El voluntariado y el billar de seis agujeros

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Entendemos el voluntariado, en sentido amplio, como la iniciativa de personas que se reúnen, sin obligación previa ni ánimo de lucro, para gestionar bienes comunes (tangibles o intangibles) y percibimos la centralidad que en la crisis actual tienen los importantes cambios en el terreno de los cuidados y, en general, de los bienes relacionales y el capital cultural y la relación de la crisis económica con los procesos de individualización y fragmentación de las solidaridades y sujetos sociales considerados típicos de las sociedades industriales y que estuvieron en la base de la construcción de los Estado de bienestar.

En este contexto, el mundo de la acción voluntaria puede ser víctima de un achique de espacios que lo convierta en un zombi, víctima del abrazo del oso del Estado recortador, de la atracción fatal del mercado depredador o del establo caliente de la comunidad cerrada. Sin embargo, alternativamente, se ofrece a la acción voluntaria la oportunidad de asumir una estratégica misión civilizatoria como agencia gestora de los bienes comunes llamada a actuar en sinergia (no exenta de tensión, crítica y reivindicación) con el sector público (gestor de bienes públicos) y las redes familiares y comunitarias (gestoras de bienes relacionales) en la construcción de una renovada ciudadanía societaria.

Para ello será fundamental, más allá de las prácticas se denominen o autodenominen como voluntariado, la hibridación y alianza entre las maduras y resilientes organizaciones de la sociedad civil organizada (juncos) y los nuevos movimientos autogestionarios vinculados a la sostenibilidad de la vida (brotes), para innovar y extender prácticas socialmente inclusivas, económicamente sostenibles y políticamente transformadoras. Es en este contexto en el que las estrategias de gestión y autogestión del voluntariado han de ser discutidas, alineadas, armonizadas, articuladas, visibilizadas y compartidas, de manera que puedan contribuir a una acción voluntaria que pueda ser, simultáneamente: política, comunitaria, sostenible, personalizadora, ética e inteligente (los seis retos principales, a nuestro juicio, como en un billar de seis agujeros).

La paradoja de Bossuet y el “problema” del envejecimiento

Yayoflautas

Pierre Rosanvallon ha denominado paradoja de Bossuet al mecanismo según el cual las personas deploran en general lo que consienten en particular. Quizá algo de eso nos pasa cuando las mismas personas que buscamos y celebramos, individualmente, la mayor eficiencia reproductiva (que nuestras criaturas nos sobrevivan todas y largamente) y la mayor esperanza de vida (no morirnos, todavía, y tener trayectorias vitales más prolongadas, donde tengamos tiempo de desarrollarnos más plenamente), somos las que nos alarmamos y preocupamos cuando, social o colectivamente, alcanzamos dichas metas.

Julio Pérez Díaz, demógrafo español, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y la gente de Envejecimiento en Red nos hablan de la verdadera revolución reproductiva que ha supuesto el enorme incremento de la supervivencia de las personas y nos invitan a comprender que existe un círculo virtuoso entre eficiencia reproductiva y (no sólo cantidad sino también) calidad (de vida) de la población. En buena medida gracias a dicha eficiencia reproductiva, podemos dedicar más tiempo a formarnos, podemos especializarnos, podemos dedicar menos años a la reproducción y la crianza, podemos organizarnos de forma más estable y menos contingente, podemos incrementar nuestra productividad…

Claro que este fabuloso éxito social global nos presenta nuevos desafíos en la siguiente pantalla: en la prevención y abordaje de nuevas enfermedades y discapacidades con más prevalencia en los últimos años de la vida, en la reinvención de nuestros sistemas de bienestar social, en la reorganización de la vida laboral o urbana, en la modificación de nuestros hábitos y expectativas sociales… Sin embargo no abordaremos bien esos desafíos si no somos conscientes de que provienen de éxitos colectivos (dividendos demográficos, dirá la Organización Internacional del Trabajo) por los que hemos trabajado y seguimos trabajando cada día. Y si no nos congratulamos de que esos propios éxitos individuales y sociales nos ponen en mejores condiciones para dar respuesta a esos desafíos, sin ninguna duda.

Lo contrario sería entramparse en la paradoja de Bossuet.

