Desafíos y futuro de las personas con discapacidad

La mirada predominante y el modelo de atención realmente existente para el abordaje del fenómeno de la discapacidad no tiene suficientemente en cuenta, a mi entender, la realidad de la discapacidad hoy en día en nuestro entorno. Me explicaré.

Desde mi punto de vista, esa mirada e intervención están, básicamente, estructuradas desde el modelo clásico de bienestar, construido en los países occidentales, básicamente, en la segunda parte (o, en algunos casos, en las últimas décadas) del siglo XX. Ese modelo se apoya en la división sexual del trabajo y en la pretendida excepcionalidad (y, en general, brevedad) de algunas contingencias (enfermedad, desempleo, discapacidad, jubilación…), para las cuales se prevén unos dispositivos protectores.

Sin embargo, es en buena medida el éxito de ese modelo el que modifica la sociedad a la que respondía, de suerte que, para empezar, se aumenta el número y se modifica el perfil de las personas con discapacidad (al alargarse de forma importante la esperanza de vida pero no en la misma medida la esperanza de vida libre de discapacidad).  Tomo una sencilla tabla del Instituto Nacional de Estadística que relaciona discapacidad y edad:

Discapacidad

Por otro lado, fenómenos como el descenso de la natalidad, el cada vez mayor acceso de las mujeres al empleo remunerado, la facilitación de la movilidad geográfica y el incremento de las migraciones u otros fenómenos sociales modifican de forma importante la disponibilidad y caracterización de los apoyos familiares y comunitarios que podemos tener las personas cuando tenemos limitaciones funcionales más transitorias o más permanentes. La conjunción de estos fenómenos ha recibido por parte de la economía feminista el nombre de crisis de los cuidados, una crisis que en buena medida resulta invisible, por diferentes factores en los que no podemos detenernos ahora.

Por decirlo en pocas palabras, creo que estas realidades que acabo de describir, conjuntamente, nos deben hacer ir superando la visión de la discapacidad como fenómeno minoritario que afecta a un colectivo que, como tal, debe ser objeto de atención especializada (por parte, fundamentalmente, de los servicios sociales, que en este modelo se entenderían como servicios para colectivos pretendidamente especiales) y avanzar en una visión de la limitación funcional y la consiguiente necesidad de apoyo como un fenómeno mucho más central y constitutivo de la vida humana de todas las personas (actual o potencialmente) y como eje vertebrador de la organización de la vida comunitaria, de la estructuración de las políticas, de la vida económica y, en definitiva, de la sociedad. Dicho con brevedad y abierto, lógicamente, al debate.

(Esta es, aproximadamente, la primera parte de la intervención preparada para la jornada de EDEKA, coordinadora vasca de representantes de personas con discapacidad, del 29 de noviembre de 2013. Texto completo, desde ese día, en Mis documentos/Discapacidad y diversidad, en esta web, fantova.net.)

Desarrollo tecnológico e innovación sociosanitaria

El 22 de noviembre de 2013, el Grupo Servicios Sociales Integrados y Tecnalia organizó una jornada sobre atención a personas con limitaciones funcionales en el entorno domiciliario mediante el uso de tecnologías avanzadas de la información y la comunicación.

Reflexionamos sobre la centralidad que los cuidados cotidianos de las personas van adquiriendo en nuestro modelo de sociedad y de bienestar y la necesidad de reorganizar la vida comunitaria y los apoyos profesionales para la sostenibilidad de la vida, de la vida de todo el mundo, pues todas las personas podemos planificar nuestra vida contando con la realidad o la eventualidad de tener necesidad de ayuda personal de cierta intensidad (nosotras o personas con las que tenemos vínculos familiares o comunitarios) ahora o en el futuro.

Para organizar los apoyos (relacionales, sociales, sanitarios, domésticos…) que podamos necesitar, una de las claves de presente y de futuro es la incorporación de diferentes avances tecnológicos, en el terreno de la comunicación, de la domótica… Avances que mejoran nuestra calidad de vida y facilitan la integración de la atención procedente de diferentes sectores de actividad y, específicamente, sistemas públicos de servicios. Concretamente la integración sociosanitaria.

Intentamos analizar algunos obstáculos que están dificultando la incorporación de estas mejoras en algunos casos: la asimetría entre los servicios sociales y la sanidad, la insuficiente claridad en las reglas del juego en un momento de ataques y convulsiones en el sistema de bienestar…

Intentamos analizar cuánto hay de promesa y de realidad en esos avances tecnológicos, intentamos ver en qué medida hablamos de innovación tecnológica o innovación social, si la clave está en lo tangible o lo intangible…

Y pusimos en valor la iniciativa de organizaciones que trabajan desde la economía alternativa y solidaria, desde el cooperativismo y la proximidad, por una nueva cultura de los cuidados y por la sostenibilidad de la vida.

Esquema en: Mis documentos/Cuestiones y políticas sociales.

Comunidad, participación, salud y bienestar

Hablar de comunidad es hoy más necesario que nunca precisamente por la manera en la que la crisis del modelo de bienestar está afectando a las comunidades realmente existentes. No apostamos por la comunidad porque presenten una gran vitalidad los cuidados familiares, la convivencia vecinal, la participación ciudadana o el compromiso cívico, sino por una mezcla de debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades al respecto.

El enfoque comunitario es aquel enfoque que busca potenciar las sinergias entre intervención profesional y lazos familiares y comunitarios.

El sector sanitario es uno de los sectores de actividad con mayor impacto en el bienestar de la población. Ahora bien, no es el único, pues tan importante como el bien que protege y promueve el sector sanitario (la salud), son los bienes que protegen y promueven otros sectores de actividad.

El enfoque comunitario ha de aplicarse, primero y principalmente, en la atención individual que se presta en el sector sanitario. Lógicamente, también en otras actividades o actuaciones que se realizan en el sector sanitario (incluidas, lógicamente, aquellas que más fácilmente nos vienen a la cabeza cuando pensamos en lo comunitario: consejos de participación; mesas de coordinación; actividades de promoción, educación, sensibilización; eventos lúdicos y festivos; utilización de las redes sociales de Internet…).

Para la coordinación, convergencia e integración de la actuación de las unidades organizativas del sistema sanitario público (y del sistema como tal) con unidades, organizaciones o en general, agentes de otros sistemas y sectores (servicios sociales, servicios educativos…) es fundamental entender y visualizar adecuadamente la misión, la estructura, la lógica y la agenda de los otros sistemas y sectores.

El reconocimiento del sistema público de servicios sociales como otro sistema cuyo bien protegible (autonomía funcional e integración relacional) es tan valioso como la salud es un requisito previo para una verdadera coordinación sociosanitaria. El sistema de servicios sociales es, como el sanitario, para toda la gente (no es un sistema residual o de último recurso para supuestas minorías).

El enfoque comunitario lleva a las y los profesionales de la salud a comprender cada vez mejor la manera de alcanzar la salud en coordinación con la comunidad y otros agentes y la manera en que la salud es una parte de una meta común y compartida con otros sectores que llamamos bienestar.

(Hasta aquí algunas de las ideas clave de una conferencia para la III Jornada sobre Participación y Actividades Comunitarias en Salud, Mieres (Asturias), 21 de noviembre de 2013. Resumen en esta web: Mis documentos/Desarrollo comunitario y sector voluntario.)