Innovación contracultural en la atención a mayores

Podríamos denominar “crisis de los cuidados” a una de las facetas o dimensiones fundamentales de la crisis sistémica o cambio de época que podemos estar viviendo en este paso del siglo XX al siglo XXI. Tiene que ver con una red de fenómenos: Por un lado la transición demográfica relacionada con el aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población en todo el mundo (que, al menos de momento, está suponiendo un aumento de las situaciones de enfermedad crónica y limitación funcional). Por otro lado la progresiva superación de la llamada división sexual del trabajo en un contexto de reconfiguración de los tamaños, estructuras, dinámicas y modalidades familiares y convivenciales, con la consiguiente disminución radical de la disponibilidad familiar y comunitaria para el cuidado cotidiano (al menos a día de hoy).

Esa crisis de los cuidados, unida a otros fenómenos de esta época de la globalización (migraciones, individualización, mercantilización, consumismo, políticas de recorte…) convierte en cada vez más obsoleto e insostenible el sistema político y organizativo clásico de nuestros Estados sociales, cuyas principales herramientas (pensiones contributivas y sanidad universal orientada a los procesos agudos) son incapaces de hacer frente, tal cual, a los nuevos retos.

Ello nos obliga a procesos de innovación técnica, social y política para imaginar, diseñar, desarrollar, experimentar y extender formas cada vez más sinérgicas y sostenibles de dar respuesta colectivamente a las necesidades de apoyo cotidiano que cada vez más personas mayores (y otras) presentan en nuestra sociedad.

Gizarte zerbitzuak

La estrategia debiera conducir a medio plazo a conseguir superar la dicotomía casa-residencia que en este momento preside las decisiones (o las no decisiones) de muchas personas con limitaciones funcionales para el desenvolvimiento cotidiano en un momento de su vida, gracias a una reorganización de la vida comunitaria consciente de la masa crítica de personas (empezando por todas las personas hasta cierta edad) que necesitan apoyo personal para su desenvolvimiento cotidiano.

En cualquier caso hemos de ser conscientes del carácter profundamente contracultural y perturbador de cualquier estrategia o agente que pretenda construir una comunidad que asuma consecuentemente la dignidad de la vida humana en su vulnerabilidad y que construya una cultura, una economía y una política al servicio de la sostenibilidad de esa vida, sin discriminar a las personas en función de su edad, capacidad funcional, disponibilidad económica o densidad de su red familiar o comunitaria de apoyo. Seamos conscientes del carácter profundamente contracultural y perturbador de la afirmación de la vida, de la cultura de la vida alargada, del reconocimiento de los dividendos demográficos entendidos como el inmenso valor agregado que conseguimos en nuestros proyectos vitales más prolongados.

Próximamente texto completo trabajado con Zahartzaroa (jueves, 30 de enero de 2014) en fantova.net

Sobre acompañamiento social y autonomía personal

El hecho de que hablemos de acompañamiento social y utilicemos dicho concepto para comprender e impulsar algunas de nuestras prácticas en el ámbito de la intervención y políticas sociales encontraría sentido, quizá, en un proceso, no exento de contradicciones y retrocesos, de giro relacional en la intervención y, específicamente, en los servicios sociales, en los que éstos se pudieran estar orientando, al menos en cierta medida, a necesidades sociales relacionadas con la autonomía funcional y la integración relacional, potenciando su valor añadido específico como servicios personales y reubicando los aportes materiales (como el alojamiento) o las prestaciones económicas como auxiliares y complementarias de la relación de ayuda, que debiera ser central.

En ese marco podríamos hablar de acompañamiento social para referirnos a una relación de ayuda y seguimiento de cierta estabilidad y continuidad que no estaría centrada en el cuidado físico o asistencia personal y para la que, por otra parte, no sería exigible una formación universitaria (como puede ser la de la educación social). Diríamos que el acompañamiento social desencadena aprendizajes (es decir, tiene una dimensión educativa) pero ese no sería su objetivo o dimensión principal, que más bien tendría que ver con la ayuda y referencia para la toma de decisiones, el desenvolvimiento personal, el acceso a recursos y la construcción de vínculos.

Acompañamiento

Hablar de acompañamiento social nos sirve para denominar y visibilizar una serie de actividades (o a una dimensión o ingrediente de muchas actividades) muy propias y típicas de los servicios sociales y también útiles en otras ramas de la acción pro bienestar como las relacionadas con el empleo, la vivienda, la sanidad, la garantía de ingresos… Hablar de acompañamiento social, por otra parte, tiene la ventaja de que no nos remite a ninguna profesión, disciplina o cualificación en particular. Nos sirve para referirnos a determinadas interacciones que mantiene un trabajador social en entrevistas de seguimiento posteriores a su diagnóstico y prescripción. Nos sirve para referirnos, al menos en alguna medida, a la labor que realiza una monitora en un programa de vivienda con apoyo. Nos puede servir para referirnos a lo que hace un educador de calle en un programa de desarrollo comunitario… O para algunas labores de una psicóloga en un servicio de apoyo a familias… Y así sucesivamente…

Posiblemente las prácticas y experiencias de acompañamiento social resultan especialmente interesantes como herramienta para operativizar las intenciones de las personas responsables de intervenciones y políticas sociales de respetar y promover la autonomía personal y capacidad de elección y decisión de todas las personas, a la vez que nos ayudan a prevenir y corregir dinámicas paternalistas o asistencialistas generadoras de dependencia y cronificación en los procesos de exclusión social.