Hacia una nueva centralidad política de lo social

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El hecho de que, en las crisis de los últimos años, algunos sectores sociales en algunos lugares del mundo estén sintiendo de forma más cercana y dolorosa una serie de disfunciones e injusticias económicas y políticas puede estar ensanchando la conciencia acerca de las limitaciones y contradicciones de aquella visión de las políticas públicas que considera las políticas sociales como políticas de segunda vuelta o de segunda categoría, compensadoras o paliativas de las externalidades más negativas del funcionamiento de los mercados y de las políticas económicas, situadas éstas como eje de la gobernanza institucional.

El proceso continuo de encarecimiento excluyente de los recursos básicos y, finalmente, el estallido devastador de las burbujas especulativas hinchadas a base de la privatización de bienes comunes (alentada muchas veces por colusiones irresponsables o corruptas entre sectores de la clase política, empresarial o financiera, ciertamente androcéntrica, dicho sea de paso) debe llevarnos a pensar que, más allá de figuras individuales cutres, inmorales y estúpidas, hay ideas de fondo, diseños institucionales, formas de pensamiento y valores morales de gran vigencia que han de ser revisados en profundidad.

Y quizá sea el momento para entender que, en el seno de las políticas públicas, la política social puede ser el eje guía del conjunto de políticas. No (sólo ni fundamentalmente) la política social entendida en su versión más instrumental, como redistribución de recursos económicos para equiparar posiciones ante el mercado. Más bien, diríamos, la política social entendida, radicalmente, como la capacidad del subsistema político para dialogar con las comunidades, agentes, movimientos y redes sociales para promover la calidad y sostenibilidad de la vida en un mundo necesariamente común.

Si algo nos demuestran dramas cercanos y crecientes como los del desempleo, los desahucios, la pobreza infantil o la violencia machista (sin mencionar otros, más, locales o globales) es que la política social de segunda vuelta llega, por definición, irremediablemente tarde para la dignidad humana y la decencia social. Quizá el futuro está en manos de los movimientos y partidos políticos que sepan reescribir sus programas, estrategias, alianzas, liderazgos y prácticas colocando en el centro una política social universal, participativa y sinérgica con el desarrollo económico, el fortalecimiento institucional y la relacionalidad comunitaria.

Nuevos documentos en fantova.net…

La intervención social, construyendo una comunidad inclusiva

Trabajo social

Se proponen cuatro retos para que debatamos si son o no son, con motivo del día del trabajo social:

1. Contribuir a una sociedad inclusiva ayudando a llenar de contenido los derechos sociales.

1.1.        La inclusión social es un proceso complejo que necesita de una economía productiva y sostenible, de unas políticas sociales garantistas y rigurosas, de una comunidad acogedora y responsable y de un tercer sector gestor de bienes comunes.

 1.2.        La actual crisis ha abierto, entre otros, un gran boquete en la capacidad y legitimación de los poderes y las políticas públicas.

 1.3.        Por ello es fundamental, entre otras cosas, un control estricto de los conflictos de interés: no mezclar reivindicaciones corporativas con reivindicaciones ciudadanas, no confundir nuestra visión y actuación en tanto que ciudadanas y ciudadanos y en tanto que agentes de la intervención social.

2. Contribuir a una reinvención de lo público en la sinergia entre bienes públicos y bienes comunes.

2.1.        La crisis de los cuidados da la puntilla al modelo burocrático de bienestar al acabar de desvelar sus limitaciones estructurales y paradojas sistémicas.

2.2.        Lo comunitario no es una parte de nuestro trabajo sino el enfoque más radicalmente necesario en el actual contexto para la reinvención y revitalización de la intervención social y la acción pro bienestar.

2.3.        En este momento las principales innovaciones tecnológicas y sociales en el campo de la intervención y las políticas sociales tendrán que ver con la hibridación y la sinergia entre lo público, lo común y lo relacional para gestionar la sostenibilidad de la vida.

3. Contribuir a una comprensión social del cometido de los servicios sociales centrando y comunicando su objeto.

3.1.        Las personas profesionales del trabajo y la intervención social nos ocupamos de la interacción humana (ajuste dinámico entre autonomía funcional e integración relacional). Otros aspectos (situación económica, laboral, habitacional, educativa, de salud…) son importantes pero no centrales.

3.2.        Nuestro futuro pasa por visibilizar que este bien es valioso para todas las personas y que requiere de una intervención técnica para su promoción y protección.

