Servicios sociales: de la regresión a la innovación

Escorial

Hace diez años estábamos fundamentalmente en la apuesta por levantar el sistema público de servicios sociales como cuarto pilar del sistema público de bienestar utilizando como banderín de enganche y palanca transformadora la declaración del derecho subjetivo a los servicios sociales. Sin embargo el salto cualitativo que deseábamos, buscábamos y esperábamos no se ha dado. Más bien lo que percibimos cuando nos acercamos a los servicios sociales podría considerarse, en muchos casos, como una regresión:

  • Lejos de universalizarse, se han hecho, en muchos lugares, más residuales.
  • Lejos de hacerse más personalizados, se han percibido en mayor medida como servicios para colectivos.
  • Lejos de volverse más participativos, se ha acentuado su asistencialismo.
  • Lejos de extenderse la sinergia entre intervención profesional y dinamismo comunitario, arrecian las prácticas de control punitivo.
  • Lejos de posicionarse como servicios, abunda la entrega, como sucedáneo, de prestaciones económicas.
  • Lejos de fortalecerse su valor añadido técnico basado en el conocimiento, avanza la colonización de prácticas administrativas de carácter burocrático.

¿No será que en nuestra apuesta política y presupuestaria por los servicios sociales –ciertamente no cumplida a cabalidad– nos olvidamos de la apuesta por el producto (la intervención social), su desarrollo, su mejora, su posicionamiento? ¿No será que dimos demasiado por supuesto que sabíamos de qué servicios estábamos hablando y que teníamos instalada la capacidad técnica para prestarlos? ¿No será que creímos que bastaría con inyectar recursos y crear estructuras sin reparar en que se iba a revelar un problema en nuestros conocimientos y tecnología?

Tanto si la miramos del lado de la autonomía funcional como si la miramos del lado de la integración relacional, la interacción humana está llamada a apoyarse cada vez más en tecnologías que la faciliten, en tecnologías para la interacción, que potencien y complementen nuestra autonomía funcional y que faciliten y extiendan nuestra integración relacional. En un contexto de incremento de determinadas limitaciones funcionales de los seres humanos (pensemos hoy en día, por poner un ejemplo, en las derivadas del Alzheimer) y de transformación de las estructuras y dinámicas familiares y comunitarias (pensemos, por ejemplo, en la progresiva superación del modelo tradicional de varón empleado-ama de casa), sólo un proceso de cuidado, apoyo y, en general, intervención profesional de los servicios sociales transformado por nuevas y potentes tecnologías para la interacción nos permite visualizar una vida individual y colectiva digna, satisfactoria y sostenible.

El reto para las tecnologías y sistemas de información y conocimiento en los servicios sociales, así pues, no sería tanto procesar la información que emiten los servicios sociales realmente existentes, sino contribuir a la mejora, innovación y transformación radical de los procesos operativos de intervención, gestión y política social. No se trataría tanto de registrar y tratar los datos correspondientes a las actuales actividades y prestaciones como de ayudar a identificar y visibilizar las actividades operativas de más valor añadido en función de la estrategia y la finalidad establecidas o propuestas, retroalimentando los correspondientes procesos de intervención personalizada, gestión inteligente y gobernanza participativa.

(Fragmentos de una conferencia sobre gestión de la información y conocimiento en servicios sociales, cuyo texto completo está aquí)

Por una política social de vivienda

Housing

Apoyándonos en la teoría de las necesidades humanas y el concepto de desarrollo a escala humana, de autores como Manfred Max Neef o Antonio Elizalde, cabe referirse a la vivienda como satisfactor de una necesidad fundamental y universal y decir que, como todo satisfactor de una gran necesidad humana, puede y debe ser sinérgico con otros satisfactores. El carácter altamente sinérgico del alojamiento en relación con otros bienes protegidos y promovidos por otras políticas de bienestar hace que algunos movimientos sociales y personas expertas afirman que, al menos en algunos casos, la vivienda es lo primero (housing first). Ciertamente, es difícil cuidar de la propia salud, estudiar o conservar un empleo (y, finalmente, tener calidad de vida, bienestar o felicidad) en una situación de vulnerabilidad o exclusión residencial.

