Consultoría en el acompañamiento a las políticas sociales y las organizaciones solidarias

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Cabe pensar en una práctica de la consultoría razonablemente independiente y reconocedora del pluralismo político e institucional que, a la vez, intente ser constructora de consensos y prácticas compartidas en una comunidad de aprendizaje en torno a unas determinadas áreas de acción y conocimiento; en nuestro caso, las que tienen que ver con las políticas sociales y las organizaciones solidarias.

Cabe pensar en una consultoría que toma como referencia y tarea la participación en una cierta red de personas y organizaciones con intereses y objetivos compartidos. Sería un tipo de consultoría complementaria y compatible con otras que no se sitúan en una comunidad sectorial, sino que atraviesan varias, quizá porque lo que pueden aportar es más universalmente aplicable, menos específico de un sector de actividad.

Cuando hablamos aquí de consultoría social, queremos hablar de consultoría para el diseño, construcción y evaluación de políticas sociales (que son políticas públicas) y también de apoyo a dinámicas sociales mediante las que relaciones comunitarias se transforman en organizaciones solidarias con significado e impacto económico y político. Una consultoría que, por nacer desde la práctica de la intervención y las políticas sociales, intenta realizarse, especialmente, en clave de acompañamiento recíproco, con cambio, desarrollo y empoderamiento de todas las partes participantes.

Quien hace esta  consultoría no está exactamente en la práctica cotidiana de los procesos operativos, de gestión o gobierno de la comunidad temática a la que dice pertenecer. Tampoco en los ámbitos académicos de referencia para dicho campo de actividad. Su papel sería quizá más intermedio e intermediario, uniendo ciencia y acción, contribuyendo quizá a la transparencia, trazabilidad, participación e inclusión de más personas y organizaciones en los procesos de mejora de las intervenciones y gestión del conocimiento.

Debiera caracterizarnos al hacer consultoría, en todo caso, el respeto por el terreno relacional, institucional y social que pisamos, al que accedemos, por invitación, como agentes externos y temporales. Debiéramos tener especial cuidado con los conflictos de interés y controlar nuestras agendas personales y profesionales. Y apostar siempre por una práctica basada en la evidencia cuyo horizonte ético se guíe por la autonomía, la inclusión y el bienestar de todas las personas.