3.3.        Quienes hacemos intervención social debemos construir (y en su caso reivindicar) nuestra centralidad en el sector de los servicios sociales y aceptar (y en su caso reivindicar) nuestro carácter secundario en los otros ámbitos o sistemas.

4. Contribuir a la calidad de la intervención social mediante una práctica basada en la evidencia y una participación activa en las redes de gestión del conocimiento.

4.1.        En la sociedad del conocimiento es estratégica la batalla por configurarnos como profesiones, disciplinas, áreas de conocimiento cada vez más rigurosas, científicas, tecnológicas, profesionales, evaluables… Esto supone un compromiso con nuestro propio aprendizaje a lo largo de toda la vida y, colectivamente, un esfuerzo especial, pues no siempre avanzamos a hombros de gigantes

4.2.        Con un buen anclaje inicial en nuestro campo (trabajo social en este caso), abrirse al diálogo mestizo y transdisciplinar.

4.3.        Las redes de conocimiento deben atravesar las paredes de las universidades, los centros de trabajo, las administraciones…

¿Estás de acuerdo con los cuatro retos? ¿Sobra o falta alguno? ¿Cómo los ordenarías o matizarías?

¿Somos el 99%?

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Con relativa frecuencia aparecen datos acerca de la creciente desigualdad a escala local y global y nos indignamos, con razón, por el hecho de que unas pocas personas se apropien hasta tal punto de unos recursos y capacidades, en definitiva, de un mundo que a todas nos fue entregado y que entre todos hacemos. A partir de ahí, algunos importantes agentes sociales (el sindicato ELA ayer, por ejemplo) insisten en el mensaje de que la contradicción o conflicto social en el que hay que centrarse es el de siempre, el viejo conflicto entre clases sociales, entre una minoría que detenta los medios de producción y una mayoría explotada que no tiene para vender sino su fuerza de trabajo. El viejo conflicto de la sociedad industrial y los objetivos de siempre: mejora de las condiciones de trabajo y avance del Estado de bienestar.

Sin embargo parece razonable preguntarse hasta qué punto, en una economía capitalista crecientemente financiarizada (que retrata Ignacio Sotelo en la prensa de hoy), los sectores empleados y protegidos con capacidad de ahorro e inversión comparten, objetiva y subjetivamente, intereses y objetivos con las gentes en situación de precariedad, vulnerabilidad, pobreza y exclusión. El imaginario del 99% y el discurso de algunos agentes sociales dicen que sí. Parecen decir: no cedamos en la defensa del empleo de los que tienen empleo y del actual sistema de protección social y, sin dar un paso atrás, juntos, insiders y outsiders, conseguiremos ampliar el perímetro del empleo de calidad y la protección social incluyendo, mas pronto que tarde, a (lo que Guy Standing llama) el precariado.

Lo que pasa es que, mientras tanto, una parte de esa clase trabajadora está acumulando un patrimonio (inmobiliario y monetario) con el que se asegura individual y familiarmente. Los fondos de pensiones y fondos de inversión con los que juegan los poderosos en el casino financiero global están formados por los ahorros de quienes podemos ahorrar, por los depósitos de millones de personas de las clases medias que, de forma más voluntaria o involuntaria, más directa o indirecta, también jugamos en ese casino global y que tomamos decisiones de consumo y decisiones electorales que muchas veces nos benefician a nosotras pero no benefician al precariado. Según la prensa de hoy, los fondos privados de pensiones manejan en el País Vasco una cantidad del 33% del Producto Interior Bruto (un patrimonio de 21.775 millones de euros al cierre del ejercicio 2013). Aproximadamente la mitad de la población vasca participa en esos fondos.

El problema del discurso del 99% o de seguir pensando que la vieja contradicción de la sociedad industrial es el eje básico de conflicto social es que nos traslada a esos trabajadores que Galbraith llama satisfechos la idea de que no hemos de replantearnos nuestras pautas de consumo, nuestra acumulación de patrimonio, nuestras condiciones de trabajo, la forma en que construimos el “nosotros” (ver los datos del barómetro sobre inmigración), nuestras opciones electorales o nuestra idea del Estado de bienestar. Invisibiliza nuestra parte de responsabilidad y el beneficio que hoy estamos obteniendo de procesos que, sin embargo, representan una amenaza, ya cumplida para muchos, a la sostenibilidad de la vida.

