La innovación social como línea estratégica para el tercer sector de acción social

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Según José Manuel Fresno, “el tercer sector está en una posición privilegiada para aportar conocimiento de primera mano sobre las distintas realidades sociales, así como para convertirse en un laboratorio de innovación social con sus respuestas que canalizan el compromiso de las personas a favor del bien de la comunidad desde la perspectiva de la solidaridad y la gratuidad”. Seguramente para lograrlo hemos de optar por una asunción crítica y utilización inteligente (dejándonos contaminar) de los discursos, marcos, herramientas y métodos de la innovación social (…). En cualquier caso, ello deberá ser parte de una estrategia más amplia en la que el tercer sector de acción social deberá:

  • Reestructurar su conversación con el sector público y el mundo del mercado: construyendo autonomía, capacidad de interlocución, capacidad de ofrecer propuestas innovadoras, resolviendo unos problemas y creando (o visibilizando) otros. Profundizando, fortaleciendo, clarificando y consolidando su participación competitiva en el sistema público de servicios sociales pero sabiendo que no puede estar sólo ni principalmente ahí. Reclamando una política pública inteligente y justa de fomento del tercer sector, que incluya el mecenazgo y la promoción de una intervención social cada vez más basada en la información abierta y distribuida y el conocimiento en red.
  • Reajustarse organizacionalmente y económicamente: en algunos casos, desinvirtiendo en actividades de bajo valor diferencial añadido; en otros mediante alianzas o fusiones; en otros diversificando actividades; en otros, saliendo del colectivo original; en otros, cambiando el modelo de financiación.
  • Diversificar y visibilizar las redes del tercer sector de acción social: apostando por la mezcla y el mestizaje de diferentes tipos de organizaciones (más y menos profesionalizadas, más y menos grandes, más y menos reivindicativas, más y menos comunitarias) buscando un mayor y mejor posicionamiento e impacto social. Los viejos y nuevos movimientos asociativos o cooperativos han de enlazarse y contagiarse.
  • Comprender y ejercer su inexcusable papel civilizatorio en la construcción de nuevos sujetos solidarios, en la creación y la refundación del contrato social, en la humanización de las políticas sociales y la vida comunitaria, introduciendo el vector de la fraternidad universal a partir del rescate compartido y organizado, innovador y plural, del capital relacional y comunitario en una apuesta por el fortalecimiento y ejercicio de los derechos sociales universales e inclusivos.
  • (Y entonces poder aspirar a) convertirse en el principal laboratorio de la verdadera innovación social para la sostenibilidad de la vida: dado que los cuidados, la inserción, el emprendimiento, la convivencia y la participación necesitan de experiencias piloto, buenas prácticas, efecto demostración y evidencia compartible. Para esto es fundamental la inmersión en las redes de gestión y difusión del conocimiento y la colaboración entre el tercer sector y la universidad.

En los días en los que estamos escribiendo estas líneas, vemos anunciado un encuentro de organizaciones del tercer sector de acción social cuyo objetivo es “darles a conocer herramientas y metodologías vinculadas a la innovación social” con talleres sobre design thinking, cultura colaborativa o participación en Internet, tras un primer momento de speed meeting y finalizando con una dinámica para construir una colaboración win win. Puede resultar un símbolo de la reflexión que hacemos en estas páginas. Un símbolo del alejamiento entre el tercer sector de acción social realmente existente y el discurso y las prácticas de la innovación social que se reclama como tal. En ambas tradiciones y conceptos (tercer sector de acción social e innovación social) hay logros y potencialidades interesantes y sinérgicas. El futuro, en cualquier caso, está por hacer.

Final del trabajo “Innovación social y Tercer Sector de Acción Social” (PDF 23 páginas) que puede descargarse completo aquí.

Tercer sector e innovación social

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Podemos tomar el concepto de innovación social en un sentido amplio, para referirnos a aquella innovación que es social en sus fines y en sus medios y que es social en el sentido de que contribuye a la igualdad entre las personas, a la inclusión de todas las personas en la sociedad y a la construcción de vínculos entre las personas. En sociedades mercantilizadas llamamos innovación social a aquella que no acepta al mercado como árbitro único, último o principal para su reconocimiento como innovación.

Sin embargo en las comunidades de conocimiento que estudian e impulsan la innovación social así denominada se manejan conceptos y modelos más precisos y estrictos de innovación social, sea en una versión más managerial  y mercantilista, funcional a la deconstrucción o destrucción de los Estados de bienestar o sea en una versión más autogestionaria y alternativa que apuesta por la coproducción participativa y transformadora de bienes comunes.