Sea como fuere, junto a esta importancia nuclear del alojamiento y la vivienda para la dignidad humana y para la calidad y sostenibilidad de la vida de cualquier persona, hay otras peculiaridades de este bien que han llevado, históricamente, a que sea propuesto y tomado como objeto de una política social sectorial. Así, por ejemplo, cabe referirse a la especial importancia estratégica de la vivienda para la emancipación y el lanzamiento de proyectos de vida de la gente joven. Si la vivienda es un bien de primera necesidad para todo el mundo, el acceso a la vivienda de las personas jóvenes les condiciona en un momento en el que, en buena medida, se juegan la definición y el impulso de su proyecto de vida en aspectos tan fundamentales como la formación de una nueva familia nuclear o el inicio de su carrera profesional y trayectoria laboral.

Por otra parte, desde un punto de vista moral, hay que recordar que una parte importante del valor (y el precio) de la vivienda lo constituye, frecuentemente, el valor (y el precio) del suelo y, cuando el suelo es privado, hay que preguntarse cuándo, cómo y por qué alguien se apropió de ese suelo (porque evidentemente, no lo produjo) y en qué medida el precio del suelo responde a alguna agregación de valor o no. El valor del suelo, por otra parte, depende en buena medida de actuaciones o expectativas de actuaciones públicas de calificación, urbanización, planificación de transporte público o equipamientos. Por tanto, incluso en las circunstancias en las que nos apropiamos legalmente de una vivienda, cuando se puede considerar, legítimamente, como un bien (privado) de una persona o una familia, no se puede desconocer la especial contribución colectiva, común o pública en la formación o valorización de ese bien.

Además, en la vida de la mayoría de las personas y familias, la vivienda (en el caso de que la compren) es el bien más valioso o costoso que adquieren, la principal inversión que realizan y, por ello (y por efectuarse muchas veces en un momento temprano de la trayectoria adulta de la persona), es muy usual que se endeuden para un tiempo, lo cual hace que se opere, a la vez, en dos mercados: el de la vivienda y el financiero, con las correspondientes interacciones entre ambos. Este valor (y precio) comparativamente alto de la vivienda (en relación con el resto de bienes y servicios que puede adquirir una persona en su vida), unido a la heterogeneidad de las viviendas (cada vivienda es diferente a otra, prácticamente), introduce en el mercado de la vivienda una notable asimetría de información y poder, máxime cuando, por la parte de los consumidores, tenemos a individuos o familias (particulares) que, además, van a acudir a ese mercado pocas veces en su vida y, por la parte de los proveedores, a poderosos agentes con un importante peso en la economía y notables conexiones en lo que se ha denominado el conglomerado, entramado o complejo FIC (inmobiliario, de construcción y financiero).

(Así comienza una entrada escrita para el blog de la Fundación Hugo Zarate, que puede leerse completa aquí.)

Una apuesta política por los servicios sociales

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Los cambios sociales característicos de nuestra época (y los llamados nuevos riesgos sociales y fundamentalmente la crisis de los cuidados y de la sostenibilidad de la vida) obligan, más allá del aumento de la inversión social pública, a una transformación profunda de nuestro sistema y modelo de bienestar.

Dicha transformación es la operación política de mayor calado de la que nos podemos ocupar pues afecta al corazón del contrato social que hace sostenible nuestra sociedad mediante la configuración de sujetos políticos y mayorías electorales que permitan avanzar sinérgicamente en productividad económica e inclusión social.

La apuesta por el sistema público de servicios sociales puede constituirse como eje clave de esa transformación del sistema de bienestar, en la medida en que representa el compromiso del Estado con la garantía y organización de la respuesta a las necesidades que todas las personas tenemos cuando limitaciones en nuestra autonomía funcional o en nuestra red familiar y comunitaria amenazan nuestra calidad de vida.