La rueda de prensa de Pasqual Maragall y el tercer sector como gestor de bienes comunes

Maragall

Cuando hablamos del tercer sector y de su papel como gestor de bienes comunes, podemos poner el ejemplo de la rueda de prensa que Pasqual Maragall (algo más de un año después de dejar de ser president de la Generalitat de Catalunya) ofreció, en compañía de su esposa, Diana Garrigosa, y de otras personas significativas en su vida, para anunciar que tenía la enfermedad de Alzheimer, en la que dijo:

“Hace unos meses me diagnosticaron un principio de la enfermedad de Alzheimer (…). Quiero ayudar a derrotar a esta enfermedad. Y lo haré personalmente y acompañado de todos aquellos que quieran y puedan ayudarme, en la medida de sus posibilidades económicas, profesionales o científicas. En ningún sitio está escrito que esta enfermedad haya de ser invencible (…). Por mi trayectoria pública como alcalde y como presidente, soy un privilegiado entre los afectados. Todo el mundo me conoce. Me paran por la calle y se dirigen a mí por mi nombre, de manera que en estas condiciones es muy difícil perder la identidad (…). Me encuentro bien. Os diré más, me encuentro mejor que hace un año y empiezo esta nueva etapa con optimismo, en compañía de una familia y de unos amigos que me apoyan y me hacen feliz”.

Sabemos que Pasqual Maragall cuenta con dinero para comprar bienes privados (viajó a Boston para confirmar su diagnóstico) y apuesta por la consideración de la salud como un bien público y, por tanto, por la sanidad pública para la lucha contra la enfermedad (la rueda de prensa se hace en un hospital de la red pública, Sant Pau, señalando que es el mejor sobre el Alzheimer). Por otra parte, todo hace notar la importancia que para él tienen esos bienes relacionales o vínculos informales que no podrán ser comprados en el mercado ni exigidos como derecho: el compromiso de sus seres más cercanos para velar por su estilo de vida y dignidad humana, el apoyo que espera de personas con las que comparte ilusiones y proyectos para luchar contra la enfermedad, la expectativa de que la gente de la calle le reconocerá…

Sin embargo, Pascual Maragall y su gente sienten la necesidad y ven la oportunidad de poner y pedir capital intelectual, capital económico, capital relacional y capital simbólico para gestionarlo en forma de bienes comunes y ahí surge, en este caso con forma de fundación, una organización de lo que llamamos tercer sector: cuando, renunciando al beneficio económico y al cauce de las administraciones públicas, ponemos en común recursos y capacidades para ir más allá de nuestras relaciones familiares y comunitarias y generar nuevas sinergias y proyectos socialmente inclusivos, económicamente sostenibles y políticamente relevantes.

Pronto más documentación en fantova.net/Documentos propios/Desarrollo comunitario y sector voluntario.

Impulsemos el derecho a la garantía de ingresos

La necesaria recuperación de la eficacia, la energía y los valores de la política social, para ser creíble, necesita de propuestas significativas y alianzas poderosas. Y, en este momento, una de las propuestas más trabajadas y reconocibles y, por otro lado, capaz de articular acuerdos con agentes sociales diversos y organizados es la que tiene que ver con una garantía de ingresos mínimos que suponga una respuesta seria al derecho humano más básico, al derecho a la existencia. Unas instituciones políticas que son capaces de organizarse con rapidez, flexibilidad y eficacia para rescatar las finanzas de los países deben demostrar ahora la misma rapidez, flexibilidad y eficacia para rescatar a las personas… Además, como es sabido, la estrategia de inclusión activa adoptada por muchas instituciones en un contexto de amplio consenso político, académico y social, se apoya en tres pilares: activación laboral, servicios sociales y garantía de ingresos. No puede faltar ninguno de ellos en ninguno de los ámbitos (regional, estatal, supraestatal).

