Una apuesta estratégica por los servicios sociales

Casas amigas

Los países o, en general, territorios competitivos que conquistan posiciones ganadoras en el contexto de la globalización imperante se caracterizan por la realización de apuestas colectivas inteligentes mediante las que se anticipan en la consecución de círculos virtuosos o efectos multiplicadores entre innovación tecnológica, desarrollo económico, inclusión social y adhesión ciudadana en torno a objetivos claros y compartidos. Hoy y aquí la apuesta por los servicios sociales podría constituir una de esas apuestas estratégicas ganadoras, si sabemos ver las oportunidades y alinear los esfuerzos adecuadamente, como muestra la evaluación comparada de políticas públicas y estrategias territoriales.

Ello es así, en primer lugar, porque los servicios sociales dan respuesta a un tipo de necesidades que se están incrementando con inusitada rapidez en nuestras sociedades. Se trata de las necesidades que tienen que ver con cuidados y apoyos que tradicionalmente se proporcionaban en las redes familiares y comunitarias pero que con el aumento de la esperanza de vida y los cambios en las dinámicas y estructuras relacionales primarias, reclaman la estructuración de un nuevo sector de actividad profesional y de un nuevo pilar del sistema de bienestar, como en su día, para responder a cambios sociales anteriores, se constituyeron el sanitario, el educativo, el de garantía de ingresos…

Por otra parte, la oferta de servicios sociales, con sus indudables efectos en la calidad de vida de la población, es un componente imprescindible, junto a otras fortalezas relacionadas con nuestra geografía, gastronomía  y clima o nuestro estilo de vida (familiar, comunitario, mediterráneo, vitalista…) para retener y atraer personas mayores (o no tan mayores) poseedoras de diversos tipos de capital (intelectual, económico…) cuya inversión genera importantes retornos en términos de afloración y creación de empleos flexibles y no deslocalizables, actividad económica y tributación (como los estudios de Ignacio Zubiri han demostrado).

La apuesta por la investigación, desarrollo e innovación en materia de diseño y prestación de servicios sociales puede ser una apuesta ganadora. Como cualquier apuesta, no está exenta de riesgos, pero contamos con buenas prácticas y evidencia prometedora que tiene que ver con fórmulas cada vez más domiciliarias, comunitarias, tecnológicas y participativas de atender y acompañar a las personas, que a la vez, contribuyen a hacer más eficientes y sostenibles las inversiones en los ámbitos de la sanidad y la vivienda, que, sin unos servicios sociales fuertes, no pueden responder por sí mismos al cambio social que estamos viviendo.

El eterno retorno de la comunidad

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Cuando hablamos de comunidad, de vínculos comunitarios, de relaciones primarias, nos estamos refiriendo a procesos de intensidad variable y configuración diversa. Desde los vínculos débiles (Granovetter) en los que las personas nos reconocemos (a veces incluso sin saludarnos) hasta relaciones familiares o de amistad en las que existe un compromiso y una trayectoria de compartir la vida en muchas de sus dimensiones. Desde relaciones de vecindad física hasta otras mantenidas a través de las redes de Internet. En lo que toca a las relaciones primarias, son muy importantes aquellas pocas más densas, de las que podemos esperar (y en las que podemos aportar) más proximidad, reciprocidad y apoyo pero no lo son menos esas otras menos intensas y más numerosas que tejen un amplio tapiz de confianza, apertura y amabilidad.

Etzioni y Herrera dirán que la comunidad es, por una parte, una red de relaciones afectivas dotadas de sentido, capaz de ligar un grupo de individuos, por otra, una cultura característica, o bien un set de valores compartidos, costumbres, significados y una identidad histórica. Para referirnos a estas relaciones primarias o comunitarias, puede ser de utilidad comprenderlas con un término aportado por la sociología como el de capital social, u otro muy parecido, más bien utilizado en el mundo de la empresa, capital relacional. La idea de capital nos remite a su dimensión de recurso valioso para la persona (que subraya, por ejemplo, Bourdieu) mientras que el adjetivo social (o en su caso, relacional) nos remite a su ubicación, cualidad o dimensión comunitaria (subrayada por Putnam), autor que ha popularizado la imagen de las personas que juegan solas a los bolos (como símbolo del declive del capital social o del colapso de la comunidad).

