hija: Vale, pero quiero que sepas que no sé si voy a formar una familia y que mi idea no es dedicarme a cuidar a mis familiares. Viviré más de 80 años y sobreviviré, aunque sea con dificultades, a accidentes y enfermedades que se hubieran llevado por delante a mi abuelo.

Sociedad: En estas condiciones, no sé hasta qué punto el Estado podrá ocuparse de tu subsistencia, de curarte o de cuidarte cuando lo necesites. Si eres suficientemente competitiva y ganas bastante dinero podrás tener patrimonio y seguros privados para esas cuestiones.

Hija: No sé, no lo veo claro. ¿Para qué nos sirve, entonces, todo ese desarrollo tecnológico? ¿Para qué nos sirve el Estado?

Sociedad: La verdad es que yo tampoco lo veo claro. Déjame pensarlo a ver si se me ocurre algo y seguimos conversando en otro momento.

Hija: Vale, pero date prisa, no tenemos mucho tiempo.

Así termina el segundo acto. La verdad es que no muy bien. El tercer acto, por cierto, está por escribir.

(Punto de partida para la reflexión de hoy en Vic (ver aquí). Enviado a begirada.org.)

Cooperativismo y tercer sector de acción social en la sociedad del conocimiento

Arizmendiarreta 2

A la hora de mapear y ubicar los diversos agentes que en una sociedad compleja contribuyen a la satisfacción de las necesidades de las personas cabe diferenciarlos en función de la naturaleza o caracterización de los bienes que producen, gestionan, promueven o protegen y del tipo de dinámica o lógica que es típica de cada una de las regiones que se dibujan en ese mapa, según la siguiente propuesta:

Región

Bienes

Lógica

Comunidad

Relacionales

Reciprocidad

Estado

Públicos

Derecho

Mercado

Privados

Intercambio

Iniciativa social

Comunes

Solidaridad

Si se acepta este marco teórico, ha de entenderse que cada tipo de agente, a la vez que da respuesta a determinadas necesidades de determinadas personas, lo hace generando un valor añadido diferencial, construyendo sociedad de una específica manera. Los agentes, por tanto, no se legitiman sólo por los bienes que producen o promueven sino por la manera peculiar en la que contribuyen a la sostenibilidad social, por su función civilizatoria.

Dichas regiones, con todo, no están separadas por fronteras claras y estables y nos encontramos con tribus que se ubican, desplazan y entremezclan de diversas y complejas maneras. Así, en nuestro entorno, las tribus del tercer sector de acción social y del cooperativismo presentan intersecciones y desencuentros, confluencias y divergencias. Cada una de esas tribus es portadora de valiosos genes en su ADN, a la vez que tiene carencias y amenazas que le obligan a evaluarse y reinventarse.

La sociedad del conocimiento, posiblemente, ofrece oportunidades para construir lazos fecundos entre estas dos tribus, en torno a procesos de innovación social impulsados por las oportunidades que el desarrollo tecnológico brinda a los procesos colaborativos y participativos y a la urgencia histórica de que dicho desarrollo tecnológico y la globalización neoliberal no terminen de destruir la cohesión social y el nido ecológico de la comunidad humana.

Sobre estas cuestiones reflexionaremos el viernes, 22 de abril, en una jornada en Bilbao, sobre la que hay más información aquí. En la fotografía José María Arizmendiarreta.

Políticas intersectoriales, atención integrada e intervención social

Gasteiz 16

En el ámbito de la política social se observa y se valora positivamente la tendencia de configuración de ramas sectoriales, cada una de las cuales se ocupa, para toda la población, de una necesidad, bien u objeto específico. Serían al menos las siguientes:

  • La sanidad, que se ocupa de la salud.
  • La educación, que se ocupa del aprendizaje.
  • Los servicios sociales, que se ocupan de la interacción (autonomía funcional en integración comunitaria).
  • Las políticas laborales, que se ocupan del empleo.
  • Los servicios de vivienda, que se ocupan del alojamiento.
  • La garantía de ingresos, que se ocupa de la subsistencia.

La creciente complejidad de las necesidades y riesgos sociales, la demanda de personalización y garantía de derechos por parte de la ciudadanía y el propio perfeccionamiento de la actividad en esos sectores de la economía los ha ido convirtiendo, cada vez más, en sistemas de servicios y estructuras de intervención basadas en la evidencia y el conocimiento. Por ello es comprensible y deseable que, en cada uno de los sectores, haya profesiones y disciplinas que lideran e impulsan la consecución de de los resultados deseados en cada caso. Es lo que pasa en la sanidad con la medicina, en la en la educación con la pedagogía, en la vivienda con la arquitectura o en los servicios sociales con las profesiones y disciplinas de la intervención social (tales como el trabajo social, la educación social o la psicología de la intervención social).

Sin embargo esa misma complejidad y demanda de personalización exigen que, además de potentes políticas e intervenciones sectoriales, seamos capaces de organizar las políticas intersectoriales y la atención integrada. Éstas políticas intersectoriales y esta atención integrada deben ser respetuosas de los sectores de actividad y de los sistemas públicos de cada sector pero, a la vez, deben permitir, por ejemplo mediante el trabajo en red, la facilitación de los itinerarios de las personas, que, en algunas ocasiones, requieren de la atención o intervención simultánea o entreverada de o desde dos o más ámbitos sectoriales diferentes. Hay que notar, por cierto, que en esas dinámicas de integración intersectorial también toman parte políticas o sectores no considerados sociales, como la justicia, la seguridad, la hacienda u otros.

