Una teoría del cambio social (nada menos)

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En el principio está la relación interpersonal. Aunque yo me percibo como individuo y, filosóficamente, he recibido la herencia cultural de que el ser humano individual es la medida de todas las cosas, a la vez, constato que ese agente humano es social. Ese ser que nace sólo puede devenir humano mediante la interacción, mediante la participación en sistemas sociales, aunque sea el sistema social más primario, más básico, como el que, por ejemplo, un padre forma con su hija cuando ésta nace.

En esa relación entre progenitor y criatura, por ejemplo, imagino que me comunico con mi hija con la intención de que deje de llorar: busco un cambio. Realizo una actividad, consistente en cantarle suavemente, con dicha finalidad. Y lo consigo. Ese cambio que he logrado, es decir, que el bebé deje de llorar, hace más probable que, si llora de nuevo, yo vuelva a realizar la misma acción y a conseguir, seguidamente, el mismo resultado, de suerte que lo que hemos definido como cambio, se convierte en circularidad, en estabilidad. Si miramos la actividad una vez, linealmente, el paso de llorar a no llorar es un cambio. Por el contrario, si miramos la reiteración o recurrencia de esa actividad, ya estructurada, como patrón estable, el hecho de que la criatura pare de llorar es, justamente, el no-cambio.

Para entender las dinámicas de cambio y estabilidad, por tanto, hay que entender los niveles de complejidad y las propiedades emergentes. Una gran familia de cuatro generaciones es más compleja que la díada progenitor-criatura que estuvo en su origen y tiene unas propiedades  distintas. Una empresa multinacional, creada por esa familia imaginaria, es más compleja que el primer taller que la originó y tiene características distintas, que han emergido en el proceso de configuración de esa organización. Y así sucesivamente, recurrentemente.

En ese devenir, todo contenido comunicado por una acción lleva implícita una propuesta de (una estructura de) relación. Toda actividad reiterada genera una estructura, un patrón. Parece que hay que entender que contenido y relación (o proceso y estructura) son dos caras de la misma moneda y que la estructura da forma a la actividad (y que la relación permea el contenido). Si Juan llega a mi casa, yo le puedo decir “bienvenido“ de una manera o con un tono que, evidentemente, signifique lo contrario que la palabra que he dicho. De igual modo, en un equipo de dirección, podemos aprobar un plan estratégico lleno de palabras como participación, empoderamiento, horizontalidad, colaboración o transparencia y, sin embargo, que la estructura de funcionamiento real de la organización signifique justamente lo contrario de lo que evocan esas palabras. Fines y medios, medios y fines.

Cada ser humano tiene un radio limitado de acción, es decir, puede ser más o menos competente y potente para desencadenar cambios, pero esos cambios sólo pueden llegar a ser grandes a través de las estructuras, de esas estructuras seriadas, emergentes y crecientemente complejas que venimos dibujando. Imaginemos que soy una persona que ansiaba grandes cambios en favor de las personas más pobres y que, de la ayuda personal a gente pobre cercana, pasé a la militancia organizada y, de ésta, a la acción política; pero, debido a la dureza de la actividad desarrollada, sentí la necesidad de comprarme una vivienda más confortable, en otra ubicación, lo cual, objetivamente, me alejó del contacto cotidiano con la pobreza. Es la paradoja: cuanto más lucho por las personas pobres más parezco alejarme de ellas.

Muchas voluntades de cambio se empantanan en esas trampas, en esas situaciones de “más de lo mismo” en las que acciones pretendidamente destinadas a desencadenar cambios, sin embargo, contribuyen a la estabilidad, a que nada cambie. Imagino que formo parte de una organización y deseo que ésta influya en su entorno comunitario, generando relaciones de confianza en la convivencia. Pero me exaspera percibir que las personas de mi organización no confían en las de la comunidad y les insto a que lo hagan. Les digo que me consta que se comportan en forma desconfiada con la ciudadanía y les aviso de que no lo voy a tolerar. Se dan cuenta de hasta qué punto las controlo, porque desconfío de ellas. Aprenden a desconfiar. Cuantos más esfuerzos hago para que confíen, más desconfiadas se vuelven. Mi influencia en ellas parece ir más a través de la estructura de nuestra relación que de los contenidos que les comunico.

