¿Hacia dónde avanzar en garantía de ingresos?

William Beveridge

La política pública de garantía de ingresos es, sin duda, uno de los grandes pilares de cualquier Estado de bienestar. Comprende todas aquellas prestaciones económicas públicas (tanto las llamadas contributivas como las llamadas no contributivas) orientadas a garantizar que las personas dispongamos de los recursos económicos para adquirir aquellos bienes o servicios necesarios que, al no ser proporcionados por otras políticas sectoriales (como la sanitaria, la educativa o la de servicios sociales), han de ser adquiridos necesariamente con dinero.

¿Cuáles son las tendencias de referencia que se proponen para la mejora continua de las políticas y prestaciones de garantía de ingresos? Podría decirse que se resumen en tres: universalización, simplificación y activación.

El proceso de universalización de las políticas sociales, pese a los ataques que recibe y las contradicciones con las que se aplica, es irrenunciable para una conciencia moral y política mínimamente formada e informada por una visión de la dignidad humana en clave de derechos humanos. El camino que ha de seguir la política de garantía de ingresos lo marcan otras políticas públicas (como la sanitaria o educativa) que han escrito sus mejores páginas cuando han ido ampliando inclusivamente su capacidad de atención. No tiene sentido, por ejemplo, que el Estado cubra una costosa atención sanitaria a una persona y no tenga la misma consideración respecto a que pueda comer el día que le dan de alta.

La simplificación viene exigida por el hecho de que diferentes evaluaciones señalan la existencia de una excesiva cantidad de pensiones, prestaciones o desgravaciones, excesivamente complejas y frecuentemente incoherentes en su diseño, que acarrean importantes costes de gestión. La consecuencia más preocupante de estas imperfecciones de diseño de nuestra política de garantía de ingresos es la aparición de agujeros negros, como los que se ponen de manifiesto, por ejemplo, en lo tocante a la protección económica de la infancia, adolescencia y juventud o de las familias. La integración entre política fiscal y política de garantía de ingresos y la introducción mucho más decidida de tecnologías de la información y la comunicación son dos vías prometedoras para la simplificación en este terreno.

Hablamos, por último, de activación, en la medida en que entendemos que el Estado tiene tres maneras de contribuir a la satisfacción de las necesidades de las personas: dándoles –o no quitándoles– dinero; proporcionándoles servicios; y promoviendo su autoprovisión individual, familiar, comunitaria, solidaria o mercantil. Los diseños más interesantes en política de garantía de ingresos son aquellos que combinan componentes incondicionales con componentes contributivos y que incorporan complementos o incentivos para actividades productivas o reproductivas de las personas, que contribuyen a la creación de capital humano, económico, comunitario y social.

Entendemos que cualquier debate racional  y cualquier agenda de cambio en materia de garantía de ingresos debe situarse en parámetros como los mencionados, aportados por  la comunidad científica y técnica de las políticas sociales, resultando contraproducente y disfuncional focalizarse sobre una determinada prestación o programa sin tener en cuenta el conjunto del  panorama, así como las tendencias a las que, brevemente, acabamos de referirnos.

(La foto es de William Beveridge.)

Investigación y conocimiento para la intervención social

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La principal clave para la producción y aplicación de conocimiento riguroso y relevante en un sector de actividad tiene que ver con el dinamismo potente y sinérgico de diferentes tipos de conocimiento, todos ellos necesarios. Nos referiríamos al menos a los siguientes:

  • El conocimiento filosófico, moral o ético, elaborado y consensuado –suficientemente– en una comunidad de referencia que construye y comparte unos principios y criterios.
  • El conocimiento conceptual y teórico que se produce, contrasta y perfecciona mediante la investigación científica (más o menos descriptiva, participativa, evaluativa, experimental o cuantitativa, por citar algunos adjetivos) que procesa y produce evidencia empírica.
  • La técnica o método, la tecnología o metodología (tangible o intangible), entendida como aplicación del conocimiento científico o como sistematización de la experiencia y que puede ser evaluada, a su vez, científicamente, al contrastarse en la práctica de su aplicación.
  • El saber hacer, el conocimiento experiencial y práctico que se perfila y verifica en la acción –con componentes, muchas veces de competencias blandas, intuición e inteligencia emocional– y sobre el que se reflexiona críticamente, convirtiéndose en saber experto.
  • Las soluciones creativas e innovadoras (tecnológicas y sociales) que nacen frecuentemente de la experiencia práctica iluminada o impulsada por propuestas teóricas o tecnológicas.