RGI

No estamos hablando, por cierto, de ningún tipo de medida utópica, sino de propuestas realistas que tienen detrás el trabajo riguroso de muchas personas e instituciones académicas y de investigación. Y que cuentan con el apoyo de muy diversos agentes de la sociedad civil organizada (sindicatos, organizaciones no gubernamentales, movimientos ciudadanos, iglesias…). Sus perfiles principales podrían ser los siguientes:

  • Una medida respetuosa con el marco legal, el principio de subsidiariedad y las competencias de la Unión Europea, el Estado y las Comunidades Autónomas en materia de políticas sociales (hacia derechos iguales y objetivos comunes).
  • Una garantía de ingresos cada ver más común y compartida, complementaria y sinérgica con las prestaciones existentes en los diversos sistemas (de pensiones, de empleo, de garantía de mínimos…) de los diferentes ámbitos competenciales.
  • Un derecho de ciudadanía.
  • Una garantía de ingresos que contribuya a la coordinación y simplificación de la diversidad de prestaciones económicas y otras actuaciones que ahora existen en materia de garantía de ingresos.
  • Una garantía de ingresos sinérgica con las políticas activas de empleo (por ejemplo, con estímulos al empleo en forma de complementos estructurales para bajos salarios).
  • Una garantía de ingresos sinérgica con las intervenciones comunitarias de los servicios sociales, que cuente con la alianza del mundo de la economía social, el tercer sector y la economía alternativa y solidaria.
  • Una garantía de ingresos totalmente ensamblada con las políticas fiscales (tasa a las transacciones financieras, fiscalidad progresiva, lucha contra el fraude, deducciones reembolsables…).
  • Una garantía de ingresos de enfoque familiar y entendida como inversión social, especialmente atenta y proactiva en relación con la pobreza infantil.
  • Una garantía de ingresos inclusiva y atenta a la diversidad, en la que no haya discriminaciones de ningún tipo y, especialmente, en la que no haya discriminaciones relacionadas con el origen de las personas.

Se trata de una bandera social potente y realista que, seguramente, dejará parcialmente insatisfechas a muchas personas (por razones seguramente opuestas) pero que merece la pena. Debemos abandonar lenguajes sofisticados y burocráticos y abanderar medidas concretas que hagan sentir a la gente para qué le sirve la política. La erradicación de la pobreza es posible, es necesaria, es económicamente rentable, es humanamente indispensable.

(Fragmento de una aportación para el blog de la Fundación Hugo Zarate, basado en notas elaboradas para el partido socialista.  Se puede ver la entrada completa aquí o descargar de fantova.net aquí).

Gizarte zerbitzuen behar historikoa

Marea naranja

Gure gaurko eta, bereziki, biharko gizarteak gizarte zerbitzuen behar berezi bat du. Zergatik? Gure gizartean, oso modu azkar eta bizian ari dira areagotzen bizi-zikloaren zenbait unetan eta egoeratan laguntza pertsonala jasotzeko beharrak eta, era berean, oso azkar ari dira eraldatzen familiako eta komunitateko harremanak (orain arte askotan laguntza hori eman dutenak). Gizarte-zerbitzuen finantziazioa bermatzeko eta handitzeko, beharrezkoa da erakundeen eta gizarte eragileen arteko akordio bat lortzea. Eta horretarako udaletxeen izango duten zeregina argitu eta finkatu behar da (Estatu mailan onartu den legeari erantzunez).

Komunitate-ikuspegia duten zerbitzuen aldeko apustu berezia egin behar da, familiako eta komunitateko laguntzaren eta profesionalen esku-hartzearen arteko sinergiak sustatzeko gai dena. Gizarte zerbitzuek guztiz estrategikoak dira zaintzen krisiari erantzun kolektibo bat emateko. Bai zaintzen zati bat behar den moduan profesionalizatzeko eta bai familiako eta komunitateko zaintzei babesa emateko. Pertsona bakoitzak bere bizimoduaren diseinuari eta jasoko dituen prestazioei buruzko aukeraketak egiteko duen eskubidea erabili ahal izateko, beharrezkoa da zerbitzu profesionalak eskura izatea.

Gizarte esku-hartzeak eskuragarri dauden ebidentzietan oinarrituta egon behar du, kontuan hartu behar ditu erreferentziazko komunitate zientifiko eta teknikoak ikasitako eta adierazitako jardunbide eta ikasbide onenak eta ikerketa, garapena eta berrikuntza sustatu behar ditu. Ezagutzaren kudeaketaren estrategia garrantzitsua da gizarteak baloratuko dituen gizarte zerbitzuak garatzeko eta eraikitzeko. Mendetasunari buruzko Legea eta gure Gizarte zerbitzuen Legea onartu zirenean geneukan ilusioa eta indarra berreskuratu behar dugu, gizarte zerbitzuak inoiz baino beharrezkoagoak dira eta.

Dokumentu berriak: fantova.net/Bestelako dokumentuak/Gizarte esku-hartze eta zerbitzuak