Las relaciones entre niveles de complejidad son, a menudo, paradójicas. Por ejemplo, imaginemos que unas familias con personas con discapacidad constituimos una organización que consiguió contratar profesionales y promover cambios legales que, paradójicamente, parecen colonizar y destruir el mundo vital de las relaciones familiares, comunitarias y solidarias entre las personas (con y sin discapacidades). Esa experiencia de innovación social que representamos, en su día, ha cristalizado, quizá, con el paso del tiempo, como parte de un sistema establecido que se resiste frente al empuje vital de nuevas emergencias, retos, propuestas y prácticas.

Las estructuras permiten consolidar los cambios y dificultan los cambios. También son, sin embargo, estructuras de oportunidad para los cambios. Podemos dar comienzo a un efecto mariposa de iteraciones fractales o podemos intentar aprovecharlo, surfearlo, incluso influir en alguno de sus cursos de acción. Podemos participar en procesos de escalamiento y desescalamiento. Quizá todas seamos agentes dobles: de la estabilidad y del cambio. A veces, participando en cambios, logramos que todo siga igual. Otras, oponiéndonos al cambio, lo provocamos. En ocasiones, incluso, acertamos con las perspectivas, miradas, pensamientos, palabras, decisiones y acciones que contribuyen a cambios reales, positivos y justos.

(Remezcla de ideas tomadas de, entre otras, Paul Watzlawick, Ariadna Manent, Niklas Luhmann, Jorge Wagensberg, Gema Gallardo o Anthony Giddens. La imagen es de la serie “La chica del tambor”, basada en una novela de John Le Carré, sobre una agente doble.)

Cinco matrioshkas para el cambio social

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Cuando queremos idear e impulsar cambios sociales a mayor o menor escala, descubrimos tanto la autonomía relativa de los planos de realidad que encontramos y construimos en diferentes niveles de análisis como la compleja relación entre ellos. A continuación vamos a proponer cinco contextos encajados a modo de muñecas rusas (Urie Bronfenbrenner) y algunas de las correspondientes preguntas críticas que nos estamos haciendo hoy y aquí como agentes de la intervención social.

En el nivel del modelo social o modelo de sociedad, fundamentalmente, nos estamos preguntando por los arreglos entre el mundo de la vida y el mundo del sistema (Jürgen Habermas), es decir, entre la esfera comunitaria de los bienes relacionales y esferas como la mercantil o la burocrática. El feminismo ha logrado romper irreversiblemente el arreglo patriarcal entre ambos mundos (Yayo Herrero), pero: ¿seguimos apostando por la centralidad del mercado laboral como mecanismo para la inclusión social o trabajamos para legitimar procesos comunitarios en los que un número significativo de personas podamos funcionar e identificarnos sin empleo?

En el nivel del modelo de bienestar social y desarrollo territorial, nos preguntamos por el tamaño, la función y el diseño del Estado (Eloisa del Pino). ¿En qué ámbitos de actividad queremos que tenga el monopolio? ¿En cuáles queremos que sea un proveedor determinante? ¿En cuáles queremos que sea fundamentalmente un regulador? ¿Cómo gestionar la inercia que hace que las políticas sectoriales ganadoras (por ejemplo las pensiones de jubilación) se lo quieran llevar todo y alentar la innovación y el aumento de escala en políticas públicas emergentes (como la de servicios sociales)?

En el nivel 3 nos preguntamos por el modelo de servicios sociales. Suponiendo que se apueste por los servicios sociales como uno de los pilares del sistema de bienestar (Manuel Aguilar): ¿Alcanzarán un posicionamiento universal como encargados de velar por la autonomía y autodeterminación de las personas en la vida diaria con relaciones primarias cotidianas de carácter familiar y comunitario (interacción)? ¿Conseguirán la iniciativa social y la economía solidaria un papel diferenciado y sinérgico en el sector de los servicios sociales superando su dinámica de fragmentación y segregación de colectivos vulnerables?

En el cuarto nivel de análisis de la realidad para el cambio social nos preguntamos por el modelo organizativo en los servicios sociales y en otros sectores de actividad y, específicamente, por fórmulas innovadoras y eficientes de integración (Ester Sarquella) vertical y horizontal de los procesos de trabajo. ¿Cómo se integran intrasectorialmente las estructuras diferenciadas para conseguir abordar los problemas y desafíos tan macrosocialmente o tan microsocialmente como sea pertinente? ¿Cómo se integran intersectorialmente las actividades e intervenciones, de modo que las personas encuentren tanto la respuesta especializada que esperan como la continuidad de la atención que necesitan?