Es razonable que estos tipos de conocimiento estén encarnados o representados, en alguna medida, por diferentes agentes e instituciones con cierto grado de especialización. Sin embargo, lo que caracteriza los ámbitos sectoriales más exitosos parece ser el equilibrio o sinergia entre dichos agentes y tipos de conocimiento, el respeto y la tracción mutua entre ellos; el encuentro, colaboración, mezcla o hibridación entre las diferentes personas e instituciones en redes interactivas, con territorios, nodos o momentos presenciales y con dinámicas virtuales y extendidas en el tiempo y el espacio. Se trata de ecosistemas cognitivos en los que universidades y otras instituciones formativas, centros de investigación o documentación, think tanks, centros tecnológicos, empresas, consultoría, asociaciones, profesionales, ciudadanía y otros agentes interactúan intensa y sistemáticamente.

En dichos ecosistemas se da también un equilibrio entre el cultivo y fortalecimiento de cada una de las diferentes ciencias, disciplinas, profesiones o áreas de conocimiento y las dinámicas de multi, inter y transdisciplinariedad. A la hora de visualizar el encuentro e hibridación entre ciencias, disciplinas, profesiones y áreas de conocimiento, cabría hacerlo en un sentido horizontal y en un sentido vertical. En un sentido horizontal, entre disciplinas más vinculadas a las actividades operativas de cada sector (por ejemplo, la medicina, el trabajo social o la arquitectura). En un sentido vertical, entre disciplinas más vinculadas a cada nivel (micro, meso y macro) de responsabilidad (por ejemplo, dentro del ámbito educativo: la pedagogía, la organización escolar y la política educativa).

En la llamada sociedad del conocimiento, las tecnologías avanzadas de la información y de la comunicación están, posiblemente, introduciendo cambios crecientes y nuevas potencialidades en la dinámica de producción y gestión del conocimiento que, sin duda, se mercantiliza y privatiza pero, a la vez, ve cómo se abren posibilidades para dinámicas más abiertas y participativas. En ese contexto resultan fundamentales las políticas públicas y estrategias de país, capaces de construir y aprovechar ventajas competitivas, acertando tanto en las opciones de focalización sectorial como en la identificación y promoción de sinergias intersectoriales.

(Estos son algunos de los primeros párrafos de la ponencia para el Congreso de Servicios Sociales Básicos cuya presentación está prevista para el próximo jueves, 23 de octubre, en Barcelona.)

Los retos de la política social en el País Vasco

Brújula

A finales del año 2008 el Parlamento Vasco aprobaba, con un amplio consenso, tres leyes cuyo proceso de desarrollo y aplicación estaba llamado a articular una nueva etapa de la construcción de nuestro sistema de bienestar. Se trataba de las leyes referidas a los servicios sociales, a las políticas familiares y a la garantía de ingresos mínimos de subsistencia. Lo ocurrido desde entonces nos habla de la complejidad de los procesos de diseño y construcción de las políticas de bienestar, de la intervención pública en la respuesta a una serie de necesidades que denominamos sociales porque nuestro contrato social las identifica como especialmente sensibles para la dignidad humana y la sostenibilidad de la vida.

El estudio de la historia de los procesos de formación de las grandes ramas de la política social (como, por ejemplo, las relacionadas con la sanidad, la educación o las pensiones) debe hacernos relativizar coyunturas transitorias o trifulcas interesadas y recordar que estamos en una operación a largo plazo. Debemos alzar la mirada y recordar el sentido y el trazado de esa etapa que comienza con la aprobación de las citadas tres leyes.

Se trataba y se trata, en primer lugar, de construir el sistema público de servicios sociales como el siguiente gran pilar del Estado de bienestar. Esta sociedad líquida y venturosamente envejecida en la que vamos superando la división patriarcal del trabajo necesita unos servicios sociales públicos de envergadura equiparable a la que tienen la red sanitaria o la educativa y ese es el reto principal de las políticas sociales en este momento. Nuestra ley de servicios sociales diseña un ambicioso sistema público que ofrece un encaje creativo para la autogestión comunitaria y las organizaciones solidarias.