La apuesta política inteligente para que los servicios sociales próximos, domiciliarios, apoyados en tecnologías y participativos formen parte de nuestra vida (como lo hacen las escuelas públicas o los centros de salud) puede ser una apuesta ganadora, en la medida en que conecta con necesidades, preocupaciones y angustias sentidas por gran parte de la ciudadanía en relación con los cuidados y apoyos a la infancia o a las personas (muchas mayores) con limitaciones funcionales y la calidad y conciliación de la vida familiar y comunitaria.

La apuesta política inteligente por los servicios sociales puede ayudar a resolver disfunciones crecientes en otros ámbitos de las políticas sociales ya que el desorden en el diseño del sistema de bienestar y la fragilidad del pilar de los servicios sociales está contribuyendo a sobrecargas y disfunciones en sanidad, vivienda, empleo, educación o garantía de ingresos.

El ámbito de los servicios sociales, al promover y admitir históricamente sinergias entre la intervención pública y los apoyos e iniciativas familiares, comunitarias y sociales, se convierte en un potente banco de pruebas para innovaciones sociales, organizativas y políticas aplicables a otros ámbitos del sistema de bienestar para su sostenibilidad y humanización.

El sector de los servicios sociales, con una apuesta política inteligente puede convertirse en un sector estratégico de la economía por su centralidad en la configuración de comunidades y territorios atractivos del talento, por su capacidad de creación de empleo diverso e inclusivo y por su carácter tractor de otros sectores de actividad como el turismo, las tecnologías de la información y la comunicación, la intervención en viviendas u otros.

(Estas son algunas de las ideas que se compartirán en una jornada organizada en Mérida por el Partido Socialista el 20 de julio de 2015.)

¿Servicios sociales del XIX con tecnologías de la información del XX?

Red

En cualquier actividad económica –y de forma especial en el sector servicios– es fundamental la comunicación interpersonal. La obtención, tratamiento y transmisión de la información que supone la comunicación constituye en algunos casos la médula de las operaciones (como en una universidad o en un periódico, por poner dos ejemplos) o, en todo caso, una actividad de gran importancia (como en un restaurante o en una inmobiliaria, por poner otros dos).

Con independencia de la mayor o menor centralidad que pueda tener el procesamiento de información en las actividades operativas en cada sector de actividad, no es menor su relevancia en los procesos de gestión y de gobierno que necesariamente emergen a partir –y al servicio– de dichas actividades operativas. Según el modelo de gestión que hemos propuesto, la información puede ser vista, al menos:

  • Como un contenido de la comunicación que fluye en y para la coordinación de los agentes implicados.
  • Como un recurso que es almacenado, gestionado y utilizado de la manera más eficiente posible.
  • Transformada –en buena medida– en conocimiento, como un activo estratégico.

Los impresionantes avances de las tecnologías de la información y de la comunicación están transformando radicalmente las operaciones en muchos sectores de actividad, multiplicando la capacidad de procesamiento de información (con manejo cada vez más inteligente de grandes cantidades de datos) e integrando de formas innovadoras, flexibles y ágiles esas actividades operativas (por ejemplo de prestación de servicios) con actividades de gestión (como diseño, marketing o producción de conocimiento) y de gobierno (como transparencia informativa, deliberación o toma de decisiones).

Los mantras que escuchamos en esos procesos de innovación tecnológica, organizativa, social y política son los del acceso abierto y el procomún colaborativo; la interoperabilidad, intersectorialidad e interdisciplinariedad; el funcionamiento distribuido y descentralizado en red; la cocreación y coproducción con participación de la persona usuaria; la hibridación de diferentes tipos de conocimiento (como el estético, filosófico, científico, práctico, creativo, tecnológico); o los sistemas ligeros, sencillos, intuitivos, visuales, accesibles y amigables.

Mientras tanto no pocos servicios sociales presentan modelos de intervención del siglo XIX con sistemas de gestión de la información del siglo XX, cuando la apuesta debiera ser la de una integración de prestación de servicios, gestión del conocimiento y gobierno innovador del siglo XXI, con mayor motivo en unos servicios en los que es central la interacción interpersonal y cuyo rediseño y sostenibilidad resulta fundamental para la transformación y futuro de nuestro modelo social.

(Se tratarán estos y otros asuntos en el curso “Sistemas de información en servicios sociales”. Más información aquí.)