En cualquier caso constatamos que, en España, hasta el momento, ha sido limitado el encuentro o intersección entre el mundo del tercer sector de acción social estructurado y autodenominado como tal y el mundo de la innovación social en sentido estricto al que nos acabamos de referir. Podría decirse que el auge de los discursos y prácticas de innovación social de los últimos años ha pillado al tercer sector de acción social básicamente enfrascado en la gestión y en la defensa de su ámbito de responsabilidad y control en la prestación de servicios estandarizados, financiados públicamente, a colectivos vulnerables.

Sin embargo las entidades del tercer sector de acción social surgieron en buena medida como innovación social en sentido profundo, es decir, como iniciativas capaces de modificar las preexistentes redes y equilibrios de agentes con impacto positivo (en clave de igualdad, inclusión y comunidad) en la calidad de vida de muchas personas. Precisamente por ello cabe decir que la innovación social puede y debe convertirse cada vez más en una de las principales líneas estratégicas de un tercer sector de acción social que, apoyándose en la capacidad institucional de gestión e interlocución alcanzada, apueste por reforzar su enraizamiento comunitario, sostenibilidad económica e incidencia política sobre la base de un conocimiento híbrido y riguroso de la sociedad en cuya transformación solidaria quiere participar significativamente.

Estas ideas se desarrollarán en el acto de presentación del estudio prospectivo sobre el tercer sector de acción social en España que tendrá lugar en Madrid hoy 27 de noviembre (más información y documentación aquí).

Los servicios sociales de atención primaria, clave en la prevención y abordaje de la violencia contra las mujeres

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Una de las paradojas del cambio de época que vivimos es que el que Ulrich Beck denomina proceso de individualización representa una saludable liberación de ataduras y controles conyugales, familiares o comunitarios, a la vez que nos priva de algunos factores de protección que dichas relaciones primarias nos proporcionaban, en muchas ocasiones, en anteriores estilos de vida y modelos sociales.

Ciertamente, una de las aportaciones más valiosas de los movimientos feministas y de la incorporación (todavía sin duda deficiente) de la perspectiva de género a las políticas públicas y a la vida económica y social ha sido la de visibilizar y construir como asuntos públicos, como temas políticos y como intereses comunes determinadas cuestiones que habían sido consideradas (interesada y perversamente) como privadas, íntimas o particulares.

Dentro de ese proceso, debemos sin duda a los movimientos feministas y agentes de igualdad la creciente (aunque desde luego todavía insuficiente) centralidad en las agendas políticas de la preocupación por las situaciones en las que esas relaciones primarias que debieran ser de afecto, apoyo y convivencia se convierten en fuente de amenaza, maltrato y muerte para muchas mujeres (así como para sus hijas e hijos, que tras los últimos cambios legislativos han visto reforzado su reconocimiento como víctimas de la violencia de género).

Tal como señala Emakunde en su guía de recursos y servicios ante la violencia contra las mujeres, los servicios sociales de atención primaria constituyen una red de proximidad a la que podemos dirigirnos en busca de información, orientación, asesoramiento y acompañamiento en situaciones de violencia de género. Y cuanto antes lo hagamos, seguramente, más eficaces podrán resultar sus intervenciones en clave de fortalecimiento, prevención y empoderamiento personal y comunitario.

Los servicios sociales de atención primaria están llamados a ser, cada vez más, un componente fundamental de nuestro paisaje cotidiano, desde la proximidad y acompañamiento a nuestro autónomo desenvolvimiento cotidiano y relaciones familiares y comunitarias, bienes que no podemos dejar a la suerte de cada persona. Por ello representan, cada vez más, un puntal que debemos conocer, reconocer y reforzar en la lucha por la erradicación de la violencia contra las mujeres.

(Ver aquí este artículo en begirada.org)

Diez tesis para el futuro de los servicios sociales

Valencia

Estas diez tesis reflejan una propuesta –abierta al diálogo– para la construcción de una política o estrategia para el presente y el futuro de nuestros servicios sociales:

