Algunas claves de éxito del modelo social vasco

Eurosocial

El País Vasco se configura en este momento como un caso de éxito relativo dentro del contexto español en lo tocante al proceso de aproximación al modelo europeo de cohesión social y competitividad estratégica en el marco de la globalización. Sin embargo hay que recordar que el proceso de construcción política e institucional de la Comunidad Autónoma del País Vasco arranca en los años ochenta del pasado siglo en un contexto de feroz crisis industrial y azote del terrorismo.

Algunas de las claves de esta historia de éxito tienen que ver posiblemente con el diseño y ejercicio de una gobernanza multinivel de los asuntos públicos donde:

  • La incardinación en la Unión Europea ha ofrecido horizonte de expectativas y apoyo económico para importantes procesos de transformación de la matriz productiva y la trama urbana.
  • La ubicación en España aporta activos que van desde la pertenencia a una de las principales comunidades lingüísticas del mundo hasta el marco de solidaridad y sostenibilidad de la Seguridad Social española.
  • La apuesta política y social por el riesgo y la autonomía que supone tener una Hacienda propia (sin entrar ahora en el debate acerca de la cuantía del cupo que desde el País Vasco se paga a la Administración General del Estado) ha aportado trazabilidad y responsabilidad a las políticas públicas.

La apuesta pública por la protección social –que se materializa, por ejemplo, en una política de garantía de ingresos mínimos sin parangón, prácticamente, en el resto de España– es tan constitutiva de la autonomía  vasca como la labor de las instituciones vascas en favor de una estructura productiva competitiva e innovadora. Cuando alguna fuerza política ha sucumbido a la tentación de hacer populismo xenófobo con las prestaciones económicas contra la pobreza ha recibido como respuesta la alianza del resto de fuerzas políticas en defensa de un modelo vasco de garantía de ingresos que, lejos de querer retroceder, ya se plantea avanzar en clave de impuesto negativo, siguiendo las tendencias internacionales más interesantes.

A lo anterior ha de unirse la experiencia de descentralización institucional y gestión avanzada de la sanidad vasca; o la trayectoria de concertación del sector público con la economía cooperativa –referencia vasca para el mundo– o la iniciativa social en los ámbitos de la educación o los servicios sociales; o el reciente reconocimiento legal de la garantía del derecho subjetivo al alojamiento.

Ciertamente el modelo social vasco no está libre de notables deficiencias y limitaciones ni de retos y desafíos de toda índole. Sin embargo la historia de las últimas décadas ofrece algunas claves de éxito en las que fijarse y en las que profundizar y perseverar para ganar el futuro con el esfuerzo compartido.

(Contenidos compartidos en Santiago de Chile, dentro de la Jornada Regional de Formación en Protección Social para Sociedades Cohesionadas organizada por @EUROsociAL.)

Las políticas sociales al encuentro de la complejidad

Eurosocial

En nuestra sociedad las políticas sociales y sus responsables públicas son objeto de expectativas y exigencias crecientes y, a veces, contradictorias. De estos dispositivos y agentes esperamos protección económica equitativa frente a diversas contingencias que pueden afectar a nuestros ingresos (como la limitación funcional o la situación de desempleo). Asimismo les demandamos la mejora de nuestro capital humano (mediante, por ejemplo, la atención sanitaria o la intervención educativa). Esperamos también que incentiven el ahorro privado, el emprendimiento empresarial o el apoyo familiar y comunitario. Y así sucesivamente.

Nuestro Estado de bienestar realmente existente y sus ramas (como, por ejemplo, nuestra sanidad pública o nuestro sistema de pensiones) se nos presentan con una doble faz. Por una parte, como conquistas valiosas sin las cuales no se entendería ni funcionaría nuestra sociedad. Por otro lado, como construcciones mejorables con dificultades de adaptación ante nuevos retos y complejidades sociales en un contexto de cambio tecnológico, crisis de los cuidados, individualización de trayectorias, dualización social e insostenibilidad ecológica.

La innovación tecnológica y social ha de ayudarnos a conseguir unas políticas sociales tan universales como personalizadas; tan garantistas como participativas; tan estructuradas en campos sectoriales de responsabilidades claras como capaces de ofrecernos atención integral, intersectorial e integrada en las diversas circunstancias y momentos de nuestras vidas. Y esto no es fácil.

Hemos de arriesgar y, como está de moda decir ahora, no refugiarnos en nuestra “zona de confort” sectorial, disciplinar, corporativa, institucional o ideológica. Abrirnos a buenas prácticas y evidencias contrastadas, para hacer pruebas que quizá nos lleven por caminos inesperados. Abrazándonos con fuerza a los principios, valores o fines irrenunciables pero siendo críticos, pragmáticos y transformadores en las formas, instrumentos o medios que cabe construir y utilizar en cada fase histórica y entorno regional.

(Artículo para begirada.org. Sobre estas y otras cuestiones debatiremos en los próximos días en Santiago de Chile, dentro de la Jornada Regional de Formación en Protección Social para Sociedades Cohesionadas organizada por@EUROsociAL.)

Servicios sociales: objeto propio, responsabilidad ética y atención integrada

Hedge Maze

Algunas líneas de trabajo en la comunidad de conocimiento y ciertos desarrollos normativos orientan a los servicios sociales a concentrarse sobre un objeto propio –como puede ser la interacción, definida como autonomía funcional e integración relacional– en el entendido de que otras necesidades de las personas–de escolarización, de subsistencia, sanitarias, de alojamiento o de empleo– tienen sus propios ámbitos sectoriales de abordaje.