En el nivel más micro nos encontramos con el modelo de intervención social (Joaquín García Roca): ¿Es posible un modelo que incorporare tanto la dimensión preventiva como la asistencial? ¿Puede la intervención social, a la vez, digitalizarse y recuperar el territorio? ¿Será capaz de atender personalizadamente a la complejidad de las necesidades individuales y a la construcción de relaciones significativas y equitativas en la diversidad comunitaria en dimensiones como la de género, la generacional, la funcional y la cultural? (María José Aguilar) ¿Seremos capaces de construir una comunidad de práctica y de conocimiento para la intervención social a la altura del reto histórico que tenemos delante?

(Entrada inspirada por una conversación mantenida con compañeras y compañeros de las Comisiones Obreras de Euskadi. Sobre estas cuestiones hablaremos el 5 y 6 de noviembre en un curso en Castellón, el 7 con la cooperativa Servicios Sociales Integrados, el 8 en Provivienda y en una jornada comunitaria en la Universidad Complutense de Madrid y el 9 en el congreso de Eusko Ikaskuntza.)

Procesos sociales, sujetos políticos e instituciones transformadoras

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Las instituciones públicas y el poder político, en nuestros sistemas democráticos, son un lugar fundamental, aunque no el único, para diseñar y desencadenar cambios sociales estructurales favorables a la justicia social y el desarrollo humano. Sin embargo muchas de nuestras conversaciones y aprendizajes parecen conspirar para oscurecer y entorpecer los mecanismos a través de los cuales podríamos influir en dicho lugar o acceder a él. De suerte que lo que al final hacemos, muchas veces, es dejar expedito el camino para que otros intereses y agentes ocupen o controlen dichos lugares estratégicos. Lo cual, dicho sea de paso, puede acabar resultando una posición cómoda.

Sin embargo, es una evidencia reiterada que, en determinados momentos y circunstancias, se abren valiosas oportunidades para que nuevos o interesantes agentes y agendas se abran paso hasta lugares en los que se pueden tomar decisiones y activar resortes de alto impacto en la calidad de vida de la ciudadanía y especialmente de aquellas personas a las que estructuras injustas han coartado más oportunidades vitales. No hay que ir muchos días hacia atrás en la lectura de los periódicos para comprobarlo.

Ahora bien, para aprovechar esas oportunidades, para llegar a ejercer el poder político desde las instituciones públicas a favor de la vida de las personas que más necesitan de ellas, hay que llegar a ese lugar con un relato coherente, conocimientos suficientes, capacidad de gestionar el conflicto, y un buen manojo de relaciones y alianzas en red. Todo eso sólo se logra mediante la participación en procesos sociales capaces de partir del territorio y de las necesidades de las personas y, como las mareas, ir subiendo hasta llegar a los centros de poder y empaparlos con intensidad.

A alguien le tocará el liderazgo, alguien pondrá cara a proceso transformador, alguien hará ondear la bandera en la cumbre. Pero, si esas personas no pierden la lucidez, sabrán que sólo la participación de muchas y muchos en las cordadas y escaladas que les llevaron hasta allí y sólo la continuidad de su complicidad activa harán posible su labor y su impacto. Queda para otro día preguntarnos en qué medida y en qué sentido sirven los partidos políticos para todo esto.

(Artículo publicado aquí en begirada.org)

Un esquema para analizar nuestro contexto social

Red de fenómenos

En la imagen se intenta representar un análisis o relato que identifique y articule los principales fenómenos o cambios que configuran nuestra época y que han de ser tenidos en cuenta como contexto para el diseño de las políticas sociales y de las intervenciones de los diversos agentes interesados e implicados.

Aquí puede descargarse el capítulo completo de Diseño de políticas sociales en el que se explica y desarrolla lo reflejado en la imagen, que ha sido retocada en el transcurso de los debates mantenidos en la República Dominicana en el marco del trabajo de sistematización del modelo de gestión del Plan Nacional de Alfabetización Quisqueya Aprende Contigo, de la Dirección General de Programas Especiales de la Presidencia de la República (DIGEPEP).

Se ofrece como aperitivo para el seminario sobre innovación social en políticas sociales previsto para el 7 de mayo en Sevilla en el marco de la Iniciativa Bitácula, impulsada por la Universidad Pablo de Olavide y la Mesa del Tercer Sector de Andalucía.