Enlace a documento completo.

Crisis económica y enfoque comunitario

Posiblemente la crisis económica e institucional que estamos viviendo en estos últimos años puede ser comprendida de manera mas útil si la vemos como una manifestación o una mutación de un proceso de cambio que lleva en curso varias décadas y que está poniendo en cuestión las economías sociales de mercado o las sociedades capitalistas del bienestar en las que, por estos lados, vivimos.

En ese contexto, la aplicación de un enfoque comunitario en las políticas sociales alcanza un carácter estratégico e incluso civilizatorio en la medida en que permite a las instituciones y los profesionales contribuir mejor a la coproducción de bienes relacionales en las redes familiares y comunitarias, bienes relacionales indispensables e insustituibles para la calidad de vida y el bienestar social que, del mismo modo que lo hace el mundo del empleo o la legitimación de los poderes públicos, se están viendo afectados de forma importante en esta crisis profunda de la que hablamos.

Gamonal

Esta crisis es, también, crisis de los agentes o de los sujetos que han construido esas economías sociales de mercado o esas sociedades capitalistas del bienestar. Esas mayorías de trabajadores varones autóctonos socialmente incluidos con el soporte del ejercito invisible de mujeres cuidando en familias de estructura tradicional ya no tienen masa crítica para que bascule sobre ellos el modelo o el contrato social. Y uno de los lugares fundamentales por las que ese modelo social hace agua es precisamente por los mecanismos de reproducción del tejido relacional solidario que constituye uno de los factores indispensables de cohesión social.

El Estado de bienestar con sus dispositivos protectores tradicionales (la sanidad pública, los sistemas de pensiones…), más allá de que esté siendo recortado de forma rechazable en algunas de sus prestaciones, padece limitaciones y disfunciones sistémicas que nos obligan a pensar más en clave de innovación transformadora que de crecimiento inercial. Y no es posible esa transformación sin procesos tractores en clave de empoderamiento comunitario, de fortalecimiento de los vínculos y espacios y tiempos para lo común.

Quienes trabajamos en las políticas y servicios públicos debemos saber que las condiciones demográficas, familiares, económicas, laborales, relacionales, morales o electorales que permitieron la construcción del Estado de bienestar y las democracias inclusivas se están modificando de forma dramática y que se nos pide en buena medida reinventarnos para entablar nuevas formas de conversación profesional e institucional con la comunidad.

Documentos en fantova.net/Documentos propios/Desarrollo comunitario y sector voluntario

Gizarte zerbitzuen eredu berri bat eraikitzen

Gizarte zerbitzuak 2

Gizarte zerbitzuen egitekoa pertsona batek modu autonomoan bizitzeko duen ahalmenaren eta pertsona hori familia- eta komunitate-arloan integratzearen artean dagoen orekari erantzutea da.

Gizarte zerbitzuen sektorea da, zalantzarik gabe, gure ekonomian enplegua sortzeko ahalmen handiena duena une honetan. Agenda bera dira enplegua sortzeko agenda eta gizarte zerbitzuak garatzeko agenda. Agenda horren funtsezko ardatza pertsonak zaintzeko eta laguntzeko egiten diren hainbat lan azaleratzea, duin bihurtzea eta kualifikatzea da.

Bestalde, gizarte zerbitzuei eman nahi diegun etxez etxeko ikuspegia eta ikuspegi komunitarioa guztiz bat dator etxebizitza politikak, osasun zerbitzuak eta gizarte zerbitzuak koordinatzeko egin behar den planteamenduarekin. Gure gaurko eta etorkizuneko gizartean, osasun zerbitzuak eta etxebizitza politikak ezin dira ondo planifikatu gizarte zerbitzuekin koordinatzen ez badira.

Gaur egun bizi dugun egoera ekonomiko zailaren ondorioz, komenigarria da zuhurtziaz eta adimenez jokatzea ongizate sistemaren garapen berriei ekiterakoan. Hain zuzen ere, horrexegatik gizarte zerbitzuen garapena, eredu propioa izanik, gure ongizate sistemak behar duen berregite eta sendotze prozesurako aukera eta bide ederrak eskaintzen ditu.

Dokumentazioa: fantova.net/Gizarte esku-hartzea eta zerbitzuak.