Servicios sociales: ¡es el momento!

Marea naranja

Somos personas interesadas e implicadas en la política que queremos nombrar los servicios sociales, contribuir a que se comprenda que la política pública de servicios sociales es una de las grandes políticas sectoriales dentro del gran ámbito de las políticas sociales. Queremos que todos los partidos lo entiendan así.

Desde nuestro compromiso sentido y operante y desde un análisis compartido basado en el conocimiento, entendemos que, en la historia de nuestro sistema de bienestar, es el momento de hacer una apuesta estratégica especial por los servicios sociales y que esa apuesta es absolutamente clave para la transformación que necesita ese sistema de bienestar.

Es la economía feminista –con la reflexión sobre la crisis de los cuidados– la que en buena medida nos ha ayudado a identificar las características de nuestro modelo social que lo convierten en causante o cómplice de la insostenibilidad de la vida. Los servicios sociales son la pieza clave para buscar la necesaria complementariedad y sinergia entre los cuidados y apoyos familiares y comunitarios y las atenciones e intervenciones profesionales.

Desde mi punto de vista la necesidad universal a la que deben responder los servicios sociales es la necesidad de interacción. Propongo definir la interacción como ese estado deseable de la mayor autonomía funcional e integración relacional al que aspiramos todas las personas. Todas las personas queremos y necesitamos –en equilibrio– las mejores capacidades para el desenvolvimiento cotidiano y los vínculos familiares y comunitarios deseados.

Partiendo de esta definición entiendo que los servicios sociales deben ser capaces de ocuparse de esta necesidad de forma universal y no sólo para unas pretendidas capas o colectivos poblacionales. A la vez, deben ir entendiendo que otras necesidades o bienes (como la suficiencia económica, la inserción laboral o el alojamiento, por poner tres ejemplos) son objeto propio y específico de otros sectores de actividad o políticas públicas, que también han de ir universalizándose. Las compañeras y compañeros y las personas con responsabilidad política en otros ámbitos sectoriales han de entender que deben ocuparse de toda la población y que, cuanto más complejo sea un caso, más necesita de su implicación, sin que sea de recibo que determinadas personas sean consideradas –para todo– “de servicios sociales”.

Específicamente, en lo que tiene que ver con la garantía de ingresos, entiendo que se debe estructurarse como una política pública –también universal– que ha de ordenar la multiplicidad de prestaciones económicas existentes y gestionarse cada vez más desde o con las haciendas públicas o agencias tributarias.

Entiendo que las situaciones de discapacidad y, en su caso, dependencia –como cualquier otra situación propia de la diversidad humana– constituyen un asunto transversal que interesa a los servicios sociales y a las otras ramas de la acción pro bienestar: sanidad, educación, empleo, vivienda y garantía de ingresos.

Apostamos por la constitucionalización del derecho a los servicios sociales y por la construcción de marcos jurídicos que garanticen efectivamente el derecho a los servicios sociales, afianzando cada vez más la igualdad entre todas las personas: en España, en Europa y en todo el mundo.

Termino. Hoy y aquí se está sufriendo mucho en nuestros servicios sociales. Hay mucho dolor en muchas personas que llegan machacadas por una crisis que no ha hecho sino agravar injusticias estructurales que ya existían. Nos sentimos mal, también, las personas profesionales, atrapadas muchas veces en una espiral de demandas que nos rebasan, encargos institucionales tramposos y recortes en los recursos disponibles. A veces caemos en el asistencialismo que creíamos superado y dejamos de practicar esa intervención social participativa y transformadora que debiera caracterizarnos.

Sin embargo en ese mismo lugar de sufrimiento y de encuentro que son nuestros servicios sociales está la esperanza. En la igual dignidad humana que nos reconocemos todas las personas usuarias o profesionales. En nuestro saber hacer relacional y comunitario, basado en el conocimiento. En nuestra capacidad de activar redes y procesos de cambio. Y en nuestro compromiso para participar en el debate y la acción política por los servicios sociales que necesitamos.

(Texto de la carta enviada a -y leída en- el debate sobre servicios sociales organizado por Podemos en Madrid el 11 de julio de 2015.)