Las profesiones y disciplinas de la intervención social (como es el caso del trabajo social), además de ocupar una posición de centralidad en el sector de los servicios sociales, están presentes en el resto de sectores de actividad. La presencia en servicios y programas de un determinado sector de actividades y prestaciones propias o típicas de otros ámbitos contribuye a la consecución de una atención integrada y facilita la coordinación intersectorial y la construcción de políticas intervenciones intersectoriales.

(Sobre estas y otras cuestiones se debatirá en la jornada prevista para el 19 de abril en Vitoria-Gasteiz. Más información aquí.)

Los servicios sociales, entre dos fuerzas de signo contrapuesto

Flechas

La crisis económica de los últimos años ha llevado a las puertas de los servicios sociales a muchas personas en situación de emergencia social global con graves problemas familiares, laborales, habitacionales y económicos. Simultáneamente los servicios sociales han visto reforzado, en muchos casos, el encargo de hacer frente a esa emergencia social global. Ello ha ocurrido en un momento en el que, paradójicamente, han visto limitados sus recursos y capacidades. Sin embargo, desenfocaríamos el análisis si no fuéramos conscientes de la encrucijada estratégica en la que los servicios sociales se encontraban, ya en el comienzo de la crisis económica, en un contexto en el que estaban siendo atravesados por dos fuerzas de signo contrapuesto:

  • Las fuerzas tendentes a configurarlos como un sector transversal o residual, subsidiario del resto de ámbitos sectoriales del sistema de bienestar y encargado de aquellos casos complejos que quedan excluidos, por defecto, de la intervención de los otros ámbitos.
  • Las fuerzas tendentes a construirlos como un ámbito sectorial más, complementario y universal como todos los demás, con un objeto propio.

Ambas fuerzas configuran un escenario de suma negativa. En la medida en que los servicios sociales aceptan y abordan un encargo transversal o integral (en la medida en que pueden ocuparse de diversos tipos de necesidades: económicas, laborales, habitacionales, relacionales u otras) sólo pueden ser reconocidos y funcionar como subsidiarios y residuales, es decir, como encargados de personas o colectivos minoritarios que no obtendrían satisfacción a sus necesidades (de atención sanitaria, de educación, de empleo, de alojamiento o de ingresos económicos) por los conductos, en los ámbitos y con los sistemas utilizados por la mayoría de la población.

Esa identidad residual se retroalimenta y refuerza en un contexto de aumento de la exclusión y la emergencia social, especialmente la crisis de los últimos años, y con unas limitaciones presupuestarias que dificultan el desarrollo y la visibilidad del que podría ser considerado como valor añadido específico de los servicios sociales en el marco de los catálogos y carteras de prestaciones y servicios que se han ido construyendo (o de parte de ellos). Sin embargo, ese aumento de la emergencia y la exclusión social fruto de la Gran Recesión se produce en un contexto más amplio de aumento de la complejidad en el cambio de época, con lo cual el encargo residual se torna cada vez más una misión imposible, generadora de malestar tanto en las personas que se dirigen a los servicios sociales como en las que trabajan en ellos. Puede decirse que, en la medida que los fenómenos de exclusión social se hacen más estructurales y más complejos, la desnudez del emperador de los servicios sociales queda más de manifiesto, cuando no tienen en sus manos los empleos, las viviendas o los ingresos que demandan las personas que llaman a su puerta.

(Adaptación de párrafos del borrador de un artículo en preparación para la Revista Española del Tercer Sector.)

Ten theses for the future of social services

Social services 3

1. The political commitment with social services (as a universal branch of social policy, different from health, education, employment, housing or income guarantee) can be a winning bet in the context of the currents crisis of care, crisis of subjects and crisis of social contract.

2. The political commitment with social services only can be successful if it is truly strategic, i.e, if it is understood that it cannot be seen as a tactic movement connected with mature social demands of organized agents or structured subjects, because these mature demands and subjects don’t exist at the moment. It will take some time to build the frame in which those great groups of people who can benefit from more extended, professional, universal and diverse social services would understand and support the new narrative.

3. Social services need to overcome, as soon as possible, their condition of residual and non specific services for vulnerable minority groups and must concentrate on its own object (interaction, understood as functional autonomy and relational integration of all people).

4. The technical activities, professional services and care model that can protect and promote human interaction exist in the social services sector but they need an investment commitment in order to accelerate their methodological and technological development and to improve their ability to personalize intervention and to manage diversity.

5. Social services policy should build both public system and economic sector. Only one sector of economic activity –qualified, professionalized, recognizable and attractive for the whole population- can contain a public system that guarantees individual rights.

6. We must build a highly decisive social services primary care level that becomes the key to the quality of life of people in their desired environments, strengthening their autonomy and meaningful relationships.

7. Building a knowledge ecosystem for social services goes through proactive strategies of hybridization between disciplines, between professions, between agents and between types of knowledge.

8. Building social services economic sector and public system is also a process of rearranging the designs, arrangements, coordination and integration between different sectors and welfare systems (with, at least, health, education, employment, housing and income security).

9. Public social services system building process should open up opportunities for organizational, social and political innovation so that new forms of synergy between the strategic governance of public sector guaranteeing rights, on the one hand, and on the other, self-management and individual, family and community empowerment powered by social initiative and solidarity economy could emerge.

10. We are talking about a social services public policy that can bring them to the heart of what can be a credible offer of a renewed, fair and efficient social contract for the sustainability of life.