Esta agenda para la concentración de los servicios sociales sobre su objeto propio se impulsa desde la visión de que tanto los servicios sociales como el resto de los ámbitos sectoriales de la política social –el educativo, el de garantía de ingresos, el sanitario, el de vivienda o el laboral– han de tender a la universalidad inclusiva y a la aportación efectiva de valor apreciable a todas las personas sobre la base del conocimiento especializado que corresponda en cada caso.

Sin embargo, la construcción y aplicación de dicha agenda –aparte de encontrarse con obstáculos puestos por agentes que sostienen un modelo de servicios sociales residual y asistencialista– no es un camino exento de trampas, quizá puestas por quienes la asumen como bandera de conveniencia para excluir de los servicios sociales a personas con necesidades complejas –reforzando el efecto Mateo: al que tiene se le dará– o para resistirse –de forma victimista, reactiva o frentista– a salir de su zona de confort física, disciplinar o corporativa o institucional.

La ética profesional –reforzada, en su caso por la ética pública– nos obliga a la duda metódica cada vez que entendamos que una determinada necesidad o caso “no nos toca”, en mayor medida cuanto mayor sea la vulnerabilidad de la persona  que tenemos delante. Y cuando, efectivamente, no esté indicado hacernos cargo de dicha necesidad o caso, es buena práctica exigible facilitar a la persona  –individual y estructuralmente– el acceso a los apoyos y derechos pertinentes.

Para ello debemos cultivar nuestra conciencia y pertenencia sistémica al conjunto de la acción pro bienestar, entendida y construida como una red capaz de proporcionar una atención tan integrada e intersectorial como sea necesaria y posible. La concentración sobre el objeto propio que nos ayuda a identificar y construir el valor que aportamos a la ciudadanía es compatible y debe ser sinérgica con el tejer dialógico de la red intersectorial que posibilita con flexibilidad los itinerarios de la atención integrada centrada en la persona.

(Continuación del diálogo presencial y en Twitter del 16 de diciembre de 2015 en el encuentro organizado por la Diputación de Barcelona.)

Deconstruyendo los cuidados

AAL

En nuestra sociedad podrán contarse con los dedos de una mano los fenómenos cuya envergadura sea comparable con la de la crisis de los cuidados, identificada, en buena medida, por economistas y, en general, militantes feministas. Por ello la cuestión de los cuidados resulta cada vez más central para el diseño estratégico de políticas sociales. En ese contexto es necesario profundizar en la comprensión del fenómeno humano del cuidado.

Cuando hablamos de cuidados nos referimos a actividades que, en términos generales o mayoritarios, las personas pueden hacer por y para sí mismas. Por su vinculación con nuestro espacio cotidiano de intimidad, por su carácter fundamental o estratégico, por su limitada complejidad o por otras razones, se trata de actividades especialmente indicadas, también, para ser realizadas por o para otras personas en el seno de relaciones primarias de carácter familiar y comunitario. Por ello habla Cristina Carrasco del cuidado como bien relacional.

Cuando el equilibrio hecho de de autocuidado y cuidado primario se deteriora, de forma más o menos repentina, nos hacemos conscientes –muchas veces con desorientación y sufrimiento– de la necesidad de nuevos cuidados y apoyos, normalmente profesionales. Sin embargo frecuentemente no diferenciamos y calibramos adecuadamente las necesidades de ayuda y las posibles respuestas y soluciones.

En ocasiones necesitamos productos o servicios para afrontar limitaciones para la realización de actividades domésticas que antes efectuábamos (como cocinar o limpiar la casa). Otras veces, asistencia personal, porque no somos capaces, por ejemplo, de lavarnos o vestirnos. Puede ocurrir que precisemos mayor control, vigilancia o supervisión porque hemos perdido capacidad de gestión de riesgos. O que se complemente o dinamice nuestra red relacional, que estaba languideciendo. O que se nos ayude a tomar decisiones y hacer gestiones para poder disfrutar adecuadamente de apoyos (más o menos intensos, más o menos tecnológicos) como los que acabamos de mencionar. Y así sucesivamente.

La adecuada identificación de estas y otras necesidades, la correcta deconstrucción de los cuidados que precisamos es condición necesaria –aunque no suficiente– para articular adecuadamente el mix de apoyos, de forma que se preserve y potencie al máximo nuestra autonomía y dignidad cuando, de forma más temporal o permanente, necesitamos cuidados.

Nuevos documentos subidos a fantova . net en el último cuatrimestre

novita1

(Pinchando en el título se abre el documento.)

En “Documentos propios/Cuestiones y políticas sociales”:

Para un esquema conceptual o lenguaje común sobre inclusión social (presentación) (10 diapositivas)

En “Documentos propios/Discapacidad y diversidad”:

La Cartera de Prestaciones y Servicios del Sistema Vasco de Servicios Sociales y las personas con discapacidad intelectual y sus familias (5 páginas)

En “Documentos propios/Intervención y servicios sociales”:

Servicios sociales y atención a las personas en situación de exclusión residencial grave (12 diapositivas)

Hacia unos servicios sociales con enfoque comunitario en Euskadi (6 páginas)

En “Desarrollo comunitario y sector voluntario”:

Hirugarren gizarte sektorearen legearen proiektuari buruz. Sobre el proyecto de ley del tercer sector social (3 páginas)

Innovación social y Tercer Sector de Acción Social (23 páginas)

En “Otros documentos/Cuestiones y políticas sociales”:

Trabajando intersectorialmente por la inclusión social (6 páginas)

En este cuatrimestre, además, se han publicado 26 nuevas entradas de blog y dos nuevos vídeos.