Obviamente el mundo de las relaciones primarias recibe la influencia del mundo de la acción voluntaria y la participación asociativa, de la esfera de la actividad económica y el empleo remunerado, del Estado y sus políticas públicas. Bauman recuerda que echamos en falta la comunidad porque echamos en falta la seguridad en un mundo fluido e impredecible de desregulación, flexibilidad, competititividad e incertidumbre endémicas. Ante lo comunitario parecemos tener un comportamiento pendular y cabe hablar del eterno retorno de la comunidad. Las relaciones comunitarias, por tanto, se nos aparecen como promesa y como amenaza. En su capacidad de brindarnos apoyo y en su fragilidad que necesita soporte. En la oportunidad que nos dan de pertenencia e identidad y en la amenaza de control punitivo de los miembros y clausura excluyente de los otros. A veces la comunidad se presenta como nostalgia de un pasado (que nunca existió y nunca volverá) y otras veces como alternativa de futuro en una nueva configuración de la complejidad social.

Donati nos recuerda que las redes primarias, las relaciones comunitarias tienen su lógica de funcionamiento, su dinámica propia, su vida propia y, finalmente, su capacidad reflexiva para modificarse a sí mismas. Por ello la política comunitaria, la intervención en la esfera comunitaria desde otras esferas (y singularmente desde la esfera pública) habrá de hacerse comprendiendo y respetando esa reflexividad autónoma de ese mundo vital relacional y comunitario. Una política o intervención que busque manipular, instrumentalizar, colonizar, jibarizar… las relaciones comunitarias no merecería el nombre de política comunitaria. Al enfoque comunitario se llega a veces por caminos extraños (por el fracaso, los límites, los costes, las paradojas, las insuficiencias, los errores… de otros enfoques) pero más bien debiéramos llegar por el valor intrínseco que las relaciones primarias tienen y pueden tener para el bienestar.

Arreta eta berrikuntza soziosanitarioa aurrera

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Gure testuinguruan, gero eta nabarmenagoa da premia soziosanitarioen gehikuntza eta zabalkuntza. Pertsona berak osasun-zerbitzuei nahiz gizarte-zerbitzuei lotutako esku hartzeko premiak dituenean eta premia horiek iraunkorrak edo biziak eta hurbilak edo lotuak direnean, esaten dugu premia soziosanitarioak daudela.

Ikuspegi soziosanitarioak abiapuntutzat hartzen du premiei erantzuteko sistemek behar adinako malgutasuna izan behar dutela pertsona beti jardunaren ardatz bihurtzeko. Ildo horretan, pertsonak ez dira egituretara egokitu behar (kasu honetan, osasun-egituretara edo gizarte-zerbitzuen egituretara), erantzunak premietara baizik. Edonola ere, kontuan hartu behar da egitura horiek ezinbestekoak direla, eta sendotu eta garatu egin behar direla. Gaur egun, bi arlo horien errealitateak asimetrikoak dira argi eta garbi, egituren garapena askoz handiagoa baita osasun-arloan gizarte-zerbitzuen arloan baino.

Jakintza kudeatzeko eta jakintza hori lanera transferitzeko eta lan horretan aplikatzeko orientazio nabarmena izan behar dugu. Ikertutakoa, garatutakoa eta berrikuntzak pertsonen bizi-kalitatea hobetuko duten produktu eta zerbitzu erreal eta bideragarrietan aplikatzea gure obsesio bat izan behar du. Eredu komunitarioa gure gain hartu eta bultzatu behar dugu, hau da, pertsonen premiei erantzuteko harreman-loturak eta parte-hartze soziala indartzea, eta pertsonek aukeratutako ohiko ingurune geografiko eta sozialean haien osasuna, integrazioa, autonomia eta ongizatea sustatzea eta babestea helburu duen eredua.

Eremu soziosanitarioak zientzia-, teknologia- eta berrikuntza-sisteman betetzen duen funtsezko zeregina sustatu eta ikusarazi behar dugu. Eremu soziosanitarioan bereziki emankorra izan daiteke berrikuntza teknologikoaren (hots, gauzak egiteko modu estandarizatuari lotutako eta jakintzan oinarritutako berrikuntzaren) eta gizarte-berrikuntzaren (hots, gizarte-egituretan eta gizarte-dinamiketan egin behar diren eta ongizate kolektiboa dakarten hobekuntzen) arteko sinergia. Berrikuntza soziosanitarioa gizarte-berrikuntzaren gakoetako bat izan daiteke ongizate-sistema indartzeko.

El transatlántico, la chalupa y los náufragos

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Debatiendo sobre exclusión social y coordinación sociosanitaria surgía una metáfora. El sistema sanitario es un transatlántico, los servicios sociales son una chalupa. Cuando una persona profesional de los servicios sociales (de pie sobre su chalupa) y otra de los servicios sanitarios (asomándose por un ojo de buey de su transatlántico) tienen dificultades para entenderse y colaborar en torno a un caso o una situación, deben recordar que, más allá de sus aptitudes o actitudes personales y profesionales, el principal obstáculo para esa (cada vez más necesaria y urgente) colaboración es la asimetría estructural que, quizá exagerando un poco, evocamos con la imagen de la chalupa y el transatlántico.