  1. La apuesta política por los servicios sociales puede ser una apuesta ganadora en un contexto de crisis de los cuidados, crisis de los sujetos y crisis del contrato social como el que vivimos.
  2. La apuesta política por los servicios sociales (hoy y aquí) sólo puede ser ganadora si tiene carácter estratégico, es decir, si se entiende que no es una apuesta táctica que conecta con demandas sociales maduras de agentes organizados o sujetos estructurados sino una apuesta a medio plazo que resultará rentable políticamente cuando se haya construido su marco de sentido y haya generado reconocimiento de quienes se vayan beneficiando de ella o puedan comprender que podrán beneficiarse de ella.
  3. La apuesta ganadora por los servicios sociales necesita que éstos superen cuanto antes su condición de servicios residuales para pretendidos colectivos minoritarios y se concentren sobre su objeto propio (la interacción, entendida como autonomía funcional e integración relacional) de todas las personas.
  4. El modelo de atención y las prestaciones técnicas y servicios profesionales que permiten proteger y promover la interacción de las personas existen, pero necesitan de una apuesta inversora para acelerar su desarrollo metodológico y, especialmente, tecnológico y para mejorar su capacidad de intervención personalizada y gestión de la diversidad.
  5. La política de servicios sociales debe construir, a la vez sistema público y sector de actividad. Sólo un sector de actividad económica tan cualificado y profesionalizado como reconocible y atractivo para el conjunto de la población puede albergar un sistema público que garantice derechos subjetivos.
  6. El sistema público de servicios sociales ha de apostar por construir una atención primaria altamente resolutiva que se convierta en factor ecológico clave para la calidad de vida de las personas en sus entornos deseados fortaleciendo su autonomía y sus relaciones significativas.
  7. La construcción de un ecosistema de conocimiento para los servicios sociales pasa por estrategias proactivas de hibridación entre disciplinas, entre profesiones, entre agentes y entre tipos de conocimiento.
  8. La construcción del sector de actividad y del sistema público de servicios sociales es a la vez un proceso de reordenación de los diseños, arreglos, coordinación e integración entre los diferentes sectores y sistemas del bienestar (con, al menos, sanidad, educación, empleo, vivienda y garantía de ingresos).
  9. La construcción del sistema público de servicios sociales debe abrir oportunidades de innovación organizativa, social y política de modo que emerjan nuevas formas de sinergia entre garantía de derechos y gobernanza estratégica desde el sector público, por una parte, y, por otra, autogestión y empoderamiento individual, familiar y comunitario, potenciado por la iniciativa social y la economía solidaria.
  10. En definitiva estamos hablando de una política pública de servicios sociales que los lleve al corazón de la que puede ser una oferta creíble de un renovado contrato social, justo y eficiente, para la sostenibilidad de la vida.

 Estas diez tesis se publicarán en el blog de la Fundación Hugo Zárate y se presentarán y debatirán el 26 de noviembre en Valencia en una jornada sobre la que hay información aquí.

Servicios sociales, iniciativa social y gestión de la diversidad

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En nuestro entorno, la inercia institucional (path dependency) en las políticas públicas de servicios sociales y en el tercer sector de acción social contribuyen a la persistencia, década tras década, de una intervención social segmentada por colectivos poblacionales (entendidos en gran medida como compartimentos estancos) en alguno de los cuales, al parecer, debemos encuadrarnos para poder disfrutar de la mayor parte de la atención que se brinda desde este importante sector de actividad dentro de la acción pro bienestar.

Las denominaciones de nuestros servicios, organizaciones, programas o iniciativas siguen haciendo referencia con mucha frecuencia a aspectos como nuestra discapacidad, nuestra edad corta o avanzada, nuestro origen extranjero o nuestro sexo femenino, como si tales características (y sólo ellas), al parecer, fueran determinantes para saber, por ejemplo, la asistencia personal o acompañamiento social que necesitamos y, peor todavía, como si tales características representaran un criterio válido para agruparnos y tratarnos conjuntamente.

Sin embargo los cambios, riesgos, oportunidades y amenazas de nuestra sociedad compleja representan, para quien sepa escucharla, una llamada cada vez más apremiante para construir espacios, organizaciones, servicios y procesos cada vez más capaces de acoger y gestionar las diversidades que configuran nuestro mundo, como son, por ejemplo, las diversidades sexuales, las diversidades generacionales, las diversidades funcionales o las diversidades culturales. Y para gestionar dichas diversidades en y desde un  marco inclusivo y personalizado de igualdad de derechos individuales universales.

Lamentablemente nuestros servicios sociales públicos y nuestro tercer sector de acción social (hablando en términos generales) tienen un poco atrasada o pendiente esta asignatura de la gestión universalista y personalizadora de la diversidad. Permanecen demasiado en la zona de confort de identidades, clasificaciones, segregaciones y especializaciones inadecuadas u obsoletas, que reclaman ser superadas a la búsqueda de viejos y nuevos encuentros, hibridaciones y sinergias. A la espera de una mayor audacia, basada en el conocimiento, para mejorar e incrementar nuestra aportación en el desarrollo de comunidades y sociedades en las que quepamos todas las personas.