Se trataba y se trata, en segundo lugar, de seguir fortaleciendo la política de garantía de ingresos para la subsistencia. Mediante un sistema que es la envidia de toda la comunidad científica española en materia de política social, complementamos pensiones bajas y ofrecemos estímulos al empleo a personas con bajos salarios obteniendo un impacto importante en la reducción de la pobreza y ofreciendo a miles de personas un mínimo de subsistencia que les permite continuar y relanzar su proyecto de vida en momentos de especial vulnerabilidad. Se trataba y se trata, en tercer lugar, de incorporar a todas nuestras políticas públicas una perspectiva familiar, de modo que la libertad de formar familias y de mantener relaciones familiares sea cada vez más efectiva.

La construcción de estas nuevas partes de nuestro Estado de bienestar se realiza, por otra parte, a la vez que se han de reinventar o reorientar las partes más clásicas, en un edificio inteligente que debe funcionar como un todo coherente. Por poner un solo ejemplo, sabemos que la coordinación sociosanitaria es un área estratégica de primera importancia. Todo este desarrollo e innovación en política de bienestar, por otra parte, nos exige nuevas formas de triangulación e integración entre políticas de bienestar, política fiscal y política económica, en busca de nuevas sinergias creativas y círculos virtuosos en el marco competitivo de una economía globalizada.

Lejos de haber fracasado, la agenda política y ciudadana escrita en nuestras tres leyes de 2008 nos tiene que dar todavía muchos de sus frutos. Su apuesta por derechos ciudadanos universales y comunidades humanas inclusivas tiene hoy más sentido y más futuro, si cabe, que cuando nuestras representantes y responsables políticas, para orgullo de la ciudadanía, las aprobaron en el Parlamento.

Hirugarren sektorearentzako lege bat

Tercer sector

Hirugarren sektorearen definizioaren arabera, gizartearen funtzionamenduaren azpisistema honek esfera publikoarengandik autonomia funtzionala du. Honek ez du esan nahi botere publikoaren erregulazioa eta eraginaren kanpo gelditzen denik. Inola ere ez. Bizitza soziala beste fenomenoen kasuan bezala, politika demokratikoek erakunde eta sare solidarioak eratu behar dute eta bultzatu ahal dute, neurri batean, behintzat.

Eusko Jaurlaritzak gizarte ekintzaren hirugarren sektorearentzako lege bat proposatzen ari da eta testu bat plazaratu du, elkar hizketa eta debatearen bidez, hobe dadila. Testu honetan gizarte esku hartzean diharduen hirugarren sektorearen identitatea, aniztasuna, garrantzia eta aberastasuna aipatzen eta azpimarratzen da. Legearen lehenengo mezua eta esanahia zera izango litzateke orduan: sektore solidarioaren estatutua berrezagutzen dute hiritarrek, Legebiltzarraren bidez.

Beste aldetik, sektore honen paper edo funtzio ezberdinak zaindu eta bultzatu nahi dira: elkarrekiko laguntza, boluntariotza, gizartearen parte hartzea, botere publikoaren aurrean giza eskubideak aldarrikatzea eta defendatzea, interes orokorra daukaten zerbitzuen kudeaketa… Elkarrizketa zibilari legearen indarra ematen dio testu honek eta gizarte esku hartzearen hirugarren sektorearen sustapenerako politika publiko bat eratzen du.

Pasarte batzuetan ematen du erakunde solidarioak kolektibo espezifiko bati edo besteari lotuta egon behar direla (nagusiak, ijitoak, ezinduak, emakumeak, etorkinak, baztertuak…) eta hori, gure ustez, ez da beti gertatu behar. Beste aldetik, artikulu batean, hirugarren sektorearen profesionalek erreferentzi profesionalaren papera bete dezaketela esaten da eta gure ustez funtzio hori sistema publikoaren profesionalentzako dago erreserbatua.

Dena dela, gure ustez, orokorrean hartuta, testu interesgarri eta positibo baten aurrean aurkitzen gara. Erakundeen sareen sarea indartzeko, eta gizarte esku hartzea eta gobernuz kanpoko irabazteko asmorik gabeko erakundeen ikusgarritasuna eta garapena bultzatzeko. Komunitate bizitza esparru eta momentu guztietan zehar parte hartzea eta elkartasuna zabal daitezela.

