Sociedad en transformación, políticas familiares y servicios sociales

EHF

Estudios como la Encuesta de Hogares y Familias del Órgano Estadístico Específico del Departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco nos presentan la foto (necesariamente movida) de una sociedad en transformación en la que, junto a importantes segmentos poblacionales instalados en coordenadas de estabilidad laboral, seguridad económica, soporte relacional y protección social, se observa un incremento de los sectores de personas que padecen precariedad laboral y económica y, frecuentemente, una simultánea fragilidad en lo relativo a los lazos familiares y vínculos comunitarios.

Una sociedad que ya no es la sociedad industrial protegida por el Estado de bienestar tradicional. Una sociedad en la que el cambio tecnológico y la globalización generan una esfera económica y un mercado de trabajo con nuevas oportunidades, pero con un ascensor social cada vez más averiado por evidentes amenazas, muchas veces ya cumplidas: más para jóvenes que para mayores, más para mujeres que para hombres y más para inmigrantes que para autóctonas. Una sociedad en la que, venturosamente, nos desembarazarnos de determinados controles familiares y comunitarios y se diversifican nuestras trayectorias relacionales y convivenciales, pero en la que hay un 25% de hogares en los que sólo vive una persona y no más de un 25% en los que hay menores de edad. Una sociedad en la en la que la segunda mayor preocupación es la que tiene que ver con el cuidado de personas con limitaciones funcionales en el contexto de la fabulosa revolución de la longevidad.

En esta transición las políticas sociales tradicionales, cuya protección social es, cada vez más, víctima del efecto Mateo (a quien tiene se le dará), se revelan como crecientemente disfuncionales, injustas e insostenibles, ya que, por ejemplo, están contribuyendo a que el riesgo de pobreza infantil sea cuatro veces mayor que el de las personas mayores, según datos del SIIS sobre el País Vasco, donde, por poner otro ejemplo, las deducciones fiscales por razones familiares son cuatro veces superiores a las prestaciones familiares directas cuando de aquéllas sólo se benefician quienes, por tener más ingresos, hacen la declaración de la renta.

Es cada vez más urgente, por tanto, la introducción de un enfoque familiar y comunitario en las políticas públicas, de modo que éstas contribuyan a facilitar y fortalecer los nexos, cuidados, apoyos y redes relacionales que son imprescindibles para la cohesión social y para la sostenibilidad de la vida. Un elemento clave de esas políticas familiares y comunitarias será el fortalecimiento y renovación de los servicios sociales, entendidos como servicios universales para el cuidado y el apoyo de la autonomía de las personas en sus relaciones primarias. Unos servicios sociales y unas políticas familiares que deben contribuir intensamente a facilitar que podamos traer al mundo y cuidar adecuadamente tantas criaturas como deseemos; conciliar nuestra vida personal, familiar y laboral y construir relaciones intergeneracionales e interculturales de cuidado y apoyo satisfactorias y positivas.

(Sobre algunas de estas cuestiones hablaremos en la sesión organizada en Barcelona el martes, 13 de diciembre. Se puede leer un resumen, comentado, en prensa, del estudio citado en este artículo de Arantxa Aldaz.)

Política familiar o cómo hacer más relacional la política pública

Familia

¿Qué es hacer política familiar? En ocasiones pareciera que es, sin más, cuestión de dinero. Que se trata únicamente de incentivar económicamente la formación y el mantenimiento de familias. En algunas visiones, por otro lado, parece asumirse que hacer familia es hacer un determinado tipo de familia, como si la familia fuera patrimonio de unas ideologías políticas o cosmovisiones morales y no de otras. Queremos trabajar, sin embargo, para cuestionar y deconstruir estas visiones estereotipadas de la política familiar, que podríamos denominar, respectivamente, economicista y moralista (sabiendo que simplificamos la realidad para que quepa en una entrada de blog).

No. Queremos plantear que hacer política familiar es repensar y replantear el conjunto de las políticas públicas desde unos poderes públicos que, con sabiduría sistémica y humildad política, reconocen en las relaciones, vínculos, procesos y vivencias familiares un poder, una capacidad, unos aportes y un valor insustituible y fundamental para la calidad de vida, el bienestar y el desarrollo de las personas. Construyendo e implementando políticas familiares, el Estado reconoce sus límites estructurales y apuesta por facilitar y potenciar la vida familiar como esfera autónoma dentro del funcionamiento social.

No hablamos de un formato de familia sino del hecho nuclear fundante de la diversidad de familias, de ese universal antropológico que tiene que ver con el don, con el cuidado, con el apego, con un amor incondicional que no se contradice con la expectativa y educación de la reciprocidad, que no es intercambio. Ese núcleo duro relacional de la vida familiar y comunitaria no es propiedad de ningún partido o confesión ni privativo de ningún tipo de familia: es patrimonio de la humanidad. Es más, es, posiblemente, en última instancia, lo que define y construye la humanidad.

En Estado que hace política familiar podría ser visto entonces como un Estado que reconoce esa fuente de vida y que sabe que sólo puede producirse autónomamente en la esfera familiar y comunitaria. Un Estado que debe construir su derecho civil, su fiscalidad, su política de vivienda o sus servicios sociales pensando, entre otras cosas, en cómo preservar y fomentar la creación de ese valor añadido, de esos bienes relacionales, por parte de las personas en su construcción y despliegue familiar y comunitario. Claro que eso será, también, cuestión de dinero. Claro que habrá que debatir sobre valores y modelos familiares. Pero la política o el enfoque familiar y comunitario nos pide algo más radical y profundo: promover y proteger los bienes públicos de modo que se facilite y se potencie tanto como sea posible la producción y disfrute de los bienes relacionales.

(Pronto estará disponible la ponencia sobre política familiar preparada para las jornadas organizadas por el Ararteko, que desarrolla estas ideas.)