La clave organizativa de la transformación de los servicios sociales

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El proyecto de unos servicios sociales que –como sector de actividad y como sistema público– puedan hablar de tú a tú con los otros grandes ámbitos del sistema de bienestar (como son la sanidad, la educación, el empleo, la vivienda o la garantía de ingresos para la subsistencia) viene desencadenado por la emergencia e identificación de la interacción (autonomía funcional e integración relacional) como necesidad y bien que, del mismo modo que los bienes que protegen y promueven las otras políticas sociales, es una necesidad universal que requiere para su gestión colectiva de un complejo entramado de estructuras organizativas y actividades profesionales basadas en el conocimiento y altamente legitimadas por la ciudadanía.

Este proyecto avanza preñado de contradicciones y retrocesos que, una y otra vez, en unos u otros lugares, nos devuelven al día de la marmota de unos servicios sociales sin objeto propio que –de iure o de facto– aceptan el encargo de contener en modo asistencialista –y obviamente ineficiente– el malestar y la exclusión social generado en (o por) otros subsistemas sociales, ofreciendo, en el mejor de los casos, circuitos segregados para la satisfacción de algunas necesidades de pretendidos colectivos vulnerables minoritarios.

Una de las claves para superar las confusiones, paradojas, bloqueos, disociaciones y malestares de ese día de la marmota es la que tiene que ver con la innovación organizativa en nuestros servicios sociales, con la capacidad de transformar estructuras obsoletas y burocratizadas por las que no pueden fluir los itinerarios vitales y procesos de intervención social personalizados, diversos, ecológicos, tecnológicos y comunitarios que pugnan por abrirse paso en nuestros servicios sociales.

Desde un punto de vista estratégico la innovación organizativa es el eslabón intermedio y mediador entre procesos de pilotaje y desarrollo de servicios y tecnologías que permitan brindar asistencia personal y acompañamiento social a una gran diversidad de personas en el marco de la atención primaria y decisiones públicas de inversión social orientadas a conducir a los servicios sociales al centro del contrato social.

Esa innovación organizativa seguramente nos lleva a estructuras de proximidad más pegadas al territorio y a los eslabones de la cadena de valor de la intervención social (primera atención, diagnóstico, prescripción, prestación de servicios, evaluación) y que superen su actualmente frecuente vinculación a los criterios de segmentación poblacional tradicionales que desde los servicios sociales seguimos, muchas veces, contribuyendo a reificar.

Entrada escrita a partir de la conversación mantenida el 6 de noviembre en Lasarte en una jornada sobre el Servicio de Intervención Socioeducativa y Psicosocial organizada por el Consorcio para la Educación Compensatoria y la Formación Ocupacional de Gipuzkoa.

No ser clasificadas, no ser alejados, no perder control sobre nuestra vida

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Las personas con responsabilidades técnicas o políticas en el ámbito de los servicios sociales tenemos la obligación moral de abrir y aprovechar tantas ventanas de oportunidad (políticas, jurídicas, económicas o cognoscitivas) como sea posible para ir fortaleciendo en las prácticas cotidianas la intervención social universal, personalizada y comunitaria hacia la que apuntan las evidencias y consensos logrados por la comunidad de conocimiento de referencia.

La atención primaria del sistema público de servicios sociales está siendo en algunos lugares un laboratorio de innovación en el que la maduración de los procesos de diagnóstico social y el desarrollo de servicios con altas dosis de acompañamiento social de enfoque sistémico y ecológico están posibilitando una atención cada vez más centrada en las personas, cada vez más capaz de gestionar las diversidades y cada vez más amigable con las preferencias, dinámicas, entornos y redes familiares y comunitarias de las personas.

Esos servicios e intervenciones nos resultan prometedores a sus actuales o potenciales destinatarias en la medida en que son o pueden ser apoyos valiosos para conservar, compensar, recuperar o mejorar nuestro estado de interacción (es decir, el equilibrio dinámico e inestable entre nuestra autonomía funcional para el desenvolvimiento cotidiano y nuestra integración familiar y comunitaria); esa interacción –objeto de los servicios sociales– que hemos de perfilar y visibilizar como un bien tan valioso como los bienes –la salud, la subsistencia, el alojamiento u otros– de los que se ocupan otros ámbitos sectoriales, con los que construimos sinergias cuando trabajamos en pie de igualdad y en clave de universalidad.

En definitiva estamos hablando de la promesa –todavía frágil– de que tendremos menos probabilidades de ser etiquetadas con alguna de esas categorías clasificatorias que incrementan nuestro riesgo de ser alejadas de nuestros entornos deseados y elegidos y de perder control y capacidad de decisión sobre nuestra vida.

Sobre estas cuestiones conversaremos el 6 de noviembre en Lasarte en una jornada sobre el Servicio de Intervención Socioeducativa y Psicosocial