Social services: the way ahead

ESN

In this moment of crisis our social services are faced with specific and hazardous threats. The threat of being expected to return to their more paternalistic and palliative versions as increasing strain is placed on society. The threat of their being affected to a greater degree by tight budgets, as they are less structured and consolidated than other systems. And, in short, the threat of the promise of subjective rights remaining unfulfilled, the launch of the social services as the fourth pillar of welfare system being aborted…

We could talk for hours about these threats, which are quite often a reality in the here and now. However, we can turn this situation around, and we can find a window of opportunity, precisely in this crisis, to improve the leverage given to the social services, with coherence and determination. And precisely because our social services systems are less structured and less consolidated than other key pillars, and so there is a greater margin for manoeuvre when it comes to building them.

Within this context, the structuring and strengthening of the social services and, particularly, of the public social services systems, can be one of the strategic keys to configuring a welfare system that is able to respond to the new challenges and social risks. Firstly, of course, because the social services provide support that is particularly necessary, and developing and strengthening them is therefore a way of extending or completing the welfare system. But also, secondly, because when the social services (and the public social services system) are developed and built using innovative keys, as well as extending or completing the welfare system, they may also contribute to the welfare system as a whole becoming more relational, participative, friendly and synergic.

We still have time to build a social services sphere pervaded with a relational, participative, community-orientated and activating approach. Social services that are not geared to replacing family and community care or providing financial compensation to offset their limitations, but instead dedicated to complementing and reinforcing this family and community support. A system governed by the synergy between public responsibility, on the one hand, and individual, family and social responsibility, on the other. Social services that are innovative and able to invent new ways to respond to people’s needs. A flexible, efficient network, where the users’ financial and non-financial involvement in maintaining the services can be modulated, combining the perspectives of rights and obligations. An environment with a strong third sector, a solidarity economy, able to provide added value that is of special interest providing it is loyal to its identity. This is the way ahead.

More about social services in fantova.net

Aprendiendo del Estado de bienestar noruego

Noruega

Entiendo que la experiencia noruega (según se presenta en el estudio Desafíos del Estado de bienestar en Noruega y España: nuevas políticas para atender nuevos riesgos sociales, coordinado por Eloisa del Pino y Francisco Javier Moreno) nos aporta algunos ejemplos de buena práctica y de buena política pública social. Telegráficamente seleccionaría las siguientes:

  • Una política social apoyada en una financiación (y fiscalidad) sólida, sostenida y sostenible. Una economía vigorosa con autonomía financiera y mucho empleo productivo con actividades de alto valor añadido como base del Estado de bienestar.
  • Una economía productiva con diferencias salariales relativamente contenidas entre personas que cobran más y que cobran menos (predistribución y movilidad), diálogo social y negociación colectiva entre agentes organizados y notable participación de las mujeres en el mercado laboral (mayor igualdad de género y el propio desarrollo de servicios de bienestar como nicho favorecedor del empleo cualificado femenino).
  • Una apuesta por la función social del sector público y por el fortalecimiento tanto del ámbito estatal (garante de la igualdad) como del ámbito municipal de tamaño suficiente (facilitador de la proximidad).
  • Una apuesta por la inversión social con apoyo económico y de servicios al bienestar infantil, la emancipación juvenil, la conciliación de la vida familiar y laboral y la activación e incorporación laboral de personas con más dificultades de acceso.
  • Una combinación de permisos parentales, prestaciones económicas de apoyo a las familias con criaturas y servicios sociales (de cuidado, no escolares, en atención infantil y domiciliarios y comunitarios en cuidados de larga duración) que ha permitido, por ejemplo, mantener altas tasas de natalidad y altas coberturas en atención a la dependencia funcional.
  • Una capacidad de introducir reformas a tiempo, por ejemplo mediante sistemas de coordinación intersectorial (entre empleo y garantía de ingresos, por ejemplo) y simplificación administrativa. O por los procesos de “desinstitucionalización” que han favorecido la atención comunitaria.

(Tomado del breve documento titulado “Reflexiones a partir de la comparación del Estado de bienenstar en Noruega y España, que se puede descargar completo aquí.)