Quinta edición de “Manual para la gestión de la intervención social”

En septiembre de 2014 la editorial CCS ha publicado la quinta edición del libro “Manual para la gestión de la intervención social. Políticas, organizaciones y sistemas para la acción”. 416 páginas.

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En pocas semanas la misma editorial publicará un nuevo libro: Fantova, Fernando (en prensa): “Diseño de políticas sociales. Fundamentos, estructura y propuestas”. 436 páginas

Nuevos documentos (PDF) colgados en fantova punto net en el tercer trimestre de 2014

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Como cada tres meses, se hace a continuación el repaso de los últimos documentos de descarga libre (en formato PDF) colgados en fantova.net. Se pueden buscar en el apartado correspondiente o descargarlos directamente pinchando en el título. Todos ellos están en el apartado “Documentos propios/Cuestiones y políticas sociales” y son:

Políticas públicas, servicios sociales y enfoque comunitario (presentación) (12 diapositivas)

Políticas sociales, intervención social y perspectiva juvenil (14 diapositivas)

Conciliación, igualdad y cuidado. Retos de las políticas públicas de apoyo a las familias (21 páginas)

Las políticas sociales y las familias (12 páginas)

Pinchando la palabra web a la derecha (donde pone “categorías”) aparecen los listados de anteriores trimestres.

¿Nacemos o nos hacemos educadoras sociales?

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Dice el viejo chiste que pasan dos vascos junto a un cartel que dice “Aceros de Llodio” y le dice el uno al otro: “¿Qué? ¿Nos hacemos?”. Fue ese chiste el que me vino a la cabeza cuando me invitaron a participar en la reflexión que da título a esta entrada, con motivo del día de la educación social. Porque mi respuesta es esta: nos hacemos. Es más, nos estamos haciendo. Tengo para mí que la educación social, al igual que otras ciencias, disciplinas, profesiones o áreas de conocimiento del mundo de la acción pro bienestar está, de modo especial en este cambio de época (Subirats), en construcción.

Si hablamos de la metamorfosis de la cuestión social (Castel), no nos resultará difícil aceptar que las profesiones y ciencias sociales tendrán que estar también inmersas en esa metamorfosis. Desde mi punto de vista, las políticas públicas son el referente fundamental, en nuestro entorno, para la configuración de las áreas de conocimiento e intervención que intentan dar respuesta a las que denominamos necesidades sociales. Propongo entender que cada uno de los grandes ámbitos sectoriales de la política social (convencionalmente: sanidad, educación, servicios sociales, empleo, vivienda y garantía de ingresos) tiene una disciplina o profesión de referencia. Y propongo aceptar, por ejemplo, que en la sanidad dicha disciplina o profesión central será la medicina; en el sector educativo, la pedagogía; y en los servicios sociales será el trabajo social.

¿Y la pedagogía social y la educación social (Caride)? Desde mi punto de vista, la pedagogía social y la educación social son áreas de conocimiento e intervención estratégicas tanto en el sector educativo como en el sector de los servicios sociales (también en otros) en aquellas intervenciones (numerosas) en las que se trabaja simultáneamente (en diferentes proporciones) por la finalidad propia del sector educativo (el aprendizaje) y la finalidad propia de los servicios sociales (la interacción: autonomía funcional e integración relacional). Soy consciente de que esta visión es muy discutible, pero es la que me encaja en un proceso de clarificación de las políticas sociales sectoriales a medida que se comprenden y se configuran, todas ellas, como universales.

Tengo para mí que uno de los retos principales que tenemos en el mundo de la intervención social es el de acotar mejor la contribución de cada sector de actividad y de cada disciplina y profesión. La atención integral que buscamos no puede apoyarse en la confusión profesional y las querellas entre disciplinas. Nos hacemos y nos estamos haciendo, en un contexto de reconfiguración de los modelos y políticas sociales y eso pide a cada agente un esfuerzo especial de identificación de su valor añadido específico y no pretender saber y hacer de todo. De modo que terminaré con otro chiste de vascos. El de aquellos dos amigos que están buscando setas, cuando uno de ellos grita que se ha encontrado un Rolex, recibiendo la conocida respuesta: “Oye, o a setas o a Rolex”.