En el debate, por otra parte, algunas personas hacían presente la realidad de no pocas personas que no podían acceder ni a la chalupa, ni al transatlántico ni a ninguno de los otros dispositivos del sistema de bienestar. Son náufragos a los que hemos expulsado y mantenemos fuera del acceso a los derechos sociales y la calidad de vida que, aunque con creciente precariedad e inseguridad en no pocos casos, disfruta la mayor parte de la sociedad. Personas inmigrantes en situación irregular, personas con enfermedad mental sin soporte familiar, gente que ha salido de la cárcel y no tiene alojamiento… son la expresión más grave de procesos de exclusión social que nuestro modelo de sociedad produce sistemáticamente. Procesos de exclusión que, en su carácter estructural y complejo, conciernen por igual a todos los subsistemas del sistema de bienestar (sanidad, empleo, servicios sociales, garantía de ingresos, vivienda, educación), que no tiene, ni puede tener, para esto de la exclusión y la inclusión social, un “encargado”.

Recordábamos, en todo caso, esa frase que dice: “Como no sabían que era imposible, lo consiguieron”. En la atención temprana, en los cuidados paliativos, en la atención domiciliaria de base tecnológica, en el acompañamiento personalizado, en los cuidados de larga duración y en otras muchas buenas prácticas hay evidencia de los frutos de la coordinación sociosanitaria y de la capacidad de profesionales de ambos ámbitos de trabajar de igual a igual, afirmando y respetando el objeto o mandato de cada sistema (la salud en un caso, la interacción en el otro) y la capacidad de diagnóstico, prescripción e intervención sobre la base del conocimiento científico que tienen tanto los servicios sanitarios como los sociales (aún reconociendo que estos últimos tienen más por hacer al respecto).

El reto sería doble, por tanto. Comprometerse hoy con los itinerarios sociosanitarios y el buen vivir de las personas, empezando por las que más lo necesitan y, a la vez, trabajar por construir la agenda estratégica de la coordinación sociosanitaria, que exige instrumentos  normativos, transformaciones estructurales, apuestas económicas y evidencia comparada. Sin implicarnos en el primer reto nuestro trabajo con las personas en situación de exclusión social no tendrá alma ni legitimidad. Responder inteligente, estratégica y colectivamente al segundo es condición de posibilidad del sistema de bienestar sostenible y justo que necesitamos.

El enredo sociosanitario

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Tiene mucho sentido preocuparse por la coordinación o la falta de coordinación entre los servicios sanitarios y los servicios sociales. Y lo tiene porque la calidad de vida y el bienestar de muchas personas se juega ahí, porque su necesidad de atención sanitaria y la que tienen de recibir servicios sociales son intensas y están entreveradas. En las situaciones e itinerarios de estas personas es muy conveniente que la protección y promoción de su salud y la protección y promoción de su interacción (autonomía funcional e integración relacional) se realice de forma coordinada y sinérgica.

Hoy y aquí el principal obstáculo para la coordinación e integración sociosanitaria está, seguramente, en la asimetría existente entre el sistema sanitario público y el sistema público de servicios sociales. Asimetría en términos de garantía de derechos, de accesibilidad de los servicios, de penetración de las redes en el territorio, de evidencia y conocimiento, de reconocimiento social… Esa asimetría es más disfuncional cada día que pasa. Así, por ejemplo, nuestro sistema de bienestar nos garantiza gratuitamente cuidados hospitalarios complejos pero nos niega atención domiciliaria ligera y preventiva.

No estamos hablando de un asunto sectorial menor sino de uno de los cuatro o cinco principales retos estratégicos de nuestra sociedad. Una apuesta audaz e inteligente por los servicios sociales como nuevo pilar del sistema de bienestar debe combinarse con una transformación del sistema sanitario que contribuya a contrapesar medicalización y tecnificación y ayude a la sanidad a dialogar más con la comunidad y los servicios sociales. Nuevas políticas de vivienda en clave de rehabilitación, alquiler y recursos de uso común y desarrollo de nuevas tecnologías e innovaciones en apoyo, comunicación y participación habrán de ser otros puntales de la estrategia.

La bandera sociosanitaria no puede ser una bandera de conveniencia para quienes quieren vaciar de contenido nuestros derechos sociales o mercantilizar nuestro bienestar. El espacio sociosanitario no puede ser el refugio de modelos de atención ineficientes y no deseados por la población que nos proponen entornos alejados de la relacionalidad familiar y la diversidad comunitaria. En la respuesta que demos al reto sociosanitario nos jugamos un modelo técnico de atención, una arquitectura del bienestar y, en definitiva, una parte importante del rostro humano de nuestra sociedad.