El compromiso del conocimiento para la intervención social

Conocimiento

Quienes trabajamos en el sector de los servicios sociales o nos dedicamos a la intervención social queremos que nuestras prestaciones, actividades, apoyos y programas sean cada vez más conocidos y apreciados por toda la ciudadanía y que quienes toman decisiones políticas reconozcan en mayor medida el valor añadido que aportamos y podemos aportar para la calidad de vida de todas las personas en una sociedad avanzada. Perfilar y mejorar nuestro posicionamiento social y político es condición de posibilidad para que la ciudadanía obtenga el mayor beneficio de la inversión particular o pública que realiza en actividades de intervención social.

Ese reto de posicionamiento está, por cierto, inseparablemente unido, entre otros, al de la construcción del sistema de gestión de conocimiento en materia de intervención y servicios sociales. En esto podemos aprender de la experiencia de otros sectores de actividad que consiguieron fabricar y engrasar los engranajes articulados que caracterizan las redes exitosas de aprendizaje, es decir, la fluida cadena de valor que vincula a quienes hacen investigación básica o aplicada, quienes desarrollan tecnología, quienes difunden innovaciones, quienes hacen formación reglada, quienes sistematizan la práctica, quienes hacen intervención basada en la evidencia o quienes evalúan los servicios y políticas.

La interconexión rápida y rigurosa entre esos eslabones, la colaboración de los diversos tipos de agentes, la hibridación entre tipos de conocimiento o el diálogo entre disciplinas parecen ser características de las comunidades de práctica, de los ecosistemas cognitivos en los que florecen las buenas prácticas, los avances atractivos y, finalmente, ese aprecio por parte de la comunidad e impacto social universal que buscamos.

Cada una de las personas que trabajamos en los servicios sociales o que hacemos intervención social, cada uno de los agentes que, de una u otra manera, estamos relacionados con ese ámbito podemos asumir nuestra cuota de compromiso con la elevación del nivel de conocimiento compartido y utilizado en el sector. Seguramente no es algo que podamos encomendar a algunos de nosotros o a terceras personas. Sea cuál sea nuestro rol en el mundo de la intervención, siempre podemos y quizá debemos preguntarnos cómo potenciar nuestra contribución en el marco de una estrategia sectorial de producción y gestión del conocimiento.

Qué conocimiento para qué intervención social

Humberto Maturana y Francisco Varela afirman que “no prestar atención a que todo conocer es un hacer, no ver la identidad entre acción y conocimiento, no ver que todo acto humano, al traer un mundo a la mano, en el lenguaje, tiene un carácter ético porque tiene lugar en el dominio social, es igual a no permitirse ver que las manzanas caen hacia abajo”. Así nos ayudan a ver la dimensión ética y política del conocimiento, al compromiso que supone saber o no saber. Y nos empujan a preguntarnos por el tipo de conocimiento que resultará fértil en la intervención social.

Cabe decir, por ejemplo, que será un conocimiento híbrido y mestizo, lo que se justifica, de modo particular, por el hecho de que la viabilidad exitosa de la intervención social en sus procesos de diseño, implementación, gestión y evaluación depende en buena medida de su capacidad de articular lógicas muy diversas que, frecuentemente, empujan en sentidos contrapuestos: autonomía y prescripción, eficiencia e impacto, derechos y diversidad, persona y comunidad… Seguramente esto ocurre en cualquier campo de actividad que se enfrente a la complejidad de lo humano y lo social.

Y este carácter híbrido y mestizo del conocimiento en intervención social (como en otros campos) tiene que ver también con disciplinas, con métodos, con teorías y con áreas de interés diversas y diferentes en su grado de amplitud o especialización. Necesitamos aportaciones del trabajo o la educación social, del derecho, de la sociología, de la pedagogía, de las ciencias de la salud, de la ciencia de la administración o de la gestión, de la economía, de la psicología, la historia, la filosofía, la geografía, la estadística, de la ciencia política… Daniel Innerarity se refiere a los: “aprendizajes de segundo orden” o “reflexivos”. Se trata de aquellas transformaciones que cuestionan los criterios, los paradigmas y los marcos. Y constata que “las mayores innovaciones se producen en espacios híbridos de reflexión y acción”.

Donald Schön afirma que “el dilema del rigor o la relevancia puede ser resuelto si podemos desarrollar una epistemología de la práctica que sitúe la resolución técnica del problema dentro del contexto más amplio de una indagación reflexiva, muestre cómo la reflexión desde la acción puede ser rigurosa por propio derecho, y vincule el arte de la práctica, en la  incertidumbre y el carácter único, con el arte de la investigación del científico”. La responsabilidad para con la ciudadanía nos debe llevar a fortalecer redes de conocimiento que, necesariamente, habrán de atravesar las paredes de las universidades, de las organizaciones, de las administraciones, de los institutos de investigación…

Evidence based interventions

Hemos de enfocarnos en mayor medida hacia una intervención social basada en la evidencia; defender social y políticamente el rechazo a políticas y programas que no demuestren su eficiencia e impacto; denunciar las versiones obsoletas y los sucedáneos asistencialistas de la intervención social; construir cada día nuestra capacidad como agentes de la intervención social comprometidos con la construcción y la gestión del conocimiento.

Pronto nuevos documentos al respecto en fantova.net