Promoción infantil y juvenil y cohesión social

Pere

Una sociedad cohesionada es una sociedad con una tupida red de relaciones primarias familiares y –en general– comunitarias, de vínculos entre personas que nos queremos o que nos reconocemos al cruzarnos en la calle o en Internet. Una sociedad cohesionada es aquella en la que las personas se agrupan libremente y se organizan solidariamente de forma activa y participativa. Una sociedad cohesionada es una sociedad en la que existen mecanismos eficaces para disminuir las desigualdades en lo relativo a la capacidad de compra de bienes y servicios en los mercados. Una sociedad cohesionada es aquella en la que tenemos garantizados por las políticas públicas una serie de derechos tanto civiles y políticos como sociales. Una sociedad cohesionada comparte un común denominador de valores éticos en una diversidad de identidades.

Por todo ello son diversas e interconectadas las líneas de fractura de los contratos sociales que nos constituyen como sociedad cohesionada. Y esas líneas de fractura diversas e interconectadas nos rompen y destruyen de diferentes maneras. En esta época sentimos con fuerza que se ahonda la grieta de la desigualdad económica y la discriminación a la hora de disfrutar de bienes como el empleo, la salud, la vivienda o la educación. A la vez, sabemos que esa brecha excluye más a mujeres que a hombres, más a menores o jóvenes que a adultas o mayores, más a personas que tengan mayores limitaciones funcionales o red comunitaria, más a personas que viven en países empobrecidos (o salen de ellos) que a personas instaladas en países centrales en la globalización.

En este contexto necesitamos cada vez más al Estado (a los poderes y administraciones públicas) como un gestor de la complejidad que debe ser capaz de expresar e implementar una oferta creíble de contrato social. La indignación surge en buena medida ante la percepción de intereses espurios e ineficiencia funcional en quienes gobiernan y gestionan lo público. Y ante la falta de esa oferta creíble, algunos movimientos sociales –en buena hora y en nombre del bien común– se han convertido en amenaza creíble para minorías extractivas enquistadas en los centros de poder. Asistimos a nuevas y estimulantes oportunidades de encuentro ente la capacidad de renovación de la política que surge de los movimientos sociales y la insoslayable necesidad de pericia técnica en el gobierno y la gestión pública desde el poder.

Sin embargo nos encontramos ante la paradoja de que los espacios y procesos de la promoción infantil y juvenil (animación sociocultural, ocio socioeducativo) –que fueron cantera de tantas personas con responsabilidades políticas o líderes de movimientos sociales– se mueven muchas veces entre la insignificancia y la mercantilización, sin encontrar bien su sitio –ni en el marco de las políticas públicas ni en el de la iniciativa social– cuando la necesidad de desarrollo estimulante, socialización igualitaria, aprendizaje participativo y concientización ciudadana que les da sentido están más presentes que nunca. Quienes tanto debemos a las iniciativas de promoción infantil y juvenil tenemos una deuda con ellas, deuda que no es sino una parte de la deuda que –lamentablemente– hacemos creer cada día con las niñas, niños, adolescentes y jóvenes de nuestro país y del mundo.

Sobre todo esto conversaremos los días 16 y 17 de septiembre en el seminario internacional sobre “La investigación en ciencias sociales para la mejora de la sociedad: tiempo libre, acción sociocultural y cohesión social”, organizado en Barcelona por la Universitat Ramon Llull (